Al relacionarme con los demás me quedo mudo

Al relacionarme con los demás me quedo mudo
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Hablar, en un constante monólogo, es un claro síntoma de soledad, de querer sentirse escuchado, de sentirse vacío y tener que llenar el aire con ruido y palabras, para que los otros escuchen o estén pendientes de nosotros. Muchas veces, el silencio es más poderoso e inteligente que las palabras. De hecho, las personas más reflexivas por su timidez lo que hacen es ESCUCHAR.

Escuchar, sin más.

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Al cabo de, pongamos, quince minutos, en la que la otra persona ha contado TOOOODA su vida y, en este caso tú, asientes, aseveras o preguntas nuevas cosas, ¿sabes la impresión que se lleva la otra persona? Que eres un gran interlocutor, que contigo ‘da gusto hablar’ y, cien por cien seguro, volverá a hablar contigo otra vez. Te buscará para contarte cosas.

Recuerda esto: A LA GENTE LE GUSTA SER ESCUCHADA.

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Bien, ¿qué consigues con esto? Me refiero a iniciar una conversación preguntando algo y disponiéndote a escuchar… Pues consigues aprender mucho, porque realmente de quien aprendemos todo lo que sabemos es de la gente. Todo lo que crecemos en los trabajos, todo lo que aprendemos de la vida, se lo debemos a lo que vemos y escuchamos de otras personas.

Ahí tienes el ejemplo del ‘Golosina’, el concursante sesentón de Supervivientes (no sé si lo ves, pero te cuento un poco). El Golosina es un tío, de condición homosexual, cuyo interés para con las amigas que tuvo no era el amor o el sexo, sino simple amistad, basada en ESCUCHAR. Era el confidente de personas como Lola Flores, artista reconocidísima en nuestro país. Pasó años y años únicamente escuchando alegrías y penas, metiéndose hasta la cocina de cada familia por donde pasaba. Hoy día es un señor mayor, muuuuy largo… o sea, que sabe muchísimo. Avispado, sabe perfectamente por dónde se anda y con quién, y sabe hacer las cosas para seguir siendo, en pocas palabras, feliz.

Con esto quiero decirte que hay amos y siervos, hay víctimas y verdugos, y hay habladores y escuchadores. Quizás tú seas un escuchador, al menos en esta fase de tu vida, y tras escuchar, tras aprender y tras tomar confianza con las personas gracias a todo eso que aprendas, te vuelvas un hablador.

¿Qué tal, entonces, si empiezas por escuchar? No te costará esfuerzo, y la gente te cogerá más aprecio que si no paras de hablar. Podrás dar pie siempre a las personas que te rodean a que empiecen a hablar, empatizando más con cada uno de ellos.

Empieza de esa forma, preguntando y esperando, y no temas jamás; quiero que recuerdes una frase: ‘no pienses nunca lo que las personas piensan de ti, porque están muy ocupados intentando averiguar qué piensas tú de ellas’.

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