El buen sexo también depende de nosotras

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A nadie escapa el que en las últimas décadas las mujeres occidentales estamos rompiendo moldes y de hecho, la falocracia, o dictadura del pene que ha regido durante siglos, está siendo cuestionada en muchos encuentros sexuales, pero no es cuestión de lanzar cohetes, ya que tampoco es menos evidente que en el modelo de sexualidad nos queda mucho terreno por recorrer a las mujeres.

Si echamos la vista atrás, vemos que nuestro deseo lleva siglos reprimido. Pensemos en esto, todos los niños saben qué es un pene, SU pene, y lo distinguen como su órgano genital y sexual. Sin embargo, a las niñas, erróneamente se les habla de la vagina como el órgano equivalente al pene de los niños. Pero de todas es sabido ya que “el clítoris -según lo manifestaron hace ya años los sexólogos Master y Johson-, es el único órgano humano que sólo existe para recibir y transmitir estímulos sexuales”. Es, por tanto, nuestro órgano sexual por excelencia, y sin embargo, las mujeres no le rendimos pleitesía a nuestro clítoris, ni lo tenemos tan mitificado, ni alardeamos tanto de él como lo hacen los hombres de su apéndice el pene.
Por eso, nuestra sexualidad, la de las mujeres, decenas de años después de nuestra supuesta liberación, continúa siendo más de ellos que nuestra.

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La herencia aún pesa, las creencias, pero las actitudes y formas de practicar el sexo deberían dar paso a un modelo de sexualidad menos encorsetado que antaño. Hemos ganado terreno, porque no estamos ante algo turbio, peligroso, prohibido. Es y debería ser una actividad placentera y liberadora para todo el mundo, sin distinciones. Pero esto no es así para todas las mujeres. Cuando nosotras nos soltamos la melena se evidencia, aunque no todas seamos capaces de reconocerlo, que no nos parece tan estupendo y no precisamente por falta de orgasmos -casi todas los tenemos-, sino porque las reglas del juego no siempre nos convencen.

No existe una sola forma de practicar el sexo y ninguna es mejor que las demás, y cada persona, hombre o mujer, es un mundo y debe buscar su placentera sexualidad en común, cuando mantiene relaciones. Sin embargo, los juegos preliminares y la cópula siguen siendo el modelo predominante, el patrón al que nos hemos ido amoldando las mujeres. Pero esto se puede mejorar y mucho. Claro que a las mujeres nos gusta echar un polvo, pero también nos gustan otras cosas, sobre todo cuando aprendemos y conocemos cómo es y cómo funciona nuestro cuerpo.

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Es obvio que a ellos ante los estímulos pertinentes, les suele resultar fácil tener una erección y tener a sus “soldaditos” listos y en formación. Así, el juego preliminar con la pareja es considerado por muchos el peaje que deben pasar para que sus soldaditos lleguen a su destino: pene dentro de la vagina. Pero eso suele durar, lo que dura, dura… como suele decirse… salvo cuando, por edad o circunstancias, ellos necesitan de un tiempo mayor de estimulación para conseguir la erección deseada.

Pero obviamente, hay muchas más formas de disfrutar del sexo juntos: El sexo oral, la masturbación mutua, la penetración con dedos para estimular el punto G, el uso de vibradores, esas otras formas con las que también podemos disfrutar y llegar nosotras al orgasmo, son relegadas en muchas ocasiones a la categoría de preliminares. ¿Por qué ese relegado papel y no pueden ser TODO cuando así lo deseamos?

Las mujeres, en contra de los que muchos chicos piensan, no somos complejas, ni misteriosas, ni tardamos más en llegar. Somos diferentes a ellos en el terreno sexual, ni mejores ni peores, y esa diferencia ha de asumirse, reconociéndolo y empezando por nosotras mismas. Debemos darnos permiso a nosotras mismas para vivir nuestra sexualidad de modo natural.
No olvidarnos de liberar la mente, nuestro cuerpo nos seguirá. Para conseguirlo debemos desprendernos de falsos mitos, de ideas preconcebidas, de inseguridades y de falsas liberalidades para no ser tachadas de mojigatas, incluso de un ideal de belleza que, en ocasiones, nos sigue esclavizando.

El sexo no es algo puramente instintivo, es una cuestión cultural, se aprende. Por lo tanto, chicas: aprendamos en nuestro favor. En primera y última instancia NO les hagamos responsables a ellos de nuestro goce cuando lo practiquemos en pareja, debemos ser responsables de nuestro propio placer, de la riqueza o de la pobreza de nuestra experiencia sexual. Somos nosotras las responsables de decidirles qué necesitamos, pedirlo y actuar e interactuar para lograrlo. Si no nos convence lo que sucede en la cama, hemos de saber pedir qué queremos y jugar según el día, las ganas y las preferencias de cada uno en cada encuentro.

Démonos cuenta de que a ellos también les pesa el papel que se les ha asignado, dando por sentado que: son unos pardillos si no tienen un curriculum de tropecientas mujeres con la que se han acostado; si el tamaño de su pene no es XL no son nada; jamás han de sentir inseguridad, miedo, vergüenza; siempre deben estar listos para el coito; deben estar dispuestos a todas horas y tener una buena erección a voluntad; deben resistir mucho y satisfacer por completo a su pareja.

Empeñados en dar la talla se obsesionan con nuestro orgasmo y lo toman como la única meta a alcanzar. De hecho, tras una relación sexual, es típico que muchos hagan la recurrente pregunta: ¿qué tal HE estado? Como si de la valoración inmediata de su pareja dependiese el hacerles sentir la satisfacción del “deber cumplido”.

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También es cierto que la mayor libertad sexual de la que gozamos las mujeres, ha confundido a los hombres. El cambio que se ha dado en los roles tradicionales ha generado muchos conflictos e insatisfacciones en ellos.

Chicas: sólo asumiendo y cogiendo las riendas de nuestra propia vida, sabiendo lo que realmente queremos y planteándolo claramente a nuestras parejas, podemos vivir nuestra sexualidad de acuerdo a nuestros propios deseos y sentimientos, y esa es nuestra responsabilidad.

En definitiva, el buen sexo no es algo que TE SUCEDE, sino algo que TÚ HACES QUE SUCEDA.

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