Cometí errores y no dejo de culparme por ello

Cometí errores y no dejo de culparme por ello
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Últimamente mucha gente me pregunta: “¿es que tú no has cometido errores?” Y mi respuesta siempre es: “y los sigo cometiendo”. Tengo errores, por supuesto, qué le voy a hacer. Soy un tío impulsivo, apasionado, más vecesde lo normal meto la pata, me puede la energía que tengo y llego a tensarme más de lo que debo; me lleno de rabia cuando, como ayer, veo que me han puesto una multa de 90 euros por aparcar en zona verde sin el distintivo… En fin, soy así.

El problema no es como yo sea, sino que existe el riesgo de que esas imperfecciones puedan resultarle a otras personas de mal gusto. Pero, ¿sabes qué? Que si yo no me gusto porque no les gusto a otros y cambio lo que soy para agradarles, acabaré convirtiéndome en lo que cada uno quiere que yo sea. Así que si uno quiere verme triste porque me tiene envidia y a otro no le gusta la gran nariz que tengo, tendré que cambiar mi personalidad y mi físico para agradarles. ¿En qué me convertiría eso?

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Ponme nombre tú.

Tu caso es el de una persona que se ha dejado manipular por los deseos y frustraciones de otras personas, y has acabado haciendo lo que ellos quisieron o culpándote de por vida por no haberlo hecho. Y a estas alturas sabemos perfectamente lo que ellos quisieron de ti pero, sinceramente, no tengo ni la más remota idea de lo que quieres tú para tu vida, lo cual significa que te quieres poco porque consideras que debe preocuparte más lo de los demás que lo tuyo propio.

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La diferencia, por tanto, entre una persona que se quiere y no cambia por los demás y otra que sufre por no agradarles, no es dejar de tener errores, que siempre se tendrán, sino DEJAR DE CULPARSE A UNO MISMO.

Cuando dejes de culparte al llegar a casa por aquello que hiciste o dijiste, comenzarás a vibrar en otra frecuencia, la frecuencia de que te aceptas por lo que eres y, por tanto, te querrás. Y cuando eso ocurra no habrá sentimiento de culpabilidad, ni dolor enquistado, ni rencor, ni actitud depresiva, ya que el Amor propio comenzará a florecer por todos los rincones de tu vida.

Prueba a dejar de culparte porque errores tenemos todos y, sinceramente, los tuyos y los míos, junto con los errores del que ahora lee estas líneas, están a la misma altura.

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