¿Cómo saber cuál es mi Expresión?

¿Cómo saber cuál es mi Expresión?
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Tal y como llevo trabajando desde 2004, como comento en mi libro y en mis talleres y sesiones de escénicaMente, la Expresión de una persona va más allá de sus circunstancias genéticas o personales. Es algo que, como dice netac, le acompaña desde que nace, y si dicha persona no la encuentra, será dicha expresión la encargada de manifestarse.

Es un poco como dice nuestro refranero: ‘la cabra tira al monte’.

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Conoceréis los casos de gente que sin haber nacido y crecido en un entorno enfocado a una tarea en concreto, esa persona se dirige inexorablemente hacia ese enfoque, con ese propósito, con esa EXPRESIÓN y, entonces, cumplir esa especie de ‘misión’ de forma sistemática. Eso provoca que todo lo aprendido, que toda la gente conocida, no sean más que apoyos que permiten vislumbrar el camino que una persona ha seguido. Comprobar cómo cada persona, cada situación, cada libro leído o cada palabra pronunciada ha llevado a una persona a un camino que le encaminaba a Ser como realmente Es.

Mira hacia atrás y date cuenta de que todo lo que te ha pasado hasta ahora, ha sido un camino fácil, y quizás tú has sufrido por alejarte de ciertas cosas que finalmente has vivido y de las cuales apartarte no te ha traído sino disgustos.

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Y he aquí lo curioso, paradójico o ‘polar’ de todo este asunto de la Expresión: si no hacemos caso a lo que realmente somos, a cuál es nuestra expresión, si damos de lado a nuestro propósito y nos enzarzamos en un trabajo que no deseamos o una pareja que no encaja con nosotros, será como si necesitando oxígeno para vivir intentamos respirar en otro medio, como es debajo del agua: las situaciones serán conflictivas, las personas anularán nuestra capacidad para ser felices, la Vida nos estará dando, continuamente, señales que nos insten a abandonar ese terreno (a salir fuera del agua y tomar aire), y cuanto más tiempo permanezcamos en ese círculo más sufriremos, peor salud tendremos, y más enfrentamientos personales cosecharemos.

Es lo que se explica en el capítulo de las zapatillas, esas que no son de tu número pero que tú te calzas, con las cuales entrenas y con las que te presentas a una más que infructuosa maratón.

Los resultados son catastróficos.

En definitiva, es muy valioso hacer caso al primer y único indicador de que nuestro propósito en la vida se está cumpliendo y es algo inequívoco: SER FELIZ. Haciendo cosas que te permitan ser feliz hará que vivas el presente al máximo, harás que tu energía vibre en armonía con el Todo con la cual está conectado, que esa vibración haga llegar a tu vida energía que vibra en la misma frecuencia y, por tanto, las situaciones, cosas y personas que llegan a ti sigan procurándote felicidad y tú la devuelvas a tu entorno para que llegue a otros.

Quizás es complicado dejar tus estudios, embarcarte en una nueva empresa, irte a otro país a vivir o romper con una pareja, pero todos los cambios que acometas para buscar tu felicidad se transforman en un cheque en blanco que la Vida extiende para ti, el cual te hará llegar todo lo que necesites para seguir siendo lo que realmente eres.

Al final, la conclusión que deberías obtener de tu camino es que lo difícil no está en dar cambios y arrojarte a una vida ‘diferente’, sino permanecer en el mismo camino duro de siempre, sin oxígeno, que la Vida no quiere que sigas y que tú te empeñas en perpetuar.

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