Si crees en ti, creerán en ti

Si crees en ti, creerán en ti
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Voy a hablarte de mi experiencia en mi relación con las mujeres, pero tanto si eres hombre como mujer busca el trasfondo de la lectura: la creencia en ti mismo o en ti misma para conseguir todo aquello que te propongas, y no únicamente relacionarte afectiva o sentimentalmente con el género opuesto.

Hubo un tiempo en el que a mí me daba pánico hablar con una mujer. Incluso con la que me parecía más normalita, más del montón, tenía problemas, y me parecía un auténtico triunfo entrarla e iniciar una conversación con ella. Me temblaban las mejillas, no sabía de qué hablar, me quedaba sin palabras, y en pleno acto de inferioridad social, soltaba alguna broma que, por lo general y para hacer alarde de mi estupidez, no había ni por dónde cogerla, y me ganaba el consecuente cabreo de la chica con la que hablaba ya que pensaba que la estaba tomando el pelo.

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Así me fue durante muchos años. Curiosamente, los años en los que más horas de gimnasio invertí, mejor vestido salía y más caro era mi perfume.

Hoy día, con 10-15 años más sobre los hombros, tengo muchas canas, alguna arruga, menos músculo y, por supuesto (y menos mal) una apariencia menos metrosexual. No me cuido demasiado, me arreglo lo justo, salgo de casa con unos vaqueros rotos, con gafas y el pelo sin peinar. Aseado y correcto, pero sin muchas florituras.

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¿Por qué te digo esto? Porque a pesar de que en su día me metieron por los ojos ciertos comportamientos a seguir, ciertos patrones, trucos para ligar, “frases abrelatas” y cuidado corporal cercano al perfil gay con tanto pecho brillante y cejas depiladas, descubrí que NADA de lo que otras personas me dijeron que hiciese podría dar resultado. Quizás les funcionaría a ellos, a los que se inventaron aquellas formas, incluso con menos intereses en la conquista podían dar resultado, pero tuve una amplísima y dolorosa gama de desencuentros con el mundo femenino que me frustraba, semana tras semana, y me llevaba a travestir un poco más mi apariencia, comportándome un poco más de una u otra forma con tal de llevarme algo al huerto.

Y, de repente, cambié. No hubo iluminación en mi camino. No hubo ningún gran logro. Dejé de preocuparme tanto por salir, comencé a leer más, escribir mejor y perder mi tiempo no tanto en conseguir mujeres sino en descubrirme a mí, que es lo único que le falta a todos esos que hacen cola para comprar esos horribles, opacos y parametrizantes tochos sobre seducción que venden en las librerías.

Empecé a pasar del mundo de la noche y comencé a divertirme. Salía para ver a la gente como lo que es, gente con sus defectos y sus virtudes; puse las noches en su sitio, en lo más bajo de la escala humana si se puede decir, porque el derroche de fachada y falsedad que se destila en un vertedero emocional tan concurrido como el pub que abre a las doce de la noche no puede ser tomado muy en serio.

Como te digo dejé de indagar en la mujer, en su comportamiento, en intentar ligar a toda costa, en no pensar que si no había sexo no había triunfo. Y así, con poquísimas relaciones a la espalda, tres o cuatro como mucho, y más de un patinazo, comencé a ESTUDIARME A MÍ, A QUERERME Y A VALORARME por encima de todos esos portentos de la naturaleza que salen noche tras noche a lucir coche, camisas de Gaultier y sonrisas llena de fundas.

Comencé a creer lo que me merecía: una mujer guapa a la que Amar, que manejara los mismos recursos que yo. O más. Pero esa, por ruidosa que te parezca, no es una petición. ES LO QUE YO ME MEREZCO. Yo me considero alguien de valor, moderadamente inteligente, buena gente, deportista, con un pasado a las espaldas, kilómetros en la mirada y un futuro al que sacar brillo ¿qué se supone que voy a pedir? ¿Alguien que no me guste, con quien no tenga mucho que ver, que no tenga aspiraciones, que no me guste mucho física ni, sobre todo, psicológicamente, pero hacer la vista gorda con tal de estar con alguien?

Pues… NO. Evidentemente, NO. YO me merezco LO MÁS. Supongo que muchos, esos que reprimen ese comportamiento por pensar que quererse es ser egoísta (que son las personas que, precisamente, sufren más por desgastarse por gente que no les corresponde), muchos pensarán que esto que digo es una actitud prepotente pero nada más lejos de la realidad. Busco lo que quiero para mi vida, lo que ofrezco, lo que sé que soy, Y VIBRANDO EN ESA FRECUENCIA SÉ QUE ENCONTRARÉ QUIEN, AL OTRO LADO, VIBRE EN LA MISMA FRECUENCIA.

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De esta forma he funcionado siempre en seducción: pasé de estar con chicas que no me atraían en absoluto y que no sé muy bien cómo les hice perder el tiempo (algo que todavía no me perdono) para estar con las mujeres que realmente quería tener. Esas mujeres que tú también deseas, probablemente. Y, sinceramente, eso es lo que llevo viviendo desde entonces. Todos, al relacionarnos, deseamos un estereotipo, una persona de la que enamorarnos física y psíquicamente. ¿Por qué pedir menos? ¿Para parecer más nobles? Es absurdo.

Una vez más: se trata de CONVICCIÓN. De CREENCIA. Hoy día sé que voy a entrar en un pub, en una exposición, en un bar o en un vagón de metro, y VOY A GUSTAR a esa mujer que a mí también me gusta, y SÉ QUE LO QUE LE DIGA TAMBIÉN LE GUSTARÁ, que va a querer hablar de nuevo conmigo, que hará lo imposible por quedar de nuevo, y que llegará a hacer lo que jamás hizo ninguna mujer conmigo hace diez o quince años: enviarme un e-mail, llamarme, adelantarse a mí. Sí, eso por lo que tantos se disgustan, esa actitud de ‘me da miedo llamar porque quizá no me responda’… eso ya pasó. Sé que ellas darán el paso, y así ha venido ocurriendo desde entonces.

Ellas comenzaron a interesarse, y entiendo que ocurra eso de esa forma porque sé que valgo esa fuerte apuesta, porque sé que lo que le voy a dar es valioso. Y te vuelvo a decir que yo no he tenido nada regalado, y he sufrido más que la media. Mi triunfo NO TIENE NADA QUE VER CON EL FÍSICO porque en mi mejor momento, cuando tenía mis 25 añitos, era un triatleta con mucha más planta que ahora que, con 36, ya no me recupero igual de una carrera o de una noche de copas. ¿Con qué tiene que ver entonces y que es realmente lo que ha cambiado? CON EL INTELECTO, CON MI CAPACIDAD PARA CREER LO QUE QUIERO TRANSMITIR, CON MI AUTOCONCEPTO.

Con la seguridad en mí mismo.

Cada vez que entro a empareja2 lo hago para hablarle a alguien de que le dé la vuelta a su forma de pensar, que deje su patrón negativo, que llore y destile la pena de su duelo, que tome fuerza para seguir adelante. Pero cuando entro a seducción veo siempre el mismo patrón: gente preocupada por ligar, por echarle el guante a no sé qué piba que ha conocido en no sé qué tienda o no sé qué macroconcierto, y CON LA QUE NO SE VE SALIENDO. Ni él mismo se cree nada. Pero en lugar de tirar del freno de mano y cesar en sus vanos intentos para comenzar a creer lo que él es, en lugar de preocuparse por fortalecer su autoconcepto, ¿qué hace? Sigue adelante preguntándonos ¿la llamo? ¿Qué le digo? ¿Y si no me escribe? ¿Le pongo algo en facebook? ¿Cuándo le doy un beso? ¿Y si no me atrevo a tener un contacto físico? ¿Y si no le gusto? ¿Qué puedo hacer para hacerla reír? ¿Y si está saliendo con otra persona?

TODO MIEDOS. Todo un fallo de autoconcepto, un no creerse en absoluto lo que uno es, la absoluta garantía de ir hacia el más estrepitoso de los fallos.

Supongo que escribiré esto pero de nada te servirá, porque llevas muchos años haciendo lo mismo: pensando que hay que conquistar a las mujeres, en lugar de conquistarte a ti primero. Claro, supongo que es más fácil y agradable conseguir el teléfono de la chica, darle un beso en la primera cita y consumar en la segunda, antes que pasar meses, incluso años, viajando y descubriendo quién eres, tarea agria que te va a poner muy contra las cuerdas, si es que no lo he hecho yo lo suficiente desde que estás aquí. Porque te debería quedar claro que tú, ahora mismo, no eres la persona que querrías ser y eso se destila por los cuatro costados. Y si ni tú mismo estás de acuerdo con cómo eres, ¿cómo esperas gustar a los demás? ¿Qué esperas que veamos el resto? ¿Qué quieres que vea yo? ¿Que eres un tío cojonudo, especial, con gancho y capaz de ligar con la chica de tus sueños?

Pues… NO.

Tu ejemplo es para seguir: sigues cometiendo los mismos errores, procedentes de los mismos complejos, irresolubles si no haces por CREER QUE PUEDES CONSEGUIR LO QUE DESEAS… capacidad que está en saber lo que eres y hasta dónde puedes llegar. Vamos a dudar de esa última parte, por el recorrido que tienes, el tipo de vida que llevas, la relación con tu familia, con tu trabajo y con todo lo que te rodea, de lo cual desconozco mucho pero no hace falta indagar demasiado al ver cómo resuelves tu ámbito emocional. Muchas cosas de ti fallan, no sólo tu relación con las mujeres.

Podremos decirte, entonces, que vivas el presente y te diviertas y, sinceramente, es un buen consejo, pero antes que eso debe estar el CREERTE QUE VAS A GUSTAR A ESA PERSONA, y no se trata de repetirte como un loro “le voy a gustar”, “le voy a gustar”, “le voy a gustar” sino, REALMENTE, saber que vas a gustar a esa persona hasta el punto de que se le haga el culo pepsicola por ti. Si lo consigues, seas como seas físicamente, atraerás a mujeres como muchos otros hombres que no eran unos Adonis pero sí tenían un gran cerebro, lograron.

Mientras tengas dudas, incluso voy más allá, mientras sigas preguntándonos qué hacer en cada caso que abres en empareja2 y no estés seguro de lo que eres, de lo que vas a ser, de lo que eres capaz, y derrochar seguridad al andar, hablar o comerte un donuts, hasta que no estés seguro de que eres la puta hostia en todo cuanto haces no vas a lograr absolutamente NADA con ninguna mujer, a menos que sea el típico apaño, el roto para el descosido donde tú te conformas, ella se resigna, y ale, otra pobre relación a la saca.

Fuérzate a conocerte, sé constante en el propósito de CREER EN TI y a dónde puedes llegar, visualiza lo que realmente deseas y crea tangibles para tu futuro, y entonces podremos hablar de que has aprendido a seducir.

Antes…. NO.

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