¿Debo guardar los recuerdos de mi ex?

¿Debo guardar los recuerdos de mi ex?
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Mucha gente nos pregunta si debe guardar los recuerdos de su ex. Nosotros decimos que es imprescindible que se aleje de ellos, pero que no permanezca en contacto mientras le dure el duelo, porque es una batalla difícil de superar.

En primer lugar, empareja2.es dice que tenemos que exponernos al dolor. Pero no confundamos: lo que jamás decimos es que debamos exponernos A LA FUENTE DEL DOLOR. Esto es muy diferente. El primer principio en psicología comenta que para empezar a romper con el sufrimiento es necesario alejarse de la fuente que lo produce. Dejar de entrar en contacto con la ex pareja, en este caso. Todo contacto, todo nexo que nos una a ella, va a hacer que ese dolor se agrave y permanezca, haciendo más grande la herida.

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Lo que, por el contrario, argumentamos en empareja2.es, es que es realmente positivo ENFRENTARSE AL DOLOR DEL RECUERDO, en lugar de pasar noches y noches de juerga sistemática, hacer mil actividades de forma frenética, salir día y noche de casa para evitar quedarnos solos con nuestros pensamientos y, así, pensar que el dolor se calmará y desaparecerá.

La mente humana no funciona así. La realidad es que sólo superamos y, por lo tanto, MADURAMOS, cuando ese dolor ha sido reflexionado, llorado y desgastado hasta sus últimas consecuencias. A nadie se le dice que se enfrente a la fuente del dolor, sea una mujer o hombre en persona o sea un vídeo o una foto suya (cosas que también son fuente de dolor). En realidad, a todo el mundo se le dice que si surgen recuerdos, si un día por la noche uno siente ganas de llorar, ¡QUE LLORE! ¡Hasta que se le quiten las ganas! Pero por debilidad, o por hacer caso a personas que se consideran en posesión de la verdad, algunos piensan que lo mejor es ponerse a ver una peli, o jugar a un videojuego, para quitarse el mal rollo de la cabeza.

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Resultado: el dolor sale al día siguiente. O al siguiente. O al siguiente. Actuar ignorando lo que uno siente es como tapar una rueda pinchada con un dedo. Quita el dedo y se saldrá el aire.

Si alguien cree que la solución más fácil es eliminar toda la fuente del dolor (eliminar todos sus recuerdos), está equivocado; aquí nadie dice que se elimine, pero tampoco que lo mantenga a la vista o lo guarde en un cajón. Se habla de caja precintada con absolutamente todo y llevarlo lejos, a un trastero inaccesible, a un sitio donde dé mucha pereza ir. Incluso el trastero de un amigo o familiar lejano. Todos podemos contar con esa ayuda.

De esta forma no accederemos a todo eso hasta que el tiempo pase. ¿Cuándo estará uno preparado para verlo? Cuando… YA NO TENGA GANAS DE ABRIR LA CAJA. Y para que eso ocurra será necesario tropezarse alguna que otra vez, llorar más de una noche, o pasarlas en vela con nuestros recuerdos y otra serie de enfrentamientos al dolor, que permiten que lo desgastemos y que nos hagamos fuertes superándolo…

… en lugar de andar maquillando el dolor y hacer como si nada.

Al final, las cosas que duelen tras una ruptura, se superan y se entremezclan con la nueva vida de la persona que ha experimentado esa madurez: todas esas cosas pasan a convertirse en algo que, si bien se puede prescindir de ellas, sí que se desarrolla un apacible cariño por ellas.

No nos pongamos ahora a evaluar si la caja es muy grande, si hay que contratar un trastero o si han pasado dos años, cuarenta días y setenta horas y la caja sigue ahí y yo queriendo abrirla, o queriendo quemarla, porque entonces poco habremos evolucionado.

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Se habla de alejar la caja de nosotros, como si no existiera, porque llegará algún día que su contenido no haga daño, el tenerla lejos nos habrá permitido alejarnos de la fuente del dolor, y queramos conservar esos recuerdos que, por otro lado, forman parte de la vida.

Pero si uno no conoce esa sensación de superación tras un buen tiempo tras el duelo, una buena solución es, ahora que tiene fresca la ruptura, hacernos caso: caja y lejanía… en lugar de coger una rabieta de niño pequeño, y mientras grita y llora ponerse a quemar fotos, romper recuerdos y lanzar puñetazos al aire, como si fuera una triste marioneta encolerizada.

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