Descubre el secreto para atraer lo que quieras a tu vida

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Recientemente, se está poniendo de manifiesto una nueva ola de pensamiento, mitad científico, mitad metafísico, que está conmocionando los más antiguos (y exiguos) conceptos filosóficos y teológicos. Según estas hipótesis, el cerebro no es un mero espectador en el entorno, sino que al aplicar su acción sensorial, la materia cambiará su estado.

El verdadero problema (o virtud) de esta situación, no es que sea el cerebro de la hombre el causante de la forma que toma la materia de su entorno, sino el esquema mental heredado que le incapacita para ‘crear’ su entorno de otra forma totalmente diferente.
Es decir, las dimensiones físicas que percibimos están generadas por nuestros esquemas mentales que nuestros padres nos han enseñado a interpretar, asimilar y reproducir.

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¿Existe otra realidad ahí fuera que, debido a nuestros esquemas preconcebidos, jamás podremos ver? Ésa es la misión de los físicos cuánticos de nuestra época.

Y, en esta línea de pensamiento, aparece la llamada Ley de Atracción. Nuestro pensamiento se genera en una frecuencia determinada. De hecho, los pensamientos pueden representarse sobre papel, a través de electroencefalografías. Éstas permiten observar cómo distintos pensamientos, ‘dibujan’ diferentes frecuencias. Junto a esta circunstancia, este mundo se rige por un modelo de atracción infinito: todo en la vida tiende a unirse a su afín. Es decir, una frecuencia A no empatiza jamás con una frecuencia B. Estas dos frecuencias buscarán su frecuencia A y B, respectivamente.

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En función de esto, podemos comprobar cómo un piano en el que se toca la nota DO con la suficiente gravedad, permite que otro piano separado de éste por varios metros y un tabique, haga vibrar la cuerda perteneciente a dicha nota.

Las frecuencias se buscan y se unen.

Por ello, y teniendo en cuenta que el pensamiento puede cuantificarse de forma física, esto es, que tiene un efecto físico tangible (sus frecuencias pueden ser detectadas, por lo que son reales), dicho efecto supondrá que las frecuencias que el cerebro genere buscarán frecuencias similares alrededor, atrayéndolas hacia sí mismo.
Y aquí empieza la gran aventura de la Ley de Atracción… y el por qué las personas ricas amasan cada vez más riquezas (dinero llama a dinero), por qué las personas enfermas, enferman cada vez más, por qué una persona con un objetivo en la vida, claro y preciso, lo consigue en todos los casos, por qué una persona que NO quiere otro desamor en su vida… se encuentra con otro desamor en su vida.

El cerebro es una máquina que genera pensamientos. No importa su significado. De hecho, el cerebro no evalúa si es bueno o malo. Simplemente, genera un pensamiento. Ese pensamiento se emite con una frecuencia… y esa frecuencia se une a otra frecuencia similar.
Por ello, basta pensar en riquezas, para conseguir más riquezas. Pensar en un viaje para que éste llegue en poco tiempo. Pensar en deudas y problemas, para que éstos persistan. Pensar en la desgracia, para que esta siga, remanente, incapacitándonos para eliminarla de nuestra vida.
Pensar se convierte en el arma principal de toda persona. Tenemos la herramienta idónea para conseguir lo que queramos pero, por desgracia, se nos educa a pensar de forma errónea.

¿Quién no se ha preguntado alguna vez el porqué de la suerte de algunas personas? ¿Y cómo es posible que todas esas personas tengan el mismo perfil entusiasta y optimista? ¿Acaso un pesimista, cabizbajo y negativo ha conseguido todo lo que se proponía en la vida?
El optimismo no es otra cosa que visualizar, ‘ensoñar’ todo aquello que deseamos, de forma real. Pero no se trata de pensarlo. Se trata de imaginarlo, de sentirlo, de olerlo, tocarlo y saborearlo, como si ya fuera nuestro: dinero, un premio en la lotería, un coche lujoso, un amor que consideramos imposible…

¿Cómo es posible que lo que yo piense se materialice?
Numerosos metafísicos han intentado dar respuestas, sin éxito, a estas singularidades. Científicos, artistas y personas de renombre de la Historia han confirmado que ese ‘algo’, les ha permitido llegar hasta donde habían imaginado en un principio.

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¿Es realmente la física cuántica la responsable de estas singularidades? Numerosos especialistas coinciden en esto ciegamente: nosotros somos los que creamos nuestro mundo. Puede que nuestros sentidos físicos generen un mundo espacial y temporalmente muy vasto, pero la energía no se limita en función de estas medidas que, una vez más, son medidas aplicadas por una mente humana. Esto nos da la esperanzadora perspectiva del no-tiempo y el no-espacio. Es decir, que una vez generado nuestro pensamiento, depende de la intensidad de éste para la ‘búsqueda’ de situaciones afines. En ningún caso actúa el espacio o el tiempo (percepción humana).
¿Podríamos entonces tener lo que deseáramos, de forma instantánea? Bueno… en teoría, sí. Es lo que argumenta la Ley de Atracción. Por supuesto, pocas personas han conseguido este don… que ciertas culturas y religiones han llamado ‘milagros’. Pero salvo que seas un Jesús o un Buda, las normas de la Ley de Atracción configuran nuestra vida para que lo que deseamos y anhelamos tarde un tiempo en llegar. Si tuviéramos el poder de materializar instantáneamente lo que quisiéramos, la vida sería un caos, ya que hoy puedes querer una cosa y mañana otra (¿quién no ha pensado en querer un marca especial de coche y, semanas después, decantarse por otra distinta?), por lo tanto incluso para esto la Ley de Atracción es sabia. Lo que de verdad quieres, lo que de verdad te importa y deseas con todas tus fuerzas, llegará a tu vida tarde o temprano. El tiempo que tarde en llegar dependerá de la ilusión, fuerza y veracidad de tu deseo.

¿Y si aplicáramos la Ley de Atracción al mundo de las relaciones? Eso explicaría por qué muchas personas viven relaciones idénticas, constantemente. No dejar de pensar en lo que tuvieron hace que su cerebro genere un pensamiento, con una cierta frecuencia y, en consecuencia, que situaciones afines empaticen con ese pensamiento, atrayéndolo a su vida.

¿Conseguir a la pareja de nuestros sueños? Sí, claro que es posible. Basta imaginarlo, visualizar cada momento con esa persona, cada cita, conversaciones, situaciones, sitios que visitar… De la misma forma que hay personas que, siguiendo la Ley de Atracción, recortaron la foto de la casa o el coche que perseguían y la llevaban consigo, todo el día, mirándola e imaginando cómo disfrutaban de ella cada minuto del día, utilizar la foto de la persona deseada para imaginar una relación con ella, de la forma más viva y consistente posible, conseguirá que esa persona venga a nuestra vida. La constancia y la ilusión, ilusión real, es la base de este gran poder.

Por tanto, la Ley de Atracción es una ley de carácter metafísico, pero que tiene unas implicaciones y demostraciones físicas que sobrepasan el entendimiento de muchos científicos de nuestra época. Y… puesto que el mundo que vemos está creado por nosotros… ¿por qué no crear el mundo que realmente deseamos, a través de nuestros pensamientos?

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