Deshacerte de la Ansiedad

Deshacerte de la Ansiedad
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La ansiedad es un estado nervioso que nos hace estar y sentirnos enfermos cuando realmente no lo estamos. Es un estado realmente desagradable que si no se ataja lo antes posible puede desembocar en daños físicos reales o en una depresión. El nivel de ansiedad que puede soportar el organismo humano con soltura y sin cargar con efectos colaterales indeseables, es más limitado de lo que nuestra cultura, basada en la productividad, el deber, la ambición y la competencia, está dispuesta a admitir.

Hemos podido creer que podemos angustiarnos y podemos aguantarnos sin que la herramienta en la que consistimos se resienta. Esta ignorancia de nuestras limitaciones es lo que fundamentalmente nos lleva a menospreciar las señales de malestar que nuestro cuerpo emite hasta que los efectos son tan exagerados (ataques de pánico, temblores, sudores, rubor, mareos, etc.) que ya es tarde para suprimirlos de cuajo con la mera voluntad. En líneas generales podemos decir que los síntomas más comunes son: sensación de desasosiego, taquicardia, dolor de estómago, náuseas, vómitos, incontinencia urinaria, descomposición, caída del cabello, falta de aire, y en algunos casos muy avanzados incluso pérdida de la conciencia.

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Motivos de la ansiedad

Los principales motivos por los que pueda surgir la ansiedad son:

Expectativas rotas

Pensar continuamente en el futuro anhelando ser más feliz o buscando satisfacciones, puede crear un inconformismo lleno de ansiedad. De esa manera la vida parece una espera, en la que el presente tan sólo es un puente para llegar a un destino. Las expectativas pueden ser tener pareja, enamorar a alguien, conseguir un trabajo, nuevos amigos, conseguir dinero, etc.

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Cuando se tarda en conseguir un propósito puede crearse mucha ansiedad, por el mero hecho de estar pronosticando y fantaseando con el deseo. Si te propones algo tómatelo con calma y perseverancia, no te apresures ni anheles con fuerza algo de lo cual no tienes certeza, porque nadie sabe con seguridad lo que ocurrirá en un futuro. Así que mejor estar bien hoy y no esperar a estarlo mañana.

El estrés

El estrés en exceso provoca ansiedad. Puede surgir el estrés por una frustración; por ejemplo, cuando sientes un rechazo o no cumples tus expectativas. Cuando te sientes furioso es fácil estresarse. O simplemente cuando entras en un estado considerable de nerviosismo.
Cuando nos estresamos, el hipotálamo secreta la hormona liberadora de corticotrofina, que estimula a la glándula pituitaria para que libere más hormonas. Estas hormonas de la glándula pituitaria hacen que la glándula suprarrenal secrete las hormonas que alimentan la respuesta al estrés, aumentando la ansiedad, la energía y la presión sanguínea, y suprimiendo las respuestas inmunitarias.

Inseguridad

La inseguridad puede ser un buen factor para que uno sea más cuidadoso y previsor al tomar las decisiones en su vida, pero el exceso de ella o la continuidad de esta sensación no aporta mucho beneficio…

En más de una ocasión habrás sufrido una pequeña ansiedad tras enfrentarte a un examen, prueba, o cualquier situación en la que tuvieras que someter tus capacidades a evaluación. Hay gente que con el simple hecho de intentar abordar a un grupo del sexo opuesto, en unos pocos minutos, sienten cómo su cuerpo puede experimentar una ansiedad ante el nerviosismo de la situación. Cuando se tiene miedo o recelo ante situaciones sociales, hay que tener en cuenta que la autoestima elevada y la dignidad juegan un papel muy importante, ya que sin éstas , la debilidad de una persona es excesiva ante una situación social.

Muchas personas, tienden a preocuparse por casi todo lo que hacen, simplemente por el temor a las circunstancias de sus hechos. La inseguridad suele ir acompañada de un complejo de inferioridad o superioridad.

Las necesidades afectivas

La actitud interna y la propia personalidad, son causantes de ansiedades que a veces uno mismo no puede explicar. La ansiedad crece cuando no se pueden explicar los motivos de ésta. El problema llega cuando estas necesidades emocionales provocan ansiedad de forma habitual. Todo esto puede desencadenar el inicio de una depresión.

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Trastornos

El trastorno de ansiedad generalizada (TAG), suele ser más frecuente en las mujeres, pero millones de hombres lo padecen. Puede comenzar desde la infancia. Padecer este trastorno tan generalizado provoca preocuparse o temer demasiado al fracaso, sin ni siquiera estar en peligro de fracasar. Ese tipo de personas, ante un vacío emocional, experimentan una ansiedad muy angustiosa, ya que temen estar solos o no encontrar a su pareja ideal. Existen otros tipos de trastornos, como el trastorno obsesivo compulsivo y varios tipos de fobias.

Las pérdidas

Las personas podemos ser muy vulnerables por las emociones, y una pérdida significativa puede sumir a una persona en una angustia dolorosa ocasionada por la gran ansiedad que provoca el deseo de recuperar lo perdido.

En las rupturas de pareja, se suele sufrir más que en la pérdida de un familiar o un amigo, ya que intervienen los sentimientos amorosos, que se intensifican conforme crece la ausencia o el rechazo. En estos casos, la ansiedad llega a ser inevitable si hay un hábito fuerte o un enamoramiento. Los hábitos muchas veces crean dependencia, y al alejarse de ellos se genera ansiedad.

Debes comprender que esas circunstancias que crean un vacío, son cambios en nuestra vida que suponen la posibilidad de evolucionar. Se trata de cambiar la perspectiva, no de perseguir nuevos escenarios para sentirse mejor. Porque en una misma situación, uno puede vivir un paraíso y el otro un infierno. Todo se basa en prismas, puntos de vista. En una separación, un hombre se puede sentir un desgraciado, la mujer liberada y feliz, y viceversa.

La ansiedad tras una ruptura se debe a que nos parece caer en un mundo de sombras y oscuridad, donde difícilmente podremos ver un atisbo de luz. Todo son dudas y miedos. De repente nos encontramos en medio del desierto, completamente solos. No entendemos lo que ha pasado, y esa ignorancia es la que hace que no hagamos otra cosa que buscarle una explicación lógica a lo que ha pasado, al por qué nos ha dejado. De esta forma nuestra cabeza no hace más que darle vueltas a las cosas, y ese estrés al que nos sometemos es el que nos lleva al estado de ansiedad. Así nuestro motivo de ansiedad ocupa las 24 horas del día nuestra cabeza.

Es fundamental entender que la ansiedad es un estado pasajero, y que de alguna manera damos “vida” a nuestra propia ansiedad y dado que hemos llegado a la conclusión de que el motivo de nuestra ansiedad es nuestra ex-pareja, lo mejor que podemos hacer para luchar contra nuestro malestar es quitarnos de la cabeza a la susodicha.

El malestar es real, el corazón parece que se va a salir del pecho, nos es imposible permanecer quietos sobre una silla más de diez minutos, no tenemos ganas de levantarnos de la cama, ni qué decir tiene que la comida se convierte en una pasta de cemento, imposible de tragar. Si caemos en la apatía y el desánimo, no hacemos más que empeorar el problema. Es fundamental poner todo de nuestra parte para salir adelante y volver a sentirnos bien. Dicen que no hay mal que cien años dure y aunque es cierto que el dolor por una ruptura termina por irse queramos o no, las secuelas pueden ser demasiado grandes.

La gente que se queda estancada en esta etapa arrastra un grado de sufrimiento que puede llegar a anular muchas de sus otras facetas como persona. El rendimiento laboral, social y familiar puede verse muy afectado y las relaciones de pareja que se entablan posteriormente tienden a estar contaminadas por los residuos que aún no se han eliminado de la relación anterior.

Técnicas para disminuir la ansiedad

Veamos algunas técnicas que pueden ayudarnos a bajar el nivel general de ansiedad:

Ejercicio

El ejercicio adecuado nos ayuda a una tonificación muscular, evitando tanto la rigidez como el exceso de activación del sistema nervioso, propiciando un sano cansancio que favorece el sueño reparador y calma el exceso de cavilaciones y rumiaciones.
Es preferible practicar un deporte lúdico que nos guste o hayamos disfrutado de él en el pasado, ya que de paso nos proporcionará mayor satisfacción que la gimnasia fría y pesada.

Hábitos de sueño y alimentación

Regular el sueño, de forma que sea suficiente y que el cuerpo encuentre un alivio y ahorro de energías al poderse adaptar a una rutina sistemática, puede ayudar a disminuir la tensión. Los biorritmos se ajustarán como un guante a unos horarios razonables.

Un grado elevado de ansiedad influye para que el momento de conciliar el sueño sea más dificultoso porque aparecen en la mente ráfagas de pensamientos que nos desvelan o bien nos dedicamos en el momento que nos tocaría descansar a torturarnos con pesados exámenes de conciencia y arduos preparativos para el día siguiente.

Mientras no podamos recuperar la capacidad de dormirnos rápido debemos ayudarnos a nosotros mismos eligiendo un momento distinto para las reflexiones. A cambio nos relajaremos pensando cosas agradables. Si estamos más de 15 minutos removiéndonos entre las sábanas sin poder dormir es preferible levantarse y seguir viendo un programa aburrido de televisión hasta que notemos que los párpados nos pesan y entonces volvamos a la cama.

La persona ansiosa puede torturarse con facilidad por el hecho de que si le cuesta dormirse tendrá dificultades para estar despejada al día siguiente y se atormenta ante la idea de que se aproxima la hora del despertar. Es mejor en esta circunstancia considerar que si uno tiene que dormir unas pocas horas es mejor aceptarlo que no por culpa de empeñarse, protestar o quejarse, dormir todavía menos. Ni su estado el día siguiente será tan lamentable ni cabe pensar -a no ser que se obsesione con que el proceso se repita fatídicamente- que en los días posteriores su propio organismo luchará por recuperarse.

La misma anticipación o temor de que igual no podemos dormir bien puede causar que durmamos mal (del mismo modo que el temor a que nos asalte un navajero en un callejón oscuro produce que no paseemos tranquilos por ese lugar). Hay que recordar que dormirse es algo pasivo, no algo que hagamos poniendo mucho esfuerzo de voluntad y que provoquemos, por consiguiente el método para conseguir que venga el sueño es no hacer nada, ni siquiera pensar en ello.

Una alimentación variada y frugal favorece el control de muchos síntomas gástricos que acompañan al estado de ansiedad (diarreas, estreñimiento, gases, molestias estomacales, etc).

Desaceleración

Desacelerar significa lentificar todos nuestros movimientos forzando una ”velocidad de paseo”, apostando por regodearnos con la perfección y pulimento de lo que llevamos entre manos (por ejemplo, escribir con muy buena letra, seleccionar las palabras, ampliar las frases entrando en detalles y consideraciones, repasar los trabajos o introducir pequeñas mejoras creativas).

Es importante comenzar la jornada con un margen de tiempo, hacer de las rutinas de higiene y desayuno el momento más entretenido y agradable, unas minivacaciones con las cuales inducir a nuestro sistema nervioso un pulso sereno desde el que abordar las actividades y así adquirir el punto de vista del que acepta las cosas como vienen, dando la mejor respuesta que conoce y no desde el que es víctima desquiciada del desorden natural de las cosas.

Es muy aconsejable el arte de distraerse y regodearse con pensamientos y ocupaciones placenteros en esos aparentemente despreciables momentos de paso. Las sensaciones de vacío hay que llenarlas con algo que nos ayude a no agonizar frente a esa fisura insoportable, atendiendo con esmero a lo que nos rodea, observando bien donde estoy, cómo es la persona con la que estoy, jugando a crear algo divertido, entretenido y relajado para ofrecer goce al tiempo que pasa y que así transcurrir se convierta en un vivir.

Planificación de actividades

Si hay una lista de tareas pendientes que parecen estar martilleando con su insistencia, conviene hacer una ‘parada técnica’ para reflexionar y situarlas en el tiempo, dándoles un poco de espacio para calmar su exigencia, bien repasando mentalmente lo que haremos, bien reformando algún plan que necesita retoques, bien reconociendo que alguna cosas habrá que resolverlas en mejor ocasión o incluso darlas por imposibles. Después de la ‘parada técnica’, conviene hacer una respiración honda, desconectar la actividad planificadora y concentrarse de una forma especialmente contundente en la decisión primera.

No debemos olvidar que al cabo del día conviene dar satisfacción a distintas necesidades. No descuidarlas es una forma de armonizarnos, dedicando algún tiempo y repartiendo sabiamente nuestros recursos con los amigos, nuestras lecturas, músicas y placeres personales, y procurando un grado de contacto afectivo.

Ayuda farmacológica

Sólo diremos que es insuficiente y peligroso considerar los tranquilizantes como una droga que nos da un alivio para seguir haciendo lo mismo que estábamos haciendo, pero sin consecuencias desagradables (algo así como si alguien pidiera al médico una medicina para el dolor de estómago para poder seguir dándose atracones a su antojo).

Técnicas de relajación

Los ejercicios de relajación, respiración y yoga son tan poderosos como un fármaco, aunque algo más trabajosos. Puede resultar una buena inversión aprender estas técnicas porque no sólo serán útiles para afrontar el momento actual, sino que nos ayudarán a cuidarnos ante los agobios que nos depare el futuro.

Actividades manuales

Las actividades manuales son muy convenientes para las personas que tienen angustias y preocupaciones intelectuales. Las aficiones artísticas y de bricolaje nos hacen entrar en contacto con los objetos sencillos y nos dulcifican, haciendo que hundamos nuestras raíces en la realidad. El disfrutar de la naturaleza tiene similar efecto benéfico.

Actividad social

Aumentar la vida social, vincularse, participar en las conversaciones, reuniones informales y cultivar la amistad, son ideas positivas y loables por sí mismas y no deben dejarse de lado pensando que el retiro y el aislamiento nos tranquilizarán más.

Existe otra forma de relajación que proviene de la satisfacción y del ánimo, de habernos molestado en hacer algo con cierta calidad, habiéndonos interesado por los demás y por el mundo externo.

Particularmente, conviene calmarse mediante el vínculo con lo afectivo, del contacto vitalizador con las personas a nuestro alrededor, desde el vecino hasta nuestros amigos o familia.

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