El camino

El camino
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‘Si hayas un camino sin obstáculos, quizás no te lleve a ninguna parte.’
Constancio Vigil, escritor y periodista uruguayo.

A menudo, después de una ruptura, afloran en nosotros sentimientos negativos, tales como la ira, el odio, la frustración, la culpabilidad,… y el por qué. ¿Por qué tuve que conocerla?

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Irremediablemente tendemos a pensar que nuestra vida hubiese sido mucho más feliz sin haber conocido a esa persona, ya que nos hubiésemos ahorrado uno de los momentos más duros: la pérdida del ser amado. Pero no debemos caer en este error, ya que absolutamente todas las personas que pasan por nuestra vida (ya sea para bien o para mal) nos hacen madurar. Si no hubiese sido ese amor, habría sido otro, no te quepa duda.

No obstante, los extremos no son buenos. Una de las formas que tenemos de ‘liberarnos’ ante una situación de pareja traumática, es cargar como un ariete contra el objeto de nuestra ira, generalizar hasta el absurdo: ‘Si es que son todos/as iguales, haga lo que haga me van a hacer daño’. No seamos tan simples, las cosas no son blancas o negras.

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La capacidad de autoanálisis es una definición por muchos obviada, más que olvidada. ¿Crees que tú no has contribuido a esa ruptura? Por supuesto que lo has hecho, en mayor o menor medida. Y sería de necios atribuir toda la culpa a tu ex pareja. Por tanto, ante la ruptura encontramos dos opciones, principalmente:

– Echar la culpa a los demás. Es la más demandada y la que no va a dejarnos ningún margen de mejora.
– Asumir los propios errores para, de esta forma, no volver a cometerlos.

Tú y sólo tú tienes la capacidad de decidir sobre ambas opciones. ¿No es genial depender de uno mismo?

Si te decantas por la segunda, sí, será la más difícil, pero también la más reconfortante. De otra forma, estaremos condenados a repetir errores del pasado y a volver a caer en la misma frase ‘Son todas/os iguales’. Quizá el que sea ‘igual’ eres tú.

Hay muchas formas diferentes y válidas de ver el proceso de la vida, y entender la misma como un camino, es una más. Camino, no lo olvides, que vas a recorrer solo, tanto si quieres como si no.
¿Alguien va a hacer tu trabajo por ti? ¿Van a hacer ese examen por ti? ¿Verdad que no? Cada cual depende de si mismo. Entonces, tu camino, si no lo andas tú, ¿Quién lo va a hacer?
‘Es que sin ella mi vida no tiene sentido’,’ No hay nada más si no es con él, ‘Necesito volver a su lado’’Si no estamos juntos me muero’, entre otras frases lapidarias y de autocompasión. No tiene sentido porque nos empecinamos en que así sea, pero la realidad es bien distinta, y si nos parásemos un momento a pensar las tonterías que estamos diciendo, la cosa sería bien distinta. Con esta actitud no conseguiremos nada excepto más sufrimiento. Y esto se debe a que el verdadero problema de base muchas veces está en nosotros mismos. ¿Por qué te empeñas en que esa persona camine contigo si ella ha elegido otro camino distinto? No seas portador de un egoísmo negativo y preocúpate por tu bienestar; por tu camino.

Puedes pensar: ‘Sí, todo eso está muy bien, pero pensar por y para mí es egoísta y eso no me va a traer nada bueno’. Hace un momento hemos mencionado el egoísmo negativo. Obviamente, éste no nos interesa, porque es autodestructivo y no nos va a permitir mejorar como personas. Pero, ¿Te has parado a pensar alguna vez en el egoísmo positivo?

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Para que se entienda, ambos tipos de egoísmo van tan íntimamente ligados que muchas veces tendemos a confundirlos. Algo así como la delgada línea que separa el amor del odio. El egoísmo positivo es aquél que nos permite mejorar como personas sin perjudicar al prójimo. ¿Es esto tan difícil? En absoluto, es más difícil decirlo que hacerlo. Palabras como autoestima o respeto por uno mismo pueden ayudarnos a encontrar el equilibrio entre dar y recibir, porque ya hemos dicho que ningún extremo es bueno.

Muy a menudo cedemos ante segundas o terceras personas en contra de nuestra propia voluntad y claudicamos ante determinadas actitudes. ¿Y sabes qué arma suelen utilizar esas personas para llevarnos a su terreno, para manipularnos? ‘No seas egoísta’.

‘No soy egoísta, simplemente ahora no me apetece ir a tal sitio o no estoy de acuerdo con lo que me estás diciendo’. Pero recuerda, siempre con respeto. De esta manera, no te acobardes ante ese tipo de situaciones. ¿Recuerdas quién va a hacer tu trabajo si no lo haces tú? Exacto, nadie. Así que si no miramos por nosotros mismos, nadie más lo va a hacer.

Aprende a caminar solo; es difícil porque a veces nos hacemos daño y no podemos seguir andando, unas veces porque el dolor es demasiado grande y otras porque simplemente nos negamos a hacerlo. En esos momentos es bueno detenerse, poner un vendaje a ese tobillo dañado, tomar aire de nuevo y volver a emprender la marcha.

Y ese vendaje lo pones tú.

Al principio reanudar de nuevo la marcha después de una ruptura es difícil. La herida duele mucho. Pero te pregunto ¿Prefieres que la herida se gangrene? ¿No? Pues muévete. Poco a poco verás como el dolor va pasando y que el paraje yermo e inerte por el que caminabas se va convirtiendo en algo bien distinto: algo lleno de vida. ¿Y sabes lo mejor de todo? La decisión de cambiar ese paisaje depende exclusivamente de ti.

A veces desandamos el camino, buscando una y otra vez la bifurcación que separó tu camino del de esa persona, intentando encontrar de nuevo esa unión y culpándonos a nosotros mismos durante el proceso. Pero, lamentablemente, lo único que ganamos con ello es pérdida de tiempo y energía. Aprende a quererte y, sobretodo, a respetarte. No busques viejos senderos que conduzcan a ninguna parte, tu vida tiene mucho más que ofrecerte que un camino sin salida.

Cuando aprendas a caminar solo, también aprenderás a disfrutar más de la compañía. Porque ésta será un complemento más en tu vida, y no tu vida en si. Es maravilloso unir caminos, pero nunca debemos permitir que el nuestro se pierda. Mantén siempre tu individualidad como persona, porque el no hacerlo supondrá convertirte en un parásito, y en estos casos, el resultado final ante una ruptura no será un periodo de reflexión, madurez y aprendizaje, sino otro momento traumático que podrás añadir a tu lista de desgracias. Y de esta manera tendrás un ‘maravilloso’ ‘efecto bola de nieve’.

Piensa cuan atractiva será tu vida una vez que empieces a darte cuenta de que la responsabilidad de tu felicidad recae únicamente en ti. Tú eres el dueño de tu vida, de tu camino, y, por tanto, el único responsable directo. Si consigues esta meta, podrás conocer nuevas personas, y entre ellas (quién sabe) a un nuevo amor. Y aún más importante, ese miedo a perder… desaparecerá.

Nadie dijo que el camino fuera fácil, pero de otra forma, ¿No sería aburrido? Aprende a vencer esas dificultades, a madurar como persona, a jugar en la vida, y a disfrutar. Pertréchate con un buen botiquín para esas heridas…

Y sigue andando.

‘No hay caminos rectos en el mundo.’
Mao Zedong, revolucionario y estadista chino.

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