El lenguaje corporal: saberlo todo a través de sus gestos

El lenguaje corporal: saberlo todo a través de sus gestos
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Las personas son seres comunicativos. Sensitivos, más bien. La casi totalidad de su tiempo la pasamos comunicándonos y, el resto, pensando en cómo se comunicó o cómo se comunicará.

Hay dos factores que provocan en las personas el deseo de comunicarse. El primero genético, el segundo, biológico.

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– El genético, es un factor antropológico. La herencia conductual está basada en la antigua necesidad de comunicarse con otros integrantes de la tribu. Hace miles de años necesitaban compartir conocimientos para cuidar a sus hijos, organizar el grupo de caza, comunicar sus necesidades al hombre del que dependían, colaborar en tareas de convivencia y, en definitiva, procesos colaborativos para aumentar y asegurar su descendencia en la Tierra.

– El biológico, la imposibilidad física de hablar durante los dos primeros años de vida. En la profusa formación del cerebro durante estos primeros momentos de la vida, todas las conductas quedan arraigadas de por vida en el código de conducta. Y un ser humano con meses de vida no tiene otra forma de comunicarse que mediante gestos, ruidos, llantos. Este es el período en el que aprende a protegerse, a pedir cercanía, a demandar atenciones… sin articular una sola palabra.

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Sin embargo, estás de suerte. Ya no hace falta intuir lo que ella está comunicándote a través de ese lenguaje perfeccionado e imperceptible que es su lenguaje de gestos. Basta con que aprendas bien las señales, siempre universales, poniendo en práctica la observación. Un buen seductor es siempre un buen observador.

Recuerda que las personas utilizarán el lenguaje no verbal para conseguir dos cosas:

– 1. Poder mantenerse a la expectativa, para no dar el primer paso en una seducción: no decir las cosas de viva voz les asegura, socialmente, una posición de dignidad y elegancia. Si te dicen: ‘me gustas, ¿quedamos?’ podrían parecer fáciles.

– 2. Evitar que otra persona se les adelante. Las señales son mudas. Depende de que el receptor las interprete correctamente. Es como hablar por una línea segura: su competencia encontrará el teléfono comunicando pero, físicamente, el escenario no les pondrá en el papel de ‘voy a por todas’.

Veamos las partes más importantes del lenguaje no verbal, por importancia:

La mirada
Dicen que los ojos son el espejo del alma. A este anónimo no le faltó nada de razón: el ojo está conectado directamente al cerebro a través del nervio óptico. Toda reacción mental, conlleva una reacción ocular.
Por lo tanto, una persona que mira fijamente significa que tiene un denotado interés en su objetivo. Si a esta mirada se le une el tener las pupilas dilatadas, una leve sonrisa y un ‘aleteo’ de las pestañas, estamos ante un factor de interés absolutamente demoledor.

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La cabeza con respecto al cuerpo
La cabeza es el núcleo de los sentidos al que enfocar su atención. El movimiento de esta es particularmente interesante, ya que es independiente del cuerpo. La cabeza PUEDE NO QUERER demostrar atención y estar su cuerpo orientado hacia nosotros. Por ejemplo, una mujer que mira hacia un lado pero su cuerpo está enfocado hacia ti, apuntándote uno de sus pies (precisamente a ti, entre un grupo de amigos), significa que le gustas tú. El cuerpo DIRIGE la atención. La cabeza puede acompañarlo o rechazarlo. Es como los niños pequeños cuando se les intenta dar papilla y empiezan a mover la cabeza para todos lados desparramándola. Aquí sería lo mismo. Puede que su cabeza esté ladeada, pero si su cuerpo se dirige hacia ti, buena señal. Asimismo, este efecto se refuerza si la persona ladea su cabeza ligeramente.

El pelo
Marco de la cara y absoluta carta de presentación de la mayoría de las personas, excepto de las que son calvas, que suelen desarrollar rápidamente otros atributos como la mirada. Muchas veces te habrás dejado impresionar por una persona con un pelo fantástico. ¿Sería tan guapa sin el pelo?
Si se toca el pelo, se lo riza entre los dedos o tira de él ligeramente mientras habla contigo, vete apuntándote un tanto.

Las manos
Las manos para un bebé lo son casi todo. Prueban las superficies, las utilizan para llevarse cosas a la boca, apartan la cara de alguien que les molesta, les sirve para gatear… Son una parte del cuerpo esencial. En una persona adulta, los signos heredados de su infancia, son evidentes. Por ejemplo, los movimientos de las muñecas son muy positivos, sobre todo si muestran las palmas de las manos boca arriba. Si una de sus manos toca o está próxima a sus pechos, si juega con sus collares o si mira la hora cuando pasas cerca de ella, si te toca levemente, todo demuestra la necesidad de ENSEÑARTE las manos. Inconscientemente te quiere hacer ver que no oculta nada agresivo en ellas y que quiere dejarse seducir.

La boca
El elemento más sensual del rostro de una persona es la boca, junto con la forma que define sus comisuras: los pómulos. Los labios son, sin duda, el objeto de deseo de cualquier persona con sólo mirar unos segundos a alguien atractivo.
Deberás fijarte si esa persona humedece sus labios con la lengua, si sonríe y muestra sus dientes, si se muerde los labios o pone los labios ligeramente en ‘u’ pareciendo más carnosos… son signos de interés. Sus labios son para esa persona la forma de decirte sin palabras ‘te deseo’. Si muerde sus dedos o juega con sus uñas representa un evidente signo de contención. De desear inmediatamente algo que todavía no tiene.

La voz
La voz es otra arma ineludible en la seducción. Deberás comprobar que la persona con la que hablas adecua el volumen al tuyo. Si lo hace, se genera un equilibrio que hace prosperar la comunicación íntima entre los amantes. Si aumenta la velocidad a la que habla (y luego se frena) o se ríe a la vez que tú, son factores que debes saber percibir y anotar en tu libreta. No te limites a hablar: atiende CÓMO habla. También si esa persona sólo te habla a ti, estando en un grupo o habla mucha gente y cuando tú hablas ella sólo escucha tu comentario o proposición.

La ropa
Tan importante para muchas personas como su propio cuerpo, la gran mayoría de ellas utilizan la ropa para ocultar sus defectos… o resaltarlos. Lucir algo que les guste es importante, retocarlo ante alguien que les gusta, un buen signo de atracción.
Asimismo, si esa persona se sienta con las piernas separadas es una invitación a ‘entrar’ en su espacio. En el caso de las mujeres, si cruza su pierna y el muslo que queda frente a tu vista se descubre, es otro reclamo. Si toca con sus piernas las patas de la mesa o el pie de la pierna que ha quedado cruzada sobre la otra apunta hacia ti… aún mejor señal. Si se balancea como diciendo ‘tú, tú, tú’ entonces ya puedes encender unos cuantos fuegos artificiales.

Otros factores corporales incluyen la presencia física total, no la evidencia de pequeños gestos. Es decir, cuando aparece a tu lado en un local y, al irte a otra punta aparece allí al cabo de un rato, es la mejor señal de que esa persona quiere algo contigo. Si mira en tu dirección o, viniendo hacia tu posición, choca contigo, es una muestra de ‘oh, perdona, me gustas tanto que no he podido sentir una atracción como si fueras un imán.’

He aquí una lista de situaciones con las que puedes poner a prueba los conocimientos generales que has aprendido:

• Si se acaricia la barbilla… está tomando una decisión.

• Si entrelaza los dedos… siente que tiene autoridad sobre un determinado asunto.

• Si se da un tirón a la oreja… siente inseguridad.

• Si mira hacia abajo… puede que no esté creyendo lo que escucha.

• Si se frota las manos… quizá se sienta impaciente por algo.

• Si se aprieta la nariz… está evaluando negativamente algo.

• Si se golpea los dedos y los nudillos… tiene prisa por irse o hacer algo.

• Si se sienta y se agarra la cabeza con las manos… siente seguridad.

• Si inclina la cabeza hacia ti… tiene mucho interés.

• Si tiene las palmas de las manos abiertas… es sincera y está confiada contigo.

• Si camina erguida… muestra confianza en sí misma.

• Si se queda de pie con las manos en sus caderas… está dispuesta a hacer algo, ponerse a trabajar seriamente.

• Si juega con su pelo… le falta confianza, siente inseguridad… quizás le intimidas.

• Si se come las uñas… puede ser un hábito pero siempre asociado a inseguridad y nervios.

• Si pone la cabeza entre sus manos o mira al suelo… se aburre (¡warning!).

• Si pone juntos los tobillos… tiene miedo de algo.

• Si se agarra las manos por la espalda… está cabreada, tiene miedo o está frustrada (otro warning).

• Si se sienta, cruza las piernas y balancea el pie… excepto si no lo hace en tu dirección, se aburre.

• Si cruza los brazos a la altura del pecho… está poniéndose a la defensiva.

• Si camina con las manos en los bolsillos o con los hombros encorvados… tiene bajo el ánimo.

• Si se pone las manos en las mejillas al sentarse… evalúa lo que tiene delante.

• Si se frota un ojo mientras le cuentas algo… duda de tu palabra.

• Y… si se toca la nariz… rechaza algo que oye o que ella misma cuenta (miente).

¿Qué gestos provocan rechazo?
Justo los contrarios a los que ya hemos visto. Por ejemplo, que apenas te preste atención con su cuerpo, sin enfocarlo a ti. Que al mirarte no baje la mirada sino que mire hacia otro lado. Que al ver a esa persona no cambie en absoluto su postura (si lo hiciese es una señal de ‘me preparo porque me miras’). Si sus ojos no muestran ningún tipo de énfasis, sus cejas permanecen quietas y su cara, de póker, son signos de pasotismo absoluto.
En cuanto a su cuerpo, fíjate si no ladea su cabeza, ni se arregla la ropa y los hombros, en lugar de sacar pecho, los hunde ligeramente como encorvándose. Como rechazando a lo que tiene delante.

Recuerda, las señales son muy sutiles. Debes estar atento a sus miradas (que sean frecuentes y prolongadas), que baje los ojos al mirarte, que muestre las palmas de sus manos, que sonría y que su cuerpo apunte a ti (sus pies en última instancia). En definitiva, que su comportamiento sea desenfadado y cordial. Si evalúas en todo momento estas señales poco a poco te darás cuenta que bajo una conversación entre una persona y tú subyace toda una serie comunicativa que representa el 80 por ciento de lo que realmente están hablando.

Y así sabrás por dónde atacar, cuándo parar y en qué momento debes dar un giro a vuestra conversación/relación para que la cosa marche mejor.

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