El maltratador y la víctima

El maltratador y la víctima
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El maltratador

Desde un punto de vista evolutivo, la violencia es una respuesta de supervivencia genéticamente determinada de un individuo u organismo a un medio ambiente lleno de peligros naturales anta la necesidad de supervivencia tales como el hambre, la sed, los depredadores etc. Para sobrevivir a estos eventuales peligros ha sido históricamente necesario actuar de manera violenta; por ejemplo, cazando, agrediendo al depredador, etc. Evolutivamente, aquéllos sujetos que mejor se han enfrentado a los peligros, a través de su agresividad, han sido seleccionados naturalmente. De aquí deducimos que los hombres podrían estar genéticamente predeterminados para la violencia (por ello, nos referiremos a él, a lo largo de toda la lectura, pues es considerado un ser más violento desde la prehistoria, pero debemos recordar que este problema se da tanto en hombres como en mujeres). Pero entonces nos preguntamos ¿Porqué no todos los hombres son violentos? Y ¿Por qué los malos tratos van dirigidos solo a quien es físicamente inferior?

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Para responder a esta pregunta nos hemos de remitir a otro nivel: el psicológico. A pesar de que existen numerosas teorías psicológicas sobre la violencia, todas tienen una serie de puntos en común: el hombre violento tiene un problema psicológico o psiquiátrico que le hace sentir más vulnerable, inseguro y con baja autoestima, por lo cual siente la necesidad de compensarlo mediante la violencia, enfrentándose con su pareja. A partir de aquí, hay terapeutas que buscan las causas de la violencia en la infancia del sujeto y en los problemas que vivió al crecer, asumiendo que si vio violencia en el hogar, él mismo será violento, (ya sabemos que la educación lo es todo) y suponen que al resolver el problema psicológico el hombre dejará de ser violento con su pareja, pues las causas estarán solventadas.

También se ha explicado la conducta violenta como una expresión de su ira o enojo; de hecho, se ha creado una forma de tratamiento que permite a las personas ‘sacar’ su ira golpeando almohadas y objetos similares y gritando para expresar libremente esa emoción.

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Este tipo de tratamiento de conoce como ‘control de la ira’, y nos puede hacer plantearnos una cuestión: ¿el hecho de animar a una persona violenta a que golpee un objeto controlado, tal como una almohada, reduce su agresividad como dice esta teoría o la aumenta al reforzar sus manifestaciones agresivas y generalizar su respuesta a la vida real?

Cuestionamientos aparte, esta teoría supone que cualquier persona debe aprender a expresar la ira adecuadamente.

Otra explicación psicológica es la que supone que es la pareja la que está dañada, y no sólo el maltratador. Trata de esclarecer de qué manera ambas partes de la pareja participan como responsables de la violencia que existe. Esta interpretación ve a la pareja como un sistema que tiene cierto equilibrio, y cuando éste se rompe por influencia de una o ambas partes, surge el potencial para la violencia.

Otra explicación paralela es la psiquiátrica, que sugiere que la persona que maltrata y acosa tiene una enfermedad mental grave y por eso es violento con su pareja. Sus normas de razonamiento están fuera de las normas sociales, y por tanto se creería que es un psicópata. Esta explicación se usa especialmente cuando la violencia llega a niveles extremos. Sin embargo, esta teoría puede suscitarnos una pregunta: si la violencia es fruto de una enfermedad mental, ¿por qué es selectiva? Los hombres que son violentos en su hogar con sus parejas no tienen por qué serlo necesariamente en su trabajo, con sus amigos de fútbol o con otros miembros de su familia. En conclusión, podemos decir que sí hay casos en los que el hombre tiene un problema psiquiátrico y por eso es violento con su pareja, pero son verdaderamente raros en comparación con el número de casos en los que no existe una enfermedad psiquiátrica.
Para dar una explicación a porqué la violencia en estos sujetos es selectiva, o lo que es lo mismo, no se reproduce en todos los contextos de su vida, hemos de remitirnos a otro nivel: el social-cultural: Según una importante teoría social existe una división establecida en muchos ámbitos: mujer – hombre; jefe – trabajador; etc., de forma que analiza la división artificialmente creada entre hombres y mujeres, que ha supuesto la creencia desde casi el principio de la humanidad de la superioridad del hombre sobre la mujer, y para mantener esa superioridad y dominio es imperante hacer uso de la violencia (aquí podemos comprobar a lo que lleva un alto grado de machismo/hembrismo en la sociedad).

De esta manera y según esta explicación, los hombres se han convertido en cuidadores y promotores de esa presunta superioridad sobre las mujeres, y para mantener esta dinámica social necesitan una forma de control social; siendo ésta la violencia doméstica. Esto constituye la base un sistema de relaciones sociales que usa a los individuos para imponer el control sobre sí mismos y sobre otros para usar sus recursos y reforzar el dominio del superior. La mayoría de las culturas acepta que la mujer tiene que ser inferior al hombre, y es éste último el que crea formas culturales que definen y refuerzan esta supuesta inferioridad de la mujer: los mitos y las tradiciones. El hombre violento obviamente apoya estas creencias porque él es quien obtiene beneficios.
No podemos omitir ninguna de estas aproximaciones a la hora de entender las causas de la conducta del maltratador: cada una de ellas tendrá su cabida, en menor o mayor medida, en la construcción de cada uno de estos individuos.

No obstante, sea cual sea la causa comportamiento de una persona así, siempre tiene una repercusión sobre los demás. Sí, nos referimos a la víctima.

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La víctima
?La autoestima y el valor que estas personas se dan a sí mismas es muy bajo, y nada tienen que ver con su nivel intelectual. ?Ya sea una mujer de clase alta como un hombre muy humilde, el maltrato aparece de la misma manera y ocasiona en cualquier persona, independientemente de su sexo, efectos comunes. ??

Ausencia de cariño y afecto?
A menudo son personas con un historial muy pobre de cariño y afecto.
Procedentes de familias en las que se han valorado otras cosas, están acostumbradas a ser poco valoradas por el entorno o a que no se les preste atención, con que, cuando su pareja lo hace en los primeros momentos, les resulta algo normal o al menos conocido. Lo pueden incluso aceptar como parte habitual en sus relaciones y no se quejan hasta que es demasiado tarde.

?Realmente, el hecho de tener alguien con quien compartir sus vidas, las convierte en muy dependientes de esta relación y es un factor que ayuda a la perpetuación del problema

Poco valoradas?
También aparece en este tipo de personas un concepto de sí mismas muy pobre, no desarrollando sus potenciales en otras áreas, ya que se quedan aisladas en la casa; algunas bien situadas y con trabajos estables si consiguen valorarse a sí mismas por los logros en el trabajo, aunque las demás áreas se vean afectadas. Tengamos en cuenta que una víctima de maltrato poco a poco se encuentra más aislada de su entorno social y sus relaciones interpersonales disminuyen desde el principio, ya se encarga el maltratador de inculcar miedo para que no pueda comunicarse con nadie.
Falso concepto de la pareja?Otro frente importante de problemas para la víctima está en su razonamiento sobre las relaciones interpersonales, lo que significan para ella y sobre todo a nivel de pareja. Un hombre o mujer así va a tener muchos déficit o muchos pensamientos erróneos que también van a ayudar a que se mantenga impasible ante el problema.?Suelen elegir a personas que aparentan seguridad en sí mismas, lo cuál se contrapone a su propia personalidad y por ello aprenden en un primer momento de la relación a idolatrarlas.?Se produce una ilusión ante la relación que es un engaño ya que nada es tan bueno. Su necesidad de protección las lleva a buscar a este tipo de personas, realmente, más tarde esto se vuelve en su contra.

Los demás importan más que uno mismo?Debido a su necesidad de afecto y de valoración por parte de los demás, se dedican a dejar de lado sus necesidades y a cubrir las de su pareja, con el fin de no ser abandonadas y de ser queridas para siempre. ?Es una dedicación absoluta que demuestra su dependencia emocional. Llamadas a todas horas, necesidad de estar juntos en cada momento, preocupación excesiva por todas sus cosas; todo esto es el caldo de cultivo que ayuda al maltratador a empezar a actuar. ?Sabe cuales son los puntos débiles de su pareja y la atacará por ahí. Por eso son habituales las críticas, los resentimientos, las culpabilidades, etc. La víctima acaba por creerlo todo y se hunde en un pozo sin salida.

Miedo a la soledad?También aparece un miedo a la ruptura y a la soledad cuando todo acaba , de tal manera que esto les ayuda a mantener la relación. ?Por otro lado, cuando termina se encuentran perdidas y por ello a veces vuelven a perdonar al agresor o agresora y se citan de nuevo de vez en cuando bajo la idea de que no volverán a engancharse. Cuando lo lógico sería no querer volver a verles nunca más.

Estas situaciones pueden durar años debido a que ambas partes funcionan de manera patológica, sino no se podría entender el aguante del maltratado durante años.

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