El romanticismo

El romanticismo
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Hacia el Renacimiento, la visión que el hombre sostenía de su relación con las mujeres, cambió radicalmente. Pasamos de sociedades matriarcales (donde la mujer sostenía un gran poder), a sociedades equilibradas para, por último, esquemas sociales donde el hombre pierde sus valores y autoestima, considerando que la mujer es un ser especial que debe ser ensalzado y adorado. Y que ésta es la única herramienta para conseguir su amor.

Pero… ¿son las mujeres las románticas? ¿O lo son los hombres?
El sabio refranero español dice que ‘cree el ladrón que todos son de su condición’. Y esto es lo que ocurre con hombres y mujeres. Ambos se acusan de cosas de las que no son en absolutos partícipes. Por ejemplo, las mujeres suelen decir que los hombres hablan con sus amigotes de cómo hacen sexo con sus mujeres, con detalles totalmente explícitos. Y los hombres acusan a las mujeres de ser demasiado cariñosas, empalagosas y plastas.

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El resultado es que ningún hombre alardea en los vestuarios del gimnasio sobre cómo se folla a su novia, cosa que sí hacen ellas (y con demasiados detalles) y, por supuesto, no es la mujer la ‘plasta’ que tanto desea escenas de ensueño sino más bien el hombre (haciendo patente su debilidad). Y este perfil se ha visto reforzado por la gran cantidad de poetas, cocineros creativos, estilistas, cantantes y otra serie de personajes públicos que hablan del amor mucho más que ellas.

Curioso, ¿verdad?

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Esto se podría resumir con la siguiente frase:

‘El romanticismo es como el maquillaje en las mujeres. Si hay mucho, asusta’.

Y así es como se siente una persona, asediada por regalos y constantes palabras de amor. Agobiada, asustada. Ni la más pastelona y empalagosa de las personas desea más amor del que ella da, porque eso significa que la persona que ejerce tanto amor se está desgastando, está perdiendo su centro, y eso es lo que lleva a una persona a rechazar la debilidad de su compañero sentimental

Pero, ¿por qué sucede esto? ¿Por qué dicen que les encanta y luego reniegan de ello?
Bueno, básicamente una persona busca en otra una personalidad fuerte, un carácter bien forjado, una posición decidida, con iniciativa, sin radicalidad. Sin machismos o hembrismos. Buscan que esa persona tenga su personalidad, su espacio, sus amigos, su vida. Cuanto más esté desarrollada su vida, más anhelarán formar parte de ella.

Pero, ¿de qué se enamora una persona entonces? Pues de una persona QUE NO CAMBIE POR SU PAREJA. Claro que… quizás una persona adolezca de una baja autoestima, sea dependiente afectiva de su pareja y, por ende, necesite controlar la vida de ésta. ‘Si controlo lo que hace, tendré ‘más puntos’ que él; habré controlado una vida que a mí me parece totalmente inabordable’. Si para una persona es valioso crear amistades, hacer negocios, tener un buen coche, superarse deportivamente… y resulta que todas esas ‘tareas’ acaban superadas por un amor desbordado hacia su pareja, la persona amada se sentirá por encima de todo eso que la persona cuida y ama, lo cual, en personas que buscan imposibles por su dependencia afectiva, les resultará aburrido, un objetivo logrado, y querrán cambiar de objetivo cuanto antes.

Digamos que darle la vuelta a la cabeza y conseguir que una persona se desviva por su pareja en lugar de por su vida, es una forma de romper con aquellas cosas de las cuales tiene celos. ‘Ama a esas cosas más que a mí, tengo que evitarlo’. ¿Cuál es la consecuencia? Que el innegable atractivo de una persona que había construido su vida en torno a varios objetivos, y que ahora hace su vida de una forma romántica y fuera de lugar por su pareja, HACE QUE TODO EL GANCHO SE EVAPORE POR COMPLETO. Que todo sea menos interesante que su pareja hace que se apague el interés.

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Una persona entregada NO es deseable.

En ningún momento decimos que estar enamorado es perjudicial. Hablamos de no entregarse (para lo cual existe una lectura al respecto). Hablamos de una persona cuya personalidad fluctúa, únicamente porque su pareja ha decidido tener como objetivo que acabe viviendo más por ella que por sus deseos. Consecuentemente, ésta será una persona DÉBIL. Y una persona débil carece por completo de personalidad fuerte, de un carácter forjado y, por supuesto, de una posición decidida, con iniciativa, en ningún plano de la vida.

Con todo eso acaba el romanticismo.

No obstante, muchos siguen empeñados en ver realidades donde no las hay. En dejarse llevar por películas, novelas y canciones donde el amor lo es todo y donde el sufrimiento por su pareja sea su motor de vida. Obviamente, es posible que les mueva, pero no de un modo y hacia un objetivo que las parejas consideren enriquecedor.

¿Se puede seducir con el romanticismo?
Tal y como hablábamos, un poco de romanticismo es agradable. La pareja se sonríe, la persona que es romántica se siente creativa e importante. Un pequeño regalo, o una frase dicha en el momento justo, es algo que puede dar un buen empuje a una relación y hacerla vibrar un buen tiempo.

Sin embargo, para la seducción el romanticismo está totalmente fuera de lugar. ¿Cuántas veces y en cuantos medios se nos ha hecho ver que con unas simples flores una mujer acababa perdidamente enamorada del protagonista? ¿Sucede esto en realidad? Bueno, no tenéis más que preguntar a vuestros amigos o conocidos, las veces que han regalado flores y qué ha ocurrido con ellas.

Una persona que recibe flores de un admirador secreto se extraña, pero no se enamora. Incluso puede agobiarle.
Una persona que recibe flores de su ex (a quien acaba de dejar), lo interpreta como un chantaje emocional.
Una persona que recibe flores de alguien a quien ya conoce pero no quiere nada con él, se siente comprometida, presionada.
Una persona que recibe flores de alguien por quien empieza a sentir algo, pueden decepcionarle: esa persona se está volcando más de lo deseado en los primeros momentos de relación.

La lista de situaciones es muy larga, pero el resultado el mismo. Flores, bombones, poesías o regalos hipercreativos son el comienzo del declive de esas relaciones primerizas, en las que una persona cree que demostrando su amor en los primeros meses conseguirán que su pareja se pegue a él como una lapa.

Algo RACIONALMENTE INFUNDADO.

Además, hay que tener muy en cuenta que si bastara ser romántico para conquistar o mantener un amor, los San Valentines, las cajas de bombones y las flores serían verdaderas armas pesadas de combate en el amor. Es decir, bastaría para que tú, lector, llegaras a un desfile de modelos, subieras a la pasarela, entregaras a tu modelo preferido un gran ramo de flores, y éste cayera totalmente desmayado/a de amor.
Y con un inaudible hilo de voz, te jurase amor eterno.

Nadie se vende por regalos, las cosas no funcionan así. Los regalos y las grandilocuentes demostraciones de amor, sólo tienen como resultado el rechazo de la persona que lo recibe, que percibe debilidad.

Así, todo lo que consideremos una idea brillante para atraer a alguien, se perfila como una idea insulsa y vacía, que hará perder dinero a quienes las compren y esgriman. Es lo que ha ocurrido durante muchísimo tiempo, y por lo que las relaciones son más problemáticas de lo que debieran.

En empareja2.es demostrado lo equivocadas que están las personas durante tanto tiempo, quizás demasiadas generaciones. El romanticismo no existe, y si existe no funciona. Las evidentes muestras de amor creativo para conseguir o recuperar el amor de una pareja, suelen tener el NO como respuesta. Así pues, ya es hora de hacer caso al cruel resultado de un patrón de actuación, repetido estúpidamente hasta la saciedad y con el que no se obtiene absolutamente nada.

Tenemos que enamorarnos siempre, pero jamás entregamos románticamente por una pareja. Hay que mantener el Centro.

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