El sexo anal

El sexo anal
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Hay sólo un tema secreto menos expuesto de modo natural que la masturbación: la práctica del sexo anal. Sus adeptos no suelen ir contándolo por ahí, porque desde nuestra infancia se nos ha enseñado que ésta es la parte más sucia de nuestra anatomía y que tocarla, pero aún, gozar de ella, es no ya vergonzoso, sino pecaminoso. Pero NO lo es. Quienes disfrutan de la estimulación anal, sea su orientación sexual la que sea, y ya sea mediante simples caricias o con penetración, no son en absoluto pervertidos ni anormales.

El ano, al igual que la vagina, tiene terminaciones nerviosas sensibles, se congestiona durante la excitación y participa en las contracciones orgásmicas, por lo que es lógico que las caricias y una mayor o menor presión en esta zona causen placer a muchas personas.

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En cuanto a la penetración anal: cuando se trata del hombre es la forma más efectiva de estimular la raíz de su miembro y su próstata (el punto G masculino, mejor aún, el punto P). A algunos chicos esto les basta para correrse, otros lo logran si se masturban a la vez. Por su parte, las chicas que se apuntan aseguran sentir sensaciones tanto vaginales como en el interior del recto y en el periné cuando al mismo tiempo se estimulan el clítoris. Otras, las menos, dicen tener orgasmos anales sin más estimulación que la penetración rectal.
Se calcula que alrededor del 25% de las parejas heterosexuales con menos de 35 años han probado alguna forma de penetración anal, y es probable que el porcentaje no sea mayor por vergüenza. Muchos chicos desearían probarlo (tanto penetrando, como siendo penetrados), pero no se atreven a pedirlo pensando en que puedan ser tildados por ello de homosexuales. Pero no hay razón, porque entre los heterosexuales se trata de una fantasía muy común.

En cuanto al peligro, sin duda existe. Se considera una actividad de alto riesgo debido a la facilidad con que uno puede transmitir o contagiarse de alguna enfermedad. Por ello es imprescindible utilizar preservativos de calidad y no introducir en la vulva, vagina o boca nada que haya entrado en contacto con el ano sin lavarlo previamente, sea un pene, un dedo, la lengua o un juguete sexual.

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ANALINGUS
Consiste en la estimulación del ano mediante la lengua, la boca o incluso los dientes. Puede ser muy placentero, pero como tiene sus riesgos es conveniente usar un parche de látex de los que se comercializan para estas prácticas (también usado para el cunnilingus) o hacer uno cortando un preservativo. La posible excepción, si se mantiene una relación estable, ninguno de los miembros padece ninguna enfermedad de transmisión sexual y ambos son monógamos o ambos toman precauciones durante algún encuentro “externo”. En esos casos si ambos no usan ningún método de barrera, una vez finalizado el encuentro, el “dador” deberá enjuagarse a conciencia su boca, ya que existen variedad de bacterias que pueden provocarle una infección tanto bucal como estomacal. Por descontado deberán abstenerse de besarse durante esta práctica.

IDEAS DE QUÉ SE PUEDE HACER
. Estimulación exterior. Probar diferentes formas: el lametazo largo, intenso, muy mojado en nalgas, perineo, orificio rectal (prohibido acercase a la vagina), el rápido revoloteo lingual, como alas de mariposa, directamente en el ano; succiones de diferente intensidad, mordisquitos delicados… Movimientos de lengua rotatorios, arriba-abajo-arriba, laterales, con mayor o menor rapidez y/o variando el ritmo. Aún más: espirar lentamente aire caliente sobre sus partes prohibidas (no en el interior del recto), jugar con agua a diferentes temperaturas, colocarse un cúbito de hielo en el interior de la boca para que la lengua esté fría. Experimentar. Todo vale entre adultos que actúan voluntariamente; todos menos la brusquedad (salvo que sea pedida).
. Beso negro. Introducir la lengua en el ano, moldeándola y acoplándola con suavidad. De hecho, costará. Recordar: mejor empezar poco a poco, siempre se está a tiempo de moverla con más rapidez o más fuerza. Moverla con rotaciones, de empuje y retirada, laterales y más o menos rápido.
. Y no olvidarse de las manos. Mientras la boca se concentra en el ano y el periné, las manos pueden acariciar otras partes del cuerpo de la pareja, incluso masturbarle. Si se prefiere concentrarse en lo que se hace, la pareja puede, si quiere autoestimularse.
. Mientras se está siendo estimulado, el “dador” agradecerá una palabra de aliento, un gemido complaciente o una indicación de lo que desearía recibir. Y evidentemente, si no le gusta, debe pedírsele al “dador” que pare.

DEDOS, PENES Y JUGUETES SEXUALES
La penetración anal con uno o varios dedos, con el pene o con un juguete sexual (plug anal, dildos, bolas tailandesas, vibrador, etc.) requiere cierta pericia: hay que hablar del tema con la pareja y saber lo que cada miembro quiere y espera del encuentro, prepararse físicamente –preservativos y lubricante- y tomárselo con mucha, mucha calma.
El recto no tiene la elasticidad de la vagina, por lo que:
. La persona que vaya a ser penetrada debe sentirse confiada, cómoda con la situación, estar muy relajada y tener un alto grado de excitación. Si está insegura o nerviosa, su ano se agarrotará y cualquier intento de penetración sólo acarreará dolor.

. Ser generoso en el uso de lubricante en gel. Implicar untar el ano del receptor y el dedo o dedos, pene o juguete sexual elegido para la penetración. No servirse de cualquier cosa, usar el sentido común. IMPORTANTE, consejo y recomendación es practicarlo solo con parejas estables y sanas, en caso contrario es imprescindible el uso del preservativo.
. Actuar con gran delicadeza. No se puede practicar el coito anal con la ligereza y despreocupación con que muchas veces se realiza la cópula vaginal. Prohibido embestir o hacer cualquier brusquedad.
ALGUNOS CONSEJOS PARA EL “DADOR”, es decir, la persona que penetra

Antes de nada, el coito anal no debe afrontarse en frío. Es INDISPENSABLE que el receptor esté previamente muy excitado y muy bien lubricado. Si no lo está será más que probable que se le cause daño.
Aunque se pretenda la penetración con el pene o un juguete sexual, probar primero con un dedo (obligatorio si se es primerizo). Debe estar limpio con la uña corta y bien limada, a ser posible enfundado en un guante de látex y, sobre todo, convenientemente lubricado. Introducirlo lentamente, tan solo la primera falange, y detenerse. Es posible que el ano se tense y la pareja tenga la sensación de que necesita defecar. Esperar un poco para acostumbrarse a esa sensación. No tener prisa, darse tiempo para acostumbrarse a las nuevas sensaciones. Para continuar mover despacio el dedo en círculos, lateralmente o en un vaivén de entrada y salida. Preguntar si la pareja está bien; qué necesita, qué le gustaría y fijarse en las reacciones: a veces un sutil movimiento puede indicar que le está gustando, y por lo tanto, que se debe seguir.

Si por el contrario molesta, duele o irrita la práctica, parar de inmediato. Puede que simplemente no sea lo que esperaba y la persona prefiera dejarlo. En ese caso, respetar siempre su voluntad. O puede que si quiera pero necesite una mayor estimulación genital previa para excitarse y estar más receptivo/a. No forzar en ningún caso la situación: el objetivo de esta práctica es el placer, si el efecto es el contrario, ¿para qué seguir?

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Si todo va bien y cuando la pareja dé su aprobación, se puede meter un segundo dedo, teniendo en cuenta lo dicho anteriormente. Lo habitual es que dos dedos equivalgan al grosor de un pene o de un juguete sexual, o sea que tras jugar un rato en su interior, y si ambos miembros están de acuerdo, se pude plantear dar un nuevo paso.
El nuevo paso, será introducir primero muy lentamente el glande del pene o un par de centímetros del juguete sexual, y esperar un poco para que su cuerpo se adapte. Después si ella/él dan permiso, se puede seguir, pero recordando que el recto no es elástico y que se curva. Por lo tanto lo ya mencionado, nada de penetraciones bruscas y a la más mínima queja, hay que detenerse.
Una vez finalizado el encuentro, la retirada del dedo o dedos, pene o juguete sexual deberá realizarse lentamente, sobre todo si se ha producido el orgasmo del receptor, porque la musculatura puboccicógea (PC) se habrá tensado. Después de quitar el guante de látex o el condón, lavarse y limpiar los juguetes sexuales con abundante agua y jabón.
La próstata o punto P merece una mención especial. Si se quiere estimularla, recordar que se trata de una masa firme y redondeada del tamaño de una nuez que se encuentra a unos 2,5 cm en la pared interior o frontal del recto. A veces parece escondida por los tejidos que le rodean. La mejor postura para estimularlo será boca arriba con las piernas flexionadas, con las rodillas cercanas al pecho, o a cuatro patas. En ambos casos al “receptor” le resultará fácil masturbarse a la vez que recibe su estimulación rectal.
Para masajear el punto P, usar la yema del dedo índice (el más controlable) y probar con diferentes técnicas: hacer que vibre en un movimiento rápido, acariciarlo en un vaivén dentro-fuera-dentro o trazando círculos, probar a presionarlo con más o menos intensidad y, por supuesto, pedirle instrucciones. Si el “receptor” pide parar, hacerlo y no insistir: a muchos chicos no les gusta esta práctica y sienten irritación, incluso dolor.

POSTURAS PARA EL SEXO ANAL
Cualquier postura es apta, pero las más comúnmente utilizadas son:
. Desde atrás. Probablemente la número uno. Permite que la chica estimule su clítoris a la vez que está siendo penetrada y que el chico se masturbe si es él el “receptor”. Facilita una penetración profunda, con cuidado.
. Misionero. Posibilita la masturbación del receptor. Favorece la comunicación oral y permite tocar otras partes del cuerpo. Según las necesidades, pueden colocarse almohadones debajo del trasero del “receptor”.
. “Receptor/a” encima. La persona que va a ser penetrada –sea chico o chica- se coloca a horcajadas sobre el “dador”, que estará acostado sobre su espalda. Esto da al “receptor” un mayor control del ángulo de profundidad de la penetración, además de permitirle masturbarse o ser masturbado.
. Cuchara. Es la postura ideal de las parejas con tamaños dispares, para momentos de cansancio o para tomarse el encuentro con mucha calma. No favorece la penetración en profundidad, lo que probablemente es mejor, pero sí posibilita la masturbación del receptor/a.

Una última advertencia: aunque se haya accedido e incluso se haya tomado la iniciativa en proponer el sexo anal, la opción de cambiar de opinión es algo absolutamente legítimo y respetable. No hay porque sentirse culpable por interrumpirlo. Tal vez se pueda intentar en otra ocasión. Y si se toma la opción de nunca más, tampoco hay que dramatizarlo; hay otras prácticas y cada uno está en su derecho de negarse a cualquier práctica sexual que no desee realizar. Es el placer de cada uno y el cuerpo de cada uno. Cada uno decide y manda sobre sí mismo.

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