¿Es mejor el sexo en relaciones que van mal?

Decía Sabina que ‘amores que matan nunca mueren’. Y es cierto: aquellas relaciones en las que no hay amor continuo lo hay a intervalos, para dolor ininterrumpido de las dos personas que, supuestamente, se quieren.

Si has estado en una de esas relaciones en las que el amor es intermitente, donde hoy va bien, mañana no hablamos, pasado discutimos, al siguiente celos, al siguiente sexo, al siguiente viaje juntos, al siguiente ‘no sé si esto es una buena idea’, al siguiente ‘tenemos que dejar de vernos’, al siguiente ‘te quiero para siempre’… si vives o has vivido esto sabrás que es de lo más adictivo que puede vivir persona alguna, básicamente porque si una persona te desprecia y sigues a su lado estás dando como bueno su mensaje de desprecio. Es decir, si alguien no quiere estar contigo, alude a alguna razón en concreto y tú permaneces a su lado, estás otorgando la razón a esa excusa negativa sobre ti. Estás reconociendo que eres lo que esa persona dice.

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¿Qué te proporciona esto? Una merma de autoestima constante. Un martilleo a tu fuerza de voluntad, a tu autoconcepto. En pocas semanas o meses te sentirás mucho menos de lo que eras al principio de la relación, y tendrás una adicción fortísima por esa persona, básicamente porque necesitas tu dosis diaria de autoestima, esa que ha ido cayendo en picado al tú soportar la negatividad de una relación que se tambalea.

Esa necesidad de aprobación al perder tu centro, tu estabilidad, al debilitar tu energía, te hace perseguir a una persona con la que hay más cosas buenas que malas, pero tú te empeñas en enmascarar todo eso malo, que puede ser el 90 por ciento de la relación, aludiendo a unas pocas palabras de cariño, un mensaje con un ‘TQM’ o algún otro detalle sin importancia que debería no restar importancia a todo lo que sufres mientras estás en esa relación.

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Sin embargo, te es difícil desprenderte de la persona con la que te sientes a gusto y a disgusto, por partes no demasiado iguales. El problema añadido es que la otra persona suele depender de esa fijación, de ese desgaste tuyo, de esa idolatría que le encumbra, como mínimo, a la divinidad, así que si te alejas un poco comprobarás que enseguida te llama, te promete, te mima, te cuida… demostrando que sólo te quiere en tanto en cuanto tú desprecias la relación.

Alguien que sólo te quiere cuando tú pierdes el interés.

Cuando hay una gran discusión, un desacuerdo, un enfrentamiento, un insulto, una falta de respeto, unos días sin hablaros y os reconciliáis… lo hacéis, por lo general, en la cama. Entonces, ahí, el sexo es apasionado y lleno de ardor, de fuego, de sensaciones extremas. Uno piensa, entonces, que ‘el sexo en una relación turbulenta es mucho mejor que en una tranquila’, pero eso no es cierto.

Lo que ocurre es que una persona necesita amor, en principio de sí mismo. Si no lo tiene, tendrá que recurrir al que le dé otra persona. Y si esa persona no se lo da en el grueso de la relación, tendrá que dárselo en los pequeños momentos sexuales, donde la compenetración tiene que ser total. Porque en el sexo no hay momento para la disputa ni la desigualdad: en la cama todo el mundo se lleva bien. Por ello, en el momento en el que las dos personas que se acercan y se alejan constantemente tienen sexo, consiguen toda esa ‘dosis’ de amor que deberían tener en el resto del tiempo de la relación, pero lo reciben de forma ‘comprimida’, en una sesión de 15, 30, 45 minutos, o el tiempo que dure el sexo.

Ese encuentro, esa entrega es, entonces, apasionada, incluso feroz, porque manifiesta el deseo de uno o ambos de necesidad de afecto no resuelta.

El sexo en otras relaciones que va bien no es quizás tan apasionado porque no hay falta de cariño en el resto de la relación, pero el amor que dan y reciben fuera del sexo les hace más felices y les compensa, sin importarles demasiado el restarles algo de pasión desatada, una pasión que, por lo general viene anidada a desencuentros personales y amargas discusiones.

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No creas nunca en el amor apasionado que surge de una relación con problemas. No creas que tu deseo, o el de otra persona por ti es menor al ir bien tu relación, haciendo que el sexo no sea explosivo. No creas que el embarcarte en una relación donde consigues felicidad y tranquilidad es algo que no va con el amor, sólo porque al compararlo con tu anterior pareja, con esa que te llevabas mal, el sexo era extenuante.

No creas, por tanto, en los amores que matan, porque la felicidad que puede darte una relación no tiene nada que ver con los malos rollos que sufres en una relación llena de idas y venidas.

El amor está para disfrutar, no para sufrir.

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