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Primavera
Flores, sol, amor. Parecieran los elementos fundamentales que componen el escenario de esta época del año. El inicio de la primavera marca un cambio en el estado de ánimo de la gente. Luego de los días cortos y oscuros del invierno, la primavera nos invita a disfrutar de jornadas soleadas al aire libre, a abandonar el letargo del frío y a incrementar nuestra vida social y afectiva con amigos y en pareja.

En principio, debemos considerar que el ser humano se encuentra en estrecha relación con su medioambiente. El hombre está en relación con el entorno que lo rodea y es afectado por éste. Por lo tanto, los ciclos de la naturaleza, como por ejemplo, el día y la noche, y en este caso, los cambios climáticos, influyen en su comportamiento’.
La predisposición a la vida social y afectiva encuentra su causa biológica en el cuerpo y en la extensión del día luminoso, ‘la glándula pineal o epífisis, que gobierna las funciones cíclicas del organismo, es afectada por la mayor exposición a la luz solar’, sostiene Beguet. De esta forma, la melatonina, hormona segregada por la pineal, disminuye su cantidad predisponiendo a un mayor dominio de la actividad diurna.

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Se encuentra inscripto en la cultura que la primavera es un tiempo de mayor placer y disfrute. Mientras que el frío retrae, las altas temperaturas generan apertura.

Las relaciones amorosas se multiplican a causa de los factores ambientales originados en la primavera. ‘La gente se encuentra más proclive a enamorarse. El predominio de los estímulos, especialmente visuales, por ejemplo, la mayor exposición del cuerpo, incita el deseo sexual’,

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Generalmente, se trata de relaciones pasajeras debido a que están motivadas por tan sólo uno de los componentes que pesa en el enamoramiento. De todas maneras, un primer contacto físico no implica necesariamente un vínculo efímero, aunque el período climático lo favorezca.

Verano
Predisposición positiva por nuestra parte para iniciar una relación, muchas horas de sol, cuerpos descubiertos, poco lugar a la imaginación y en una noche surge el amor, hablamos de las parejas que comienzan en verano.

No hay preocupaciones, estamos dispuestos a tirar la casa por la ventana y aprovechamos estos momentos únicos que nos brinda cada verano.

Nos decimos ¿y por que no? Vamos a intentarlo, aquí viene la primera problemática. Si tu pareja es de fuera de tu ciudad todos esos buenos propósitos que se firman en un anochecer cálido de verano se van diluyendo con el paso de los días. La distancia impide el contacto físico y poco a poco la relación se degrada, empezamos a ser personas susceptibles porque podemos preferir agarrarnos a alguien que esté más cerca de nosotros para disfrutar una relación plena. Los fines de semana y puentes son poco porque vamos queriendo cada vez más y al final por una parte u otra se termina.

Desde otra óptica, la de las parejas consolidadas, el verano se convierte en un arma de doble filo

Se empiezan las vacaciones con mucha ilusión, un estar juntos todo el tiempo y por desgracia como solución de problemas que existen dentro de la pareja y que no son capaces de solucionar. Piensan que un viaje lo arreglará todo y no es asi. Surgen disputas, un simple atasco puede ser la chispa que encienda una mecha muy corta que conecta a un barril de pólvora gigantesco.

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No es casual que después de las vacaciones sea el momento en el que una gran parte de las parejas ponen punto y final a su relación. De hecho, en los meses de septiembre y octubre, después de convivir muchas horas seguidas con el cónyuge, se disparan los divorcios y separaciones según datos del Instituto Nacional de Estadística.

Sin embargo, las vacaciones no vienen mal a todas las relaciones de parejas. Para muchos individuos, los meses estivales suponen una oportunidad para enriquecer sus relaciones sexuales y recuperar la libido perdida por el estrés laboral y las preocupaciones del resto del año.

Dependiendo de lo bien que funcione una relación el verano será más o menos satisfactorio.

Por tanto surgen muchas parejitas en verano, muchos romances pasajeros aunque algunos o la inmensa mayoría mueren al terminar el verano, así como las relaciones más consolidadas por lo comentado anteriormente

Otoño
Enfoquemos el otoño como si empezara en Septiembre aunque no sea así sino a finales del mismo.

La vuelta a la rutina, los descubiertos de la tarjeta de crédito, menos horas de luz, no poder hacer lo que nos apetezca en cada momento y el no poder verse cuando se quiera, hacen tambalear los débiles cimientos sobre los que comienza una nueva relación iniciada en verano.

Con toda probabilidad amoldarse a la rutina, a los gustos de la otra persona y empezar a ponernos en nuestro sitio, puedan combatir estas cosas negativas asociadas de la vuelta de vacaciones.

No crearnos dependencia hacia nuestra nueva pareja desde el primer momento, aunque al principio sea difícil. Queremos estar con esa chica tan especial en todo momento, pero ya sabemos que, si lo hacemos así, desde ese momento estaremos quemando la relación.

Respecto a las parejas ya estables
Las rupturas postvacacionales se dan en parejas en crisis que esperaban que durante el verano los problemas se solucionaran. Expectativas que suelen frustrarse porque ni el estrés ni la falta de tiempo son responsables del deterioro de la convivencia.
La insatisfacción suele estar relacionada con otras cuestiones, como no saber ponerse en el lugar del otro, reparto desigual de poder, problemas sexuales o intromisión de las respectivas familias. De ahí que pasar más tiempo juntos en verano haga los desencuentros más frecuentes y resalte el alejamiento al que se ha llegado. Y cuando finalmente estalla el conflicto hay acusaciones mutuas y ninguno de los dos suele tener la culpa. Simplemente las necesidades psicológicas de ambos han cambiado.
Un alejamiento que hace que incluso aquello que nos atrajo de nuestra pareja acabe ahora por irritarnos. Y es que no es infrecuente que elijamos a nuestra pareja en función de nuestras carencias, intentando contrarrestarlas, con la falsa creencia de que así seremos felices.

Por tanto podemos deducir que las crisis o se solucionan antes o en estas fechas se producen las rupturas posteriores.

Y con los datos del colegio de abogados

Podemos hablar de hasta un 15 por ciento más respecto a la media del resto de los meses del año.

Un tercio de las parejas que se separa lo hace justo después del verano.

Unas vacaciones en un lugar idílico no son la solución a una crisis de pareja, como muchos se empeñan en creer.

Vamos a suponer que estos problemas de volver a la rutina se han superado y que hablamos de parejas que caen en los errores tan comunes de entrega desde el primer día. Llegamos por tanto al…

Invierno
La relación va avanzando pero los días en cambio se hacen más cortos, entra el invierno, lluvia, frío, las posibilidades se limitan, toca quedarse a cubierto y es aquí cuando pueden surgir las disputas, porque a nuestra pareja comparta las mismas aficiones o sus gustos sean distintos. Entonces surgirán disputas con las frases típicas de ‘quieres irte a hacer tu cosas’, ‘no te fijas en mi’ etc etc….

Aquí es donde debemos continuar siendo fieles a nosotros mismos y marcar unos tiempos, tan beneficiosos para la relación, y hacer saber que esas son nuestras costumbres y no las vamos a variar siempre que la otra parte quiera.

Sin embargo en los meses de invierno no es cuando más rupturas hay: menor tiempo disponible para la pareja evita, en cierta medida, los agobios que en otras épocas del año pueden darse. Por otra parte, fechas señaladas, como la Navidad, hacen que prefiramos estar al calor de alguien que afrontar una crisis insostenible de frente y salir cada uno por nuestro lado. En tal caso hagamos caso a nuestras emociones, no estemos con alguien sólo por tratarse de esas fechas.

Este es el ciclo de las estaciones y su influencia en las relaciones, por tanto cuando vemos o pensamos que la mayoría de las rupturas se dan en verano estamos en lo cierto, pero por problemas originados en fechas anteriores. En cualquier caso, aunque el factor estacional puede influir hasta cierto punto, la auténtica causa de la ruptura se deberá a la ausencia de sentimientos, la falta de comunicación u otros factores intrínsecos de la pareja que, debido a la época del año en la que se encuentren, pueden saltar con mayor o menor fuerza.

Y pensemos algo muy importante:

Aunque la pareja es un asunto de dos, el amor a uno mismo no puede disolverse en el amor al otro. Aun amando apasionadamente, hay que quererse a uno mismo. Muchos de los más serios problemas que afrontan los humanos en las relaciones de pareja acontecen cuando, por una u otra razón, comienzan a devaluarse como personas, a sentir que valen menos, a sentir que la felicidad propia depende de la otra persona o a sentirse frágil y vulnerable y por eso se necesita de alguien más fuerte que nos proteja De todas estas creencias hay que alejarse, por lo tóxicas y corrosivas que son no sólo para el bienestar y la salud, sino también para la propia salud de la relación.

Formar pareja no es asunto sencillo, es tarea complicadísima, porque no basta con constituirla, también hay que consolidarla y esa es tarea de día a día, pero no es tampoco un imposible ni tarea de titanes. Es, sencillamente, tarea que se proponen, en común, dos seres humanos dispuestos a apostar juntos por un proyecto de vida que les haga más grata y realizada la existencia. Aceptando la individualidad de cada una.

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