Estoy indagando en aquella persona que sospecho que puede estar interesándole

Estoy indagando en aquella persona que sospecho que puede estar interesándole
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Tu relación iba viento en popa… pero sin saber muy bien porqué la cosa ha decaído en los últimos meses. Le has dado vueltas al asunto y te has percatado de que tu chica/o ya no te habla de ese compañero/a de trabajo que siempre aparecía en vuestras conversaciones de después de las comidas.

Además, casualmente, a tu pareja le ha dado por hacer horas extras prolongando su estancia más de lo normal en su lugar de trabajo. Sigues dándole vueltas al tema. Podría ser que le guste alguien de la oficina. Tienes una pequeña intuición. No dejas de pensar en el asunto y acabas dándole forma a tu teoría. Algo huele a podrido en Dinamarca.

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Estás decidido a comprobarlo por tus propios medios. Decides hacer de detective privado. Tienes que constatar tus sospechas. Te armas de valor y sales con decisión hacía el trabajo de tu pareja. Tu mente está repleta de temores, tu actitud es… patética. ¿Qué cojones pretendes conseguir vigilando a tu novia/o como si fuera un presidiario al que le han concedido el tercer grado?

Cuando intuyes que una tercera persona está comenzando a interferir en tu relación, lo peor que puedes hacer es perseguir a tu pareja de forma paranoica. Con ese comportamiento solo consigues airear tus inseguridades mostrándote más débil que nunca… cosa que precipitará irremediablemente tus tan temidos presagios: el fin de la relación.

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Es una locura que te martirices buscando pruebas del ‘delito’. Actuando así dejas patente que eres una persona sin la menor confianza en ti mismo/a… ni en ella/él, obviamente. Cuando comienza a mostrarse rara/o, lo único que consigues husmeando en su vida cotidiana es constatar tu total dependencia. La solución no es actuar visceralmente recurriendo a una técnica de acoso y derribo, sino hacer gala de tu amor propio… alejándote.

Piensa que la obsesión que te conduce a vigilar a tu pareja te predispondrá a ver ‘cosas raras’ cada dos por tres… pudiendo ser estas reales o fantaseadas por ti. Puedes acabar enloqueciendo a causa de tus descubrimientos, sin solucionar nada con ello e incluso quedando como alguien maníaco, controlador y plagado de inseguridades… es decir, la típica persona con todas las papeletas para que le den puerta.

Cuando la pareja deja de suponerte un complemento añadido para convertirse en un vicio de posesión, es porque el problema estriba en tu cabeza. Tu obsesión por poseer a otra persona es una prueba inequívoca de tu complejo de inferioridad. La solución es mostrarte fuerte, con seguridad y confianza… porque con esa actitud mantendrás intacto tu bienestar emocional sin caer preso de los peores consejeros que existen: los celos.

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