Etapas en la relación

Etapas en la relación
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Desde los inicios de la historia del hombre, donde los monos reinaban los árboles, hasta ahora, ha habido un proceso de adaptación necesario. Las costumbres, como otras características adquiridas a lo largo de la vida de un individuo, no pueden transmitirse a la descendencia.

Durante el curso de la evolución de los homínidos, los periódicos cambios climáticos dispararon cambios que concluyeron en evolución o extinción. Por ejemplo, el uso de las manos para la utilización de utensilios permitió que pudieran caminar en postura erguida, lo cual les facilitó la observación de sus alrededores. En resumen, ante una necesidad diferente a la que estamos acostumbrados, se requiere una adaptación.

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A lo largo de toda tu vida se han ido produciendo cambios, cambios condicionados por muchos factores, que amoldaron tu forma de ser. Desde pequeño has crecido de una forma en donde tu mente (y a la vez tu cuerpo) tomaba cada vez una forma distinta para adaptarse a las circunstancias.

¿Te acuerdas aquella vez cuando se murió tu perro y te pusiste muy triste? Te diste cuenta que ya nadie te volvería a la ladrar cuando llegues a tu casa, que nadie te lamerá la cara por la mañana cuando estés durmiendo, que no te dejara su ‘regalito’ fisiológico en algún rincón de la casa y que no te pelearas con tus hermanos para ver quien lo saca a pasear. ¿Fue muy duro verdad? ¿A que hacia tiempo que no te acordabas de el? Te dolió lo que paso, los primeros días, las primeras semanas, quizá los primeros meses, pero con el paso del tiempo veías que ese dolor menguaba y que incluso ya casi ni te acordabas de el, aun no teniendo ningún perro por la casa.

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Un día tu padre aparece con una caja en brazos y dentro descubres que te habían regalado otro canino. Al principio puede que no lo hayas querido, puede que te hayas notado reacio, aún cuando el chucho se interesaba por ti; tenías en mente aun a tu ‘Tobi’ y creías que no habría ningún otro perro igual. Aunque este otro no sea como él, no implica el hecho de que sea mejor o peor, sino diferente. Viviste experiencias y anécdotas nuevas, situaciones distintas. Con el tiempo comenzaste a cogerle cariño y te diste cuenta que mascota fallecida había entrado en el baúl de los recuerdos positivos.

Todo esto es un ejemplo de a lo que un día nos acostumbramos y al día siguiente ya no esta.

Comienzo de una relación
Tanto como si vienes de una relación pasada como si nunca has tenido una, has mantenido unos hábitos o rutinas donde no dependías de nadie mas que de ti mismo. No te preocupabas más que por ti, tu familia, tus amigos, tu trabajo. Si tenias algún problema ponías empeño y lo solucionabas tu mismo, o bien pedías consejo y apoyo a amigos o familiares. Cuando llegabas al trabajo lo único que echabas de menos era la cama…etc. Mantenías una vida cotidiana independiente hasta que un tren paso por la estación y te subiste a el.

Incluiste en tu lista a una persona más. En tu vida se va produciendo un cambio, tanto en tus sentimientos, como en tu actitud o costumbres. Nace el amor, crece el cariño, muere la amistad (si es que la había).

Comienzas a compartir cosas con esa persona, momentos, lugares, sentimientos.

Comienzas a acostumbrarte a ella, a su forma de ser, a quedar con ella los domingos, a que te llame por las noches, etc. Cosas que con el paso del tiempo te has ido habituando y era parte de tu vida cotidiana. Tu forma de vida anterior se va viendo alterada, pero como tu mente lo acepta como algo positivo, no le pone trabas. Incluso hay gente que sacrifica ciertas cosas, ciertas costumbres, para cambiarlas por otras donde este la persona amada. El caso más común son los amigos. Una persona ‘entregada’ hace lo posible (o lo imposible) para estar siempre con su pareja, o para mantenerla contenta, hasta tal punto de dejar de lado a los amigos, esos que incondicionalmente te dieron su apoyo en momentos malos y buenos y que se quiere sustituir por la pareja.
Grave error.

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Pasa el tiempo. Te acostumbras tanto a tu pareja que olvidas de la vida que llevabas antes. Te acostumbras tanto a tu pareja que no te imaginas una vida en donde no aparezca ella. Te acostumbras tanto a tu pareja no puedes aceptar que te haya dejado…

Cuando una relación se rompe, las piezas del jarrón roto se dividen en dos partes. Por un lado la persona que nos ha dejado. Por otro lado estas tú, con una gran desorientación, sin entender el por qué de la situación, sin saber que hacer para hacerle ver que lo que tu ex pareja ha hecho es un error.

Por tanto, te quedas como si estuvieras en medio del desierto, caminas sin rumbo esperando encontrar aquello que has perdido, pero nada mas lejos de la realidad; caminar sin saber a donde se va solo implica alejarse de lo que debe ser tu objetivo. Aclara tus ideas, analiza objetivamente tu situación, plantea tus metas.

El primer paso es reconocer que se ha ido; no aceptar que no estas más con esa persona y que los momentos cotidianos ligados a su antigua relación forman ya parte del pasado hace que dirijas tus pasos hacia un callejón sin salida. Este es un paso que cuesta asumir, sobretodo si la separación ha sido reciente, pero es la base del proceso de recuperación. Una vez asumido esto, comienza una nueva etapa.

Búsqueda de nuevas costumbres
¿Qué hacer? Te preguntarás ahora que las cosas han cambiado ¿Cómo seguir? Te preguntarás ahora que dependes de ti mismo.
Se abre ante ti un mundo de posibilidades.
Recuperaras aquellas viejas costumbres que habías sustituido por relegárselos a tu pareja; quizás ya sea hora de llamar a aquellos amigos a los que no veías hace tiempo, continuar aquel hobbie con el que pasabas horas y horas…

Por otro lado conviene adquirir nuevas costumbres; no estaría mal que comiences a hacer deporte, que conozcas gente nueva, hacer aquello que siempre has querido hacer pero que no te atrevías…
En definitiva, se han de rellenar los espacios vacíos que la ruptura ha dejado. En principio puede ser un trabajo arduo y los problemas se presentaran principalmente en ti mismo, pero poco a poco te iras adaptando a una nueva forma de vida que poco antes no veías posible.

A través de la reflexión uno se da cuenta de que el tiempo y la costumbre son dos aliados invencibles. Mientras uno pasa, la otra se hace más fuerte, así que aprovecha este factor en tu favor, y hazlo por ti mismo.
Muchos creen que vivir sin su ex pareja es una utopía, una utopía a la que querrían llegar. Pero eso es sólo la percepción personal durante los primeros momentos posteriores a la ruptura.

¿Para qué sirve la utopía?, para caminar.

Plantéate metas, y aunque te parezcan que son inalcanzables, inténtalo, que es intentando lo imposible como se realiza lo posible. Camina y deja que el tiempo y la perseverancia vayan tu lado.

¿Que no tienes ganas de hacer nada? ¿Qué no te sientes con fuerza para tomar la iniciativa?
La dependencia afectiva provoca que se fije nuestro mundo en un solo pilar: la pareja. Ahora éste ha caído y por tanto ¿ha caído tu mundo? Depende de ti. Habrás aprendido que debes dividir tu vida en distintos pilares, como la familia, los amigos, las actividades que te gustan… y dejar que tu pareja sea, simplemente, uno más.

Ahora toca reconstruirte, esta vez con una mejor base y mejores materiales que harán que en un futuro sea mucho más difícil que te derrumbes.

Por tanto, es hora de pensar un poco mas en ti mismo y aprender (o ‘reaprender’) a vivir sin una persona a tu lado. Esto o pasarte la vida auto compadeciéndote. Es tu elección.

La vida esta dividida por etapas, solo hay que saber afrontarlas.

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