¿Existe el amor para toda la vida?

Sí. De hecho existe el amor a uno mismo para toda la vida. Existe el amor a tu tierra, a tu familia y a amigos, toda la vida. Si te refieres a amor por una pareja, sí, existe, y la fórmula (aunque aquí no hablamos nunca de ‘fórmulas’) pasaría por la adaptación, la innovación, la improvisación, vivir el presente. Renovarse, reciclarse. ¿Cuántos matrimonios anclados en la rutina rompen? ¿Y cuántas parejas que viven en diferentes ciudades y tienen diferentes vidas a lo largo de los años, perduran durante décadas?

La fórmula no es querer a la misma persona bajo las mismas circunstancias todo el tiempo, sino querer a la misma persona en circunstancias diferentes, tanto por dinámica personal como de pareja. Esto es, hacer cosas uno mismo, para su propia vida, y aplicarlas a la relación que mantienen. Eso es lo que hace que dos personas vayan evolucionando y creciendo, sin que la falta de vida personal que tendrían por atarse a un matrimonio gris, opaco y estático les empuje a separarse.

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La fórmula es, por tanto, vivir por separado vidas intensas, y vivir esas vidas, el uno del otro, sin inmiscuirse mutuamente. Sin anularse ni controlarse. Como ves, toda la filosofía de la energía y el Yo (¿has leído mi último libro? Te ayudará a verlo con más claridad), enfocada a que una relación se mantenga con el paso del tiempo.

Respecto al período de enamoramiento: entre seis meses y tres años… Es posible… pero ni siquiera puede llegar a los dos años y, a partir de ahí, se volatiliza ese ‘amor’ mezcla de atracción física, sexo y dependencia afectiva. El enamoramiento, a fin de cuentas, NO ES OTRA COSA.

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Bien, pasado ese tiempo hay tres factores que anulan y canibalizan a los tres anteriores: amistad, complicidad y sexo. Esas son las tres premisas básicas para que una relación dure un tiempo indefinido. Desde dos años a cincuenta. Una vez se rompe uno de esos tres pilares, la relación puede tambalearse, pero ninguna pareja que tiene una buena vida sexual, les une una gran amistad y, al dormir en el mismo colchón se vuelven de la misma opinión, esto es, son cómplices en su forma de ver la vida, ninguna pareja que mantenga estos pilares, puede flojear.

Puede que surjan deseos de uno de los dos de tener otra vida, o tener otra pareja, pero lo hablado anteriormente acerca de vivir la vida de forma individual, y aplicarla a una cambiante vida en pareja, es lo que permite que no se manifiesten vacíos personales que la persona proyecte como carencias en su pareja. Ejemplo: ‘tengo que cambiar de vida, tengo que cambiar de marido’, cuando lo que en realidad necesita es llenar su propia vida, de la cual ha hecho responsable a su pareja cuando debería hacerse cargo ella misma.

Lo que dice el decálogo de las emociones: no busques en otra persona eso que te falta.

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