Factores a evitar en una conversación

Factores a evitar en una conversación
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Muchas veces te habrás preguntado ‘¿cómo entro a una chica’? ¿qué le digo? ¿cómo puedo llamar su atención? Y aunque aquí­ te demos la mejor y más impactante de las frases de seducción… ¿cómo seguirí­as? ¿De qué te vale conocer cien jugadas de ajedrez si tu contrincante te va a llevar por un camino distinto? Por ello, debes saber cómo mover tus piezas para no encerrarte en algo temido: ‘el rechazo’

Para empezar, cuando empieces una conversación no formules las preguntas habituales. Por habituales me refiero a dónde vive, qué años tiene, si sale mucho por ese pub. Evita las preguntas estándar porque, a no ser que le gustes muchí­simo a una mujer (y eso no es ninguna póliza de seguros para salir con ella), su reacción será la de pensar que eres poco original. ¿Te haces una idea de cuántos hombres entran a una mujer a lo largo de, por ejemplo, una noche en un pub?

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¿Por qué no hacer preguntas de este tipo?

Porque son preguntas especulativas y ellas perciben eso con una sensibilidad inusitada. En cuanto se den cuenta que estás buscando algo con ellas, especulando con una posible relación, ellas se frenarán en seco. ¿No desean las mujeres una relación? Si… y no. Las mujeres desean una historia de amor, no rellenar un formulario, chequear la casilla del ‘si’ e ir a la cama. Les gusta ser seducidas, no interrogadas o instadas a algún tipo de relación. Además, ellas saben perfectamente que, si haces estas preguntas significa que estás interesado en lo que ella tiene y no lo que es.

En el caso de que ella formule estas preguntas, debes desviar la conversación para hacer que tome cuerpo. Es decir, partiendo de una base superflua como es una pregunta tipo ‘¿vienes mucho por aquí­’?, debes convertirla para conseguir que acabéis hablando de algo más interesante. Si una conversación sigue por ese rumbo, es posible que no acabe demasiado bien o lleguen los temidos silencios.

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Así­ pues, cuando una mujer haga esas preguntas, puedes contestarle con humor para hacer virar el barco de la relación:

Ella: ¿Dónde vives?
Tú: ¿Dónde te gustarí­a que viviese?

¿Qué habrás conseguido con esto? Lo primero, no responder a su pregunta. Esto significa, por una parte, ocultar la verdad (ver otros temas) y por otra, un camino distinto para la conversación. Aunque vivas en un chalet de tres pisos o seas propietario de un hotel cinco estrellas gran lujo, deberás conquistar a la mujer por lo que eres, no por lo que tienes. No hables de tus propiedades.

Ella: ¿Estudias?
Tú: Bueno… me encanta estudiar una mirada bonita.

Vuelves a eludir la pregunta; si de verdad quiere interesarse por tu intelecto, comprobará que la rapidez y originalidad de tus respuestas ratifican que eres inteligente. Y se dará por satisfecha. Y si no, le creará una pequeña intriga sobre ti, cosa que no está de más. Como añadido a este piropo-indirecta, fí­jate que se habla de ‘una mirada’ y no de ‘unos ojos’. Decirle a una mujer que tiene una mirada bonita es mucho más penetrante y sensual que hablarle de sus ojos, cosa que habrán hecho miles de hombres antes que tú. Además, es posible que la chica no tenga los ojos bonitos, para la cual es perfecto hablar de su mirada.

Ella: ¿Trabajas?
Tú: ¿Quieres saber si soy buen partido?

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Con esta respuesta ella es capaz de temblar. Te verá tan, pero tan por encima de esas preguntas tontas, que no sabrá ni qué decir. En el caso de que sí­ tenga qué decir no creo que te haga esta pregunta. Y, si te la ha hecho y sabe responderte con un, por ejemplo, ‘en todo caso serí­as un buen partido depende de con quién lo juegues’, entonces chapó, has encontrado a una mujer de las categorizadas envidiables.

Ella: Venga… dime dónde trabajas
Tú: En un sitio donde cambiarí­a tu forma de ver la vida (y sonrí­es)

¿Respuesta agresiva? No… imagina el caso contrario, que le preguntas eso a una mujer y te dice: ‘un sitio donde tú cambiarí­a tu status’. Pensarí­as: ‘vaya… esta tí­a se las trae’. Aplicado a lo que ellas sienten estando delante de un hombre con ese talante, se trata de una respuesta irresistible, mucho más si se acompaña de una sonrisa. Hay que hacerle ver que estamos por encima de ella, pero con humor.

Ella: ¿Qué haces en la vida?
Tú: Intento sobrevivir, la vida de espí­a es complicada

Vuelves a desviar el rumbo de la conversación con una broma. Conozco a una pareja amiga que se conocieron con este tipo de toma y daca. Él le hizo creer que era torero y ella no hací­a más que preguntarle sobre esa supuesta profesión. Se creó entre ellos dos una gran complicidad con esa historia acerca del toreo… Hoy dí­a, llevan doce años juntos.

Ella: ¿Qué coche tienes?
Tú: ¿Cuál es el que más te gusta?

Si ella insiste en saber qué coche tienes, pregúntale que tienes el que ella quiera. Si te dice algo así­ como: ‘me encantarí­a que tuvieras un BMW’ y no parece ir de broma, mejor que tengas claro que esa mujer va a por tu dinero, no a por ti. Evita responder las preguntas sobre tus bienes personales si ella no muestra algún tipo de actitud bromista en el tema.

Ella: ¿Vives con tus padres?
Tú: ¿Ya se me ve tan viejo?

Está intentando saber tienes capacidad para vivir solo. Si bien para ellas es importante, debes entender que para una persona que acabas de conocer no deberí­a ser así­. Si ella quiere conocer tu situación financiera, se tratará de una persona interesada y con pocos valores.

Ella: ¿Qué te gusta hacer?
Tú: Lo que le gusta hacer a todo el mundo.

Probablemente ella te diga algo como: ‘qué poco original’, a lo que debes responderle con su propia pregunta: ‘¿Y tú sí­ eres original? A ver, qué te gusta hacer’. Quizá te dé una pista sobre algo que le guste hacer pero eso no es lo que te interesa. Te interesa seguir la conversación. Te interesa devolverle todas las pelotas que tire.

El miedo a los silencios

Puede llegar un momento en el que la conversación se quede parada. No tengas nada más de qué hablar. En esos momentos debes evitar, por todos los medios, de caer en EL SILENCIO. Hay varias técnicas que evaden el silencio, espacios de tiempo donde no hay comunicación (y a ti se te queda cara de tonto sin saber dónde mirar) en los que ella puede pensar: ‘Vaya… no era tan interesante como parecí­a’.

Técnica 1: No hables del tiempo. No hables de los próximos dí­as de puente. No hables de nada cotidiano. Es algo monótono de lo que se habla en un ascensor con un compañero de trabajo con el que nunca se habla. Evita utilizarlo tú… estás seduciendo a una chica, recuérdalo.

Técnica 2: Piensa en lo que vas a hablar mientras ella lo hace. Como suelen ser conversaciones triviales, piensa cosas mientras ella habla. No te perderás ningún dato importante, ella creerá que le prestas atención y, lo mejor, en cuanto ella acabe de hablar tú saltarás con una pregunta a una velocidad que le dejará sorprendida. Cuando ella esté respondiendo, sigue pensando. Hazlo durante el primer intercambio de impresiones o hasta que veas que estás más relajado y la conversación es más fluida.

Técnica 3: Preguntarle sobre tu vida personal. Por ejemplo: ‘Estoy pensando en irme de viaje a la India, ¿qué te parece?’ Es recomendable no abusar de esta técnica para no parecer alguien indeciso. Pero es importante que lo hagas de vez en cuando para tenerla a ella ocupada pensando en tu pregunta y, sobre todo, para hacerle ver que te interesa lo que ella diga. A las mujeres les encanta que los hombres tengan en cuenta su opinión sobre las cosas.

Técnica 4: Prueba a simetrizar tus recuerdos con los de ella. Es decir, cuando esté contándote algo, acuérdate de un hecho similar que tú hayas vivido. Cada palabra, cada frase, cada evocación, cada gesto intenta compararlo con tu historia. Esto creará una conexión más fuerte entre ella y tú y os unirá más.

Técnica 5: Relajarte. Es probable que sientas frí­o, tengas dolor de estómago, taquicardias, hables demasiado o apenas lo hagas (llegando el temido silencio), temblores… Todo lo que no seas tú (y todas esas cosas no eres tú), deben eliminarse relajándote. ¿Sabes que puedes relajarte viendo cómo ella no lo está? Mira sus manos, mira sus ojos. Si no te sostiene la mirada, es una señal inequí­voca de que está nerviosa. Y… mientras ella esté nerviosa tú te sentirás menos nervioso. Por cierto, el alcohol puede desinhibirte y hacer que tengas más autoconfianza, pero con el precio de que, al no haberla desarrollado por tu propio pie, siempre necesitarás alcohol para llegar a ese punto y, por lo tanto, nunca podrás hablar con una chica con normalidad.

Técnica 6: Utiliza el color azul. Si lo ves cerca de donde estéis, acércate a esa zona. ¡Huye del rojo! Utilí­zalo en tu forma de vestir. Si puedes pedir una bebida azul (las hay), utilí­zalo al hablar con una chica. El azul es cientí­ficamente relajante e incita al amor y al sexo. ¿Por qué crees que tantas mujeres desean hacer el amor en la playa?

¿Elogiar a una mujer? Ni se te ocurra

Debes empezar a pensar en la vida real. En la vida tal y como la conocemos, no la que nos muestran en las pelí­culas. Ninguna mujer se enamora si la piropean. Lo único que harás es subirle el ego y entonces se irá a casa tan agrandada como un moco metido en formol. Fin de la historia. El elogio es, quizás, uno de los mayores errores que alguien puede cometer al inicio de una relación.

¿Por qué sucede esto?

Bien, primero por la personalidad de ellas. Las mujeres perciben perfectamente que al comienzo de una relación no ha habido tiempo suficiente para haber conocido a un hombre ni que este le haya conocido a ella. Está todo en el aire. Soltar un piropo del tipo ‘Me encanta tu forma de hablar’ hará que se fije en su propia reacción, la de tener la sartén por el mango ya que tú estás hipnotizado con su belleza. Si le quitas el misterio que ella DESEA SENTIR acerca de tus sentimientos, adiós muy buenas al proceso de enganche. Ella quiere dudar de tus deseos. Quiere pensar que probablemente no quieras algo con ella. Necesita, forzosamente, hacer que la desees, no que la desees por tu propio pie. Ella quiere conquistar a un hombre, no dejarse conquistar. Ella desea preocuparse por un hombre, no que un hombre se preocupe por ella.

Así­ pues, un elogio requiere que exista conocimiento de causa (es imposible decir ‘creo que me estoy enamorando de ti’ a las pocas horas de conocerla), cierta intimidad (los elogios, cuanto más silenciosos, más cautivan) y tiempo de convivencia (no es lo mismo elogiar a un ligue de una noche que a una novia de dos meses). Además, ellas transforman al elogiador en el mendigo sentimental: alguien que intenta obtener algo. Si ella percibe que tú le dices: ‘guapa’ con el fin de obtener un favor (de cualquier tipo), estás perdido.

¿Cuál es el antagonismo del elogio? La crí­tica. Meterse con una chica, utilizando el humor, es la fórmula más eficaz para que se enganche contigo. ¿Cuál es la reacción que ellas muestran? Los tí­picos ‘por qué te metes conmigo’, ‘eres lo peor, no me aprecias nada’, ‘si lo llego a saber no quedo contigo’, etc. Aunque la veas muy enconada, no comentarí­a nada si estuviera en desacuerdo con tu actitud. Lo dice para que tú le des la vuelta al comentario y le digas algo ‘bonito’. Algo que le dejarí­a tranquila. Cosa que no vas a hacer para mantener la tensión, en todo momento.

En resumen, cuida de no caer en los silencios, de hablar de cosas superfluas, de elogiarla o de basar un diálogo sobre intereses económicos. Hazle ver que eres un hombre de valor por lo que eres y lo que piensas, no por lo que tienes.

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