El físico del hombre

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¿Es importante el físico de un hombre para una mujer?

El culto al cuerpo se ha convertido en uno de los cultos en boga de nuestra actual sociedad. Las campañas publicitarias y los medios comerciales de comunicación han diseñado una imagen física de la belleza y la han convertido en patrón ejemplar y arquetipo social despojándola así sin miramientos de cualquier otro parámetro de concepción. No sólo se nos impone la materialidad de la belleza sino que además se nos dicta cómo debe ser.

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No hace falta explicar las consecuencias nefastas que ello está conllevando en la sociedad y sobre todo entre las personas más jóvenes, mujeres y cada vez también más hombres, que en tanto que quieren ser aceptadas y valoradas luchan sobremanera para conseguir ese cuerpo escultural dejándose en muchas ocasiones la salud y hasta la vida.

¿Es importante el físico de un hombre para una mujer? Bien, primero me gustaría distinguir entre lo que es el físico y lo que es el aspecto físico.

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El primero, es decir, el físico, viene determinado por nuestros genes y es el que representa nuestra constitución corporal y los rasgos físicos que nos individualizan como persona. Nadie tiene los mismos ojos a pesar de compartir el mismo color. La expresión que le dé la forma de sus cejas o de sus párpados, la distancia que exista entre ojo y ojo o con respecto a la nariz… todo ello va a darle una idiosincrasia y una apariencia característica que le va a distinguir del resto. Es él, y no hay más.

En lo que respecta al aspecto físico, ese sí que no viene impuesto genéticamente y permite por tanto una amplia gama de posibilidades. Digamos que será todo aquello con lo que nosotros adornemos nuestro físico: la ropa, el calzado, el corte de pelo, el maquillaje, los perfumes…

Las mujeres por lo general acostumbramos a dar una importancia relativa tanto a lo que concierne al físico como a lo que concierne al aspecto físico, y seguramente demos incluso más importancia al segundo que al primero. No es que no nos importe, pero desde luego prevalecen otros valores a la hora de enamorarnos de alguien. De poco le servirá a un hombre ser muy guapo y tener un cuerpo bien marcado si no va limpio, si ni siquiera se peinó al salir de casa y si hace tantos años que no se compra ropa que sus pantalones parecen de ir a pescar. En cambio un hombre del montón, bien arreglado y pulido, tendrá más posibilidades. ¿Por qué? Pues porque una mujer considera el aspecto físico como un reflejo de la personalidad, y por tanto al ser descuidado con su apariencia un hombre le está comunicando también descuido y apatía en otros aspectos de su vida. Como lo que ella quiere es un hombre dinámico y emprendedor, un hombre con garra y vitalidad, fácilmente es que gire la mirada y no le preste más atención. Tenemos con ese ejemplo una muestra de que la mujer da más importancia a ciertos aspectos psicológicos o interiores que a lo estrictamente físico.

Por otro lado eso no significa que cuanto más arreglado y más preocupado por su aspecto físico esté un hombre más le guste a una mujer. Se trata de mantenerse en un término medio, ya que los hombres demasiado meticulosos en su vestir, con unos peinados aparentemente informales pero que seguro cuestan cantidad de tiempo frente al espejo, aquellos que tienen hasta sus posturas estudiadas y viven y se desviven por su apariencia tampoco van a gustarle a la mujer porque van a denotar una importante superficialidad a la hora de concebir la vida y de concebirse a sí mismos; superficialidad ésta unida muy probablemente a una baja autoestima. La mujer quiere un hombre sencillo y natural, que se cuide, que vaya limpio y bien peinado y que esté cómodo consigo mismo. Si tiene un buen cuerpo, mejor, pero desde luego no es indispensable.

Y es que ser guapo para la mujer es mucho más que tener un buen cuerpo y es un verdadero cúmulo de cosas. Nosotras nos fijamos en la profundidad de su mirar, en el desenvolver de su gesto y de su movimiento, en su sonrisa, en el tono de su voz, en su naturalidad y su saber estar… y de eso es de lo que se habla cuando se habla de alguien atractivo, que no de su físico. Cuantas veces no habremos dicho las mujeres: ‘ay no sé. Sé que no es guapo pero le encuentro tan atractivo…’

Y ese es el quid de la cuestión, que la mujer no busca a alguien guapo sino a alguien atractivo, y el atractivo empieza en el interior de la persona, en la autoestima, la seguridad y la confianza que se tiene con uno mismo, con cómo se es, tanto moral como físicamente, todo ello de una manera sana y equilibrada y sin caer nunca en el narcisismo y el egocentrismo. Luego, esa realidad se transmite al exterior a través del comportamiento, totalmente desacomplejado, natural, espontáneo y sin necesidad de ser fingido, y a través del aspecto físico, sencillo pero siempre cuidado y agradable a los sentidos. Ante esto mucho me temo que el físico se ha quedado atrás y poco tiene qué decir. No nos puede hablar de la persona y no es ningún aporte. Ya no es necesario. Si está, a la mujer no la molestará, pero si no está afortunadamente tampoco.

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