He rechazado un trabajo porque no es lo mío

He rechazado un trabajo porque no es lo mío
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La gran mayoría de la gente lo hubiera cogido. Quizás a muchos se les llene la boca diciéndote ‘has hecho bien, persigue tus sueños’, pero si estuvieran ellos en tu situación no tardarían en decir ‘sisisisisi, ahí me tiene usté a las ocho de la mañana como un clavo’.

Consejos vendo y para mí no tengo, muy habitual en el 99 por ciento de las personas.

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Yo, que he rechazado puestos de responsabilidad y buena nómina por hacer lo que quiero hacer, te puedo decir que haces bien… A LARGO PLAZO. Es decir, olvídate de que la vida te agradezca el que te centres en tu energía, en tu propósito ahora, nada más hacer la elección, y que al cabo de unas semanas ya todo empiece a funcionar.

Quizás te toque tragar más de lo que piensas.

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Así pues, la verdadera prueba no está en rechazar lo que consideras poco apropiado para tu propósito, sino en NO LAMENTARTE CUANDO LLEGUE EL PERÍODO DE ARREPENTIMIENTO MÁS ADELANTE, CUANDO LAS COSAS VAYAN MAL. Porque pueden, e incluso te digo más, DEBERÍAN irte mal y, de esa forma, estamentarte un futuro con la seguridad de que lo estás haciendo bien luchando desde la raíz. Para ello no hay más tutía que pasarlo mal, y esto incluye alguna presión familiar, empleos que no salen, las mismas oportunidades que ya no llegan y se volatilizan…

Has sido muy valiente, y me alegro de que hayas hecho lo que crees mejor para ti. Poca gente, como te digo, te diría que has estado acertado. Están, por un lado, los que te dicen que has hecho bien, pero ellos jamás se lanzarían a degüello de la forma que lo haces tú. Luego están los que creen que los trabajos, las parejas y las hipotecas son contratos vitalicios que deben durar toda la vida, y te dirán que estás loco, que más valiera que te agarraras a clavos ardiendo, a empleos inestables y precarios, a parejas que no son lo que buscas.

Sin embargo, desde que el planeta Tierra gira alrededor de Sol, y de eso hace ya unos cuantos años, jamás hemos tenido nuestro ‘sitio’ en el Universo. A una velocidad de giro de 29,8 kilómetros por segundo, lo que hace un instante era nuestro espacio… deja de serlo. Nosotros percibimos estabilidad, por supuesto, pero todo, a cada segundo cambia. Todo va quedando atrás, en algún punto del Universo al que no volveremos nunca y, así, la Tierra orbita y ‘actualiza’ su estado, demostrándonos a nosotros, simples mortales que vamos montados en ella que todo se esfuma, se desvanece y puede desaparecer con tremenda facilidad de un momento para otro. De hecho, ¿conservas cosas que tenías en tu infancia? ¿Utilizas la misma ropa? ¿Cepillo de dientes? ¿Tu padre sigue con el mismo coche que tenía hace 20 años? ¿El edificio donde vives tiene los mismos vecinos de siempre? ¿Gobierna el país las mismas leyes que hace cincuenta años? ¿Tenemos el mismo clima que hace unos días, o hace unos meses? ¿Están las constelaciones en la misma posición que hace 500 años? Las personas que habitan en la Tierra, ¿son las mismas que hace 1.000 años? La oleada de pensamientos globales que nos están haciendo evolucionar, ¿es la misma que en los tiempos de Jesucristo?

Así, podemos hacer una ‘instrospección global’ y darnos cuenta de que todo cambia, a cada segundo, en cada momento, tal y como dijo Heráclito con su ‘lo único permanente es el cambio’.

Por ello, por este cambio, no merece la pena que nuestra atención ni nuestra energía se basen en fijar nuestras posesiones, nuestros deseos, nuestros hábitos y costumbres en un presente que está en constante movimiento, a 30 kilómetros por segundo, conmovido por millones de emociones humanas en constantes altibajos. Anclarnos a un presente en movimiento sólo nos deja allí, atrás, en algún punto del Universo que no es el mismo que el que hoy impera en nuestra vida, bloqueando nuestra vivencia actual, nuestra energía más enaltecida y vital, relegándonos al plano de meros observadores… no actores.

¿Tú eres un espectador o un actor? Eso les pregunto a mis alumnos de coach.

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No vayas nunca a por lo seguro-que-no-te-satisface. Allí no está la felicidad. La felicidad está en ti, viviendo los momentos que llegan, buscando los momentos en los que trabajar, creando una vida en torno a tu verdadero CENTRO, tu verdadero propósito que, en tu caso, está muy alejado de ese trabajo que acabas de rechazar.

Te doy mi más sincera enhorabuena y te emplazo a que en un tiempo, cuando el presente haya dicho sí a tu elección de vida, nos cuentes si estás orgulloso de tu elección, de tu lucha y de tu INTENCIÓN, siempre anidada a la perseverancia y la constancia que te permitirán tener éxito.

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