El hombre dominante, el gran secreto

El hombre dominante, el gran secreto
Puntúa este post

¿Nunca te has asombrado al ver una increíble mujer en brazos de un hombre que, a simple vista, no merecía la pena? ¿Un hombre no demasiado agraciado, no muy culto y, por lo general, agresivo? ¿Por qué se repite este patrón de mujer bonita y hombre rudo? ¿Qué explicación hay a todo esto?

Lo primero que debes saber es algo de psicología femenina. Las mujeres han pasado toda su infancia influenciadas por la figura del padre. Al fin y al cabo, la figura paterna es la que cuida de la hija, siendo la madre la que se encarga del hijo. Esto se acentúa en las separaciones, tanto afectivas, como consumadas: una falta de atención del marido sobre la mujer, hará que ésta tienda a la sobreprotección de sus hijos; una falta de amor de la mujer a su esposo hará que éste estreche el vínculo afectivo con la hija. Por ello, sobre todo en matrimonios separados, el hombre suele contar con la hija para saber cosas de la madre.

Producto disponible en Amazon.es

Pues bien, esta cohesión de caracteres (madre-hijo, padre-hija), hace que las niñas pasen los primeros años de su vida, tiempo de aprendizaje y formación de su personalidad, asociando al hombre con la figura de autoridad. Pero, dada la fragilidad de una niña, el hombre cede ante las necesidades, muchas veces superfluas, del congénere. Es decir, si una niña pequeña presiona al padre, éste acabará cediendo. Sus muchas responsabilidades en la vida diaria hacen que no quiera batallar aún más con su hija pequeña. Suficientes problemas tiene ya en el trabajo, con su mujer, sus amigos e intentando ponerse en forma cada día en el gimnasio… como para aguantar más carga…

Así que la niña aprende a patalear y lloriquear cuando no tiene algo de su padre. Casi al instante, el padre (por no oírla) le da lo que quiere. Esto se va convirtiendo en una rutina existencial: papá trabaja mucho y, cuando está con la niña, no hace más que darle todos los caprichos.

loading...

Llega la pubertad. Y la niña… deja de ser tan niña. La relación con su padre ya no es la misma: la niña es toda una mujer. En su interactuación con el mundo, esta nueva mujer, sobre todo si es atractiva, se da cuenta que las cosas siguen funcionando igual. ¿Por qué? Porque los hombres (habitualmente el género que ocupa los altos cargos), se sienten atraídos por esa mujer. Y, tal y como les enseñó la madre a estos, un hombre ‘debe’ hacer realidad los deseos de una mujer.

Así pues, atraídos por el magnetismo que suele desprender una mujer atractiva, el hombre modifica su comportamiento. Si bien con sus compañeros de trabajo, clientes, vendedores, funcionarios y cualquier tipo de persona suele comportarse de manera natural e incluso exigente (dependiendo de su personalidad), con esa mujer atractiva el comportamiento cambia. Se estupidiza. ¿Qué perciben las mujeres de todo esto? Una total y absoluta distorsión del mundo que les rodea. Para ellas, todo es más fácil. Les abren las puertas, les contratan en puestos para los que no están cualificadas, les dejan pasar a los locales gratis, les invitan a copas, aprueban exámenes sin estudiar, pasan la ITV con taras en el coche, nunca son las culpables de la ruptura de una relación (pese a que lo sean)… la lista es interminable…

Quizá en algún momento de esta adaptación a su nueva vida se pregunten si todo es así… o si antes era más real… o lo será después… Bah… qué más da, todo funciona a su antojo. Y, para lo que no funciona, basta llorar.

Si… llorar un poco. Una pataleta, de las que tenían con 8 años. Y zas, premio en la mano.

Entonces… aquí llega tu papel. El papel de seductor que no se achanta con las tonterías de una niña. Un seductor de tu talla debe saber que ellas no están dispuestas a soportar un fracaso. Por tanto, buscarán conseguir el éxito en toda empresa que lleven a cabo. Cualquier terreno que pisen, ellas tienen que clavar la bandera. Desgraciadamente y por poner un ejemplo, pasa lo mismo que con la llegada del hombre a la Luna: los estadounidenses visitan (supuestamente) la luna en los años 60, clavan una bandera y no vuelven a pisarla. ¿Quieres ser tú una luna a la que le claven una bandera de ‘conquistado’ y se vayan a por otro objetivo más gordo?

Lo primero que debes entender es que ellas buscan que el hombre tenga el control. Igual que veían en la figura paterna, ellas desean sentirse controladas, DOMINADAS, por la figura del hombre. Ellas quieren que tengas el dominio de tu persona, de las situaciones, de las circunstancias que te rodean. De todo. Y, para ello, va a someterte a prueba, con el fin de aclarar su gran duda: ‘¿Es el hombre perfecto para mí?’

Producto disponible en Amazon.es

Así pues, lo que una mujer busca es un reto. Porque, lo que realmente busca una mujer es no conseguir lo que realmente quiere conseguir. Como si fuera la zanahoria que tiene delante el burro y jamás la alcanzará. Ése es su objetivo: lo que nunca pueda alcanzarse.

Hay una regla de oro que hará que tu chica te vea como esa persona capaz de liderar una relación. Autosuficiente e independiente, capaz de manejar las cosas tal y como lo hacía su padre. Esa regla es NO DARLE LO QUE PIDA. Confundirla. ¿Cómo?

Prueba a hacer un ejercicio mental donde todo, absolutamente todo lo que ella te pide, pasa a un segundo plano. Por ejemplo, si ella te dice de quedar a las ocho dile: ‘no, quedamos a las ocho y media.’

Si te dice: ‘no me gusta que te pongas esos calcetines con los vaqueros’, le respondes: ‘pues entonces no quedes conmigo, porque es lo que me voy a poner siempre que quiera.’

Si te dice: ‘¿por qué te pones hielo en el café? Dile que estás acostumbrado a hacerlo así y lo seguirás haciendo siempre que quieras.

Si estás viendo una película que a ti te gusta y dice: ‘me aburre esta película, pon otra’ dile: ‘no, vamos a esperar a que acabe porque a mí me está gustando.’

Negarte a actuar como ella desea (lo intentará en numerosas ocasiones), hará que se dé cuenta de que no va a conseguir lo que quiere. Aunque tus deseos vayan por su misma línea, prueba a no darle lo que ella te pide, sobre todo si te lo pide en un momento fuera de lugar. Por ejemplo, te dice ‘quiero que me beses’ y no lo consideras apropiado dile: ‘te besaré después si creo que te lo mereces… antes no.’ Y, de repente, cuando menos se lo espere, le das un beso. Entonces, cuando haga algo que totalmente contrario a lo que esperabas (por ejemplo, si vas en el coche y ella conduce, imagina que apura el ámbar de un semáforo y se lo salta) aprueba su comportamiento. Y bésala. El efecto es hacerle ver que su comportamiento caprichoso no le va a reportar ningún beneficio. Que pataleando no obtendrá recompensa. Y quizás haga cosas que no te gusten y sí lo obtenga. O no. La cosa es contradecirla continuamente para que no te crea conquistado. Para que no te clave la bandera.

Esta es la forma en que debes actuar siempre… porque es la forma en que te convertirás en la pieza difícil que ella ansía. Esa pieza difícil de la que te extrañas cuando perdiste una chica y comentabas: ‘no la entiendo, está con alguien que no le da lo que yo le doy.’

Recuerda… ella no busca que tú le des todo. Ella busca que seas inalcanzable. Por lo tanto, tienes que adoptar un papel de fortaleza, de dominio y de control de la situación. Esto significa que si ella tiene un capricho y cedes, arruinarás poco a poco la imagen que ella quiere y debe tener de ti.

Producto disponible en Amazon.es

Deja un comentario