La devaluación de la imagen del hombre

La devaluación de la imagen del hombre
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¿Quién es quién? ¿Qué parámetros psicológicos nos difieren a hombres y a mujeres? ¿Qué es lo que realmente define ser un hombre y qué, ser una mujer, aparte de lo meramente físico?

Actualmente, en la sociedad moderna, hombres y mujeres están acortando distancias y se ven interrelacionando entre ellos, en lugares que antiguamente se consideraban exclusivamente de un género o del otro.
Hemos metido hombres y mujeres en una licuadora y estamos mezclando las opiniones, comportamientos, formas de actuar… de manera que ya no sabemos qué clase de comportamientos son claramente achacables a uno u otro.

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Hombres y mujeres nunca estuvieron tan cerca…tan cerca y tan lejos…

La mujer gracias a los movimientos feministas y al control de la fecundidad, ha conseguido abrir una brecha definitiva en la estructura social de poder masculino (lo cual es loable y digno de respetar; no se debe ir en contra de la igualdad de genero, de oportunidades y de libertad de elección de ambos sexos).

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La mujer siempre ha sido poderosa; siempre ha influido (cientos de hombres poderosos han encontrado su ‘Talón de Aquiles’ en una mujer que les ha manejado a su antojo), no es nuevo el decir, que la mujer ha estado presente en casi todas las decisiones importantes que un hombre haya podido tomar para guiar la Humanidad, en un rumbo u otro.
Pero ahora, busca un poder más directo, sin necesidad de manejarlo desde una segunda línea y ha conseguido esa ‘libertad’ que anhelaba.

Esta libertad la da la posibilidad de elegir múltiples parejas a lo largo de su vida y no depender de un macho que la suministre alimento a ella y sus cachorros. Esto es positivo, pero al hombre todo esto parece que le ha dejado descolocado; nuestra dependencia emocional hacia ellas es heredada de un tiempo pasado en el que los hombres anhelábamos encontrar a la mujer ‘de nuestra vida’, como harían ellos, la mujer que nunca les fallaba ni les abandonaba, debido en parte a la dependencia que en ese momento ellas tenían por un hombre. La mujer, por su parte, viví a esperando a ese hombre con el que casarse y formar una familia, sus dos únicas ambiciones en la vida.
En definitiva; ellas han evolucionado, nosotros hemos evolucionado; el hecho de haber heredado un pensamiento que nos impulsa inexorablemente a encontrar a una pareja nos hace llegar a tener dependencia hacia ella, ya seamos hombre o mujer, en lugar de realizarnos como personas y querernos a nosotros mismos. Pero especialmente, en el caso del hombre, la forma de pensar actual, basada en ‘agradarlas a toda costa’, ha devaluado su imagen.

El hombre no encuentra su lugar; recibe una educación basada en complacer a la mujer, y darla todo lo que pida para conseguirla.
Si un hombre ha nacido hombre es para que de forma natural atraiga a las mujeres; No es un requerimiento que ese hombre nazca hombre y se ‘afeminice’ para gustar a una mujer. De hecho no debe hacer ningún esfuerzo, ni cambiar partes de su personalidad para atraerlas. La naturaleza ha establecido las pautas que hacen que hombres y mujeres se junten de forma inexorable. Si creemos que modificando nuestros comportamientos, porque la sociedad nos dice que debemos ser así para resultar más atractivos, es como si intentamos que a un gato le gusten más las sardinas fabricando sardinas con sabor a coliflor. A nadie se le ocurre comprarse un perro e intentar educarlo para que ‘maúlle’; básicamente por dos motivos:

1. Porque va contranatura.
2. Porque da grima. ¿Para qué quiero un perro que ‘maúlle’? Mejor me compro un gato…

Un hombre sensiblero, llorón, débil y que necesita protección es un hombre débil y es un hombre que será rechazado sistemáticamente por las mujeres. Lo curioso es que con la educación recibida nos hagan creer lo contrario.

Cuando una mujer dice de un hombre que ‘es un cielo’, que ‘es un Sol’, ‘es muy rico’, ‘es más bueno’…con carita de ‘eso es lo que buscamos las mujeres’, estamos recibiendo información claramente errónea. Ni ‘cielos’, ni ‘Soles’, ni niños románticos. Las mujeres buscan un hombre. Esto implica ‘fuerza’, no tanto física como fuerza en la personalidad. ¿Qué es una personalidad fuerte? Una personalidad marcada, independiente, con ideas propias, no dispuesta a tolerar humillaciones, degradaciones,… una personalidad con honor y orgullo, orgullo de ser un hombre integro. Esta personalidad fuerte las atraerá como abejas a la miel. Lo que no hay que confundir nunca con tener un carácter fuerte, ya que esto último implica más que otra cosa mal genio, y eso no es de ninguna manera deseable.

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Se ha conseguido devaluar la imagen del hombre como tal y hacerle creer que para conseguir estar con una mujer, debe ser distinto al resto de los hombres, esconder sus impulsos y asemejarse en todo caso con sus comportamientos a una mujer.

Muchos piensan que la mujer elegirá al ‘niño malo’ porque este tendrá esa ‘fuerza’ que ella busca en un hombre y que el ‘niño bueno’ no la da. Pero estos ‘niíños malos’ son a todas luces personas que a la larga no ofrecen ningún tipo de planteamiento de futuro, es una felicidad efímera. El ‘niíño bueno’ no tiene esa ‘fuerza’ y por tanto ningún aliciente para vivir nada con él, sin embargo sí que ofrece compromiso de futuro.

¿Niño malo? o ¿niño bueno?
La mujer se debate entre estos dos pretendientes;
¿Qué elige?
Elige al ‘niíño fuerte’, ya que tan poco atractivo resulta un buenazo como un chulo que no ofrece ninguna garantí a de futuro en la relación. Lo que ella busca es el niño seguro de sí mismo.

Es un error creer que una mujer busca vivir con un cabrón, la mujer busca vivir con alguien con personalidad y con ‘fuerza’, alguien independiente y nunca entregado. El problema es que no lo encuentra; nuestra sociedad es una máquina de crear chicos sensibles y entregados a una mujer. Ni niño bueno, ni niño malo, la mujer es mujer y quiere un hombre. No miente cuando dice que ya no quedan hombres. Hombres de verdad hay muy pocos.
A esto podemos llamarlo la devaluación de la imagen del hombre.

Esta devaluación la encontramos a nuestro alrededor…’Todos los hombres son unos cabrones’,’todos vais detrás de lo mismo’,’Ningún hombre tiene sentimientos’…eso nos dicen desde que somos niños y nosotros nos lo creemos, y nos lo creemos tanto que cuando encontramos a la chica que realmente nos gusta, pensamos que las conseguiremos siendo distintos a lo que nos hacen creer que somos todos: ‘Me voy a mostrar como la persona más cariñosa y más sensible del mundo y así la conseguiré…, porque como todos los tíos son unos cerdos, seguro que nadie ha tenido esos detalles con ella’. Vamos que nos plantamos en plan superestrella de peli americana con un ramo de flores enorme para que vea lo especial que somos y lo que la queremos, no como el resto de buitres que sólo piensan en follársela (pobrecita…menos mal que nos ha encontrado, nosotros la protegeremos de los malos)…

Lamentablemente muchos tenemos este patrón como el que hay que seguir para conseguir a la chica que nos gusta. Luego, cuando vemos que por más que lo intentemos, por más que vayamos detrás de ella demostrándole lo sensibles que somos, lo que la apoyamos y lo que la entendemos, no conseguimos nada con ella, nos frustramos, somos incapaces de entender por qué, si somos lo contrario de lo que ellas dicen odiar, no la atraemos.

Convendría pararnos a pensar y darnos cuenta de que un hombre que se comporta de esa forma no tiene ningún atractivo, y que se acerca más al arquetipo de amigo que al de pareja. Seamos pues más independientes y más dedicados a lo nuestro. Para captar su atención no es necesario estar tan pendiente de ella ni demostrarle continuamente cuánto nos importa ni cuánto la respetamos.

Seamos hombres de verdad, no perritos falderos que se arrastran para obtener su premio. Mantengamos nuestra independencia, nuestra autosuficiencia emocional, nuestra ausencia de miedo a no agradar a una mujer.

Revaloricemos nuestra imagen, por nosotros, por ellas, por disfrutar más y mejor de las relaciones.

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