La dignidad como persona: la clave

La dignidad como persona: la clave
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A lo largo de una relación, por corta o larga que sea, ¿cuántas veces te has encontrado en la situación de empezar a sufrir por una persona cuyas demostraciones de cariño están muy por debajo de lo que tú esperas?

Por lo general, tras este tipo de manifestaciones se produce una ruptura. Con idas y venidas. O sin ellas. El caso es que, tras un tiempo, la persona que ha sido abandonada comienza a sopesar lo ocurrido al final de su relación. Y siempre, acaba dándose cuenta de todos los errores que cometió y, por lo ciego/a que estaba, no acertó a ver.

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Así, se suceden las exclamaciones del tipo: ¡Qué de estupideces hice!, ¡No se merecía nada de lo que hice!, ¿Por qué me arrastré tanto? y un largo etcétera de frases que no tienen otro sentido que el autoreproche y, lo que es peor, la autocompasión: ¡oh, pobre de mí, que mal me fue, cuánto sufro!

Antes de recomendar indiferencia o estrategias de cualquier tipo, recomendamos mantener la dignidad en todo momento. Abrir los ojos, saber por dónde van los tiros. Para que esas frases nunca lleguen. Porque, por muy maravillosa que os parezca ahora vuestra novia o novio, si os deja y pasa el tiempo, le despreciaréis por muy bueno/a que haya sido. Será como si el Madrid y el Barça se enfrentan en un partido de Champion League. El Madrid va ganando 4-0 y, al final del partido, el Barça remonta y acaba ganando 4-5. ¿De qué se acordarán los madridistas? ¿Del 4-0 o de que acabaron perdiendo?

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¿Para qué nos sirve la dignidad? Para ser personas íntegras, con fortaleza ante los problemas que puedan surgir, ya no sólo con nuestra pareja (hombre o mujer) sino con cualquier problema de la vida diaria. Recordad que la otra parte (mujer u hombre) debería compartir el peso de la relación, no llevar el control de todo. Es decir, no quiere ser quien tome las decisiones o trabaje duro, pero sí poder administrar el hogar y la economía, por ejemplo. Suelen ser las mujeres quienes siempre ejercen algún tipo de poder sobre el hombre y en ocasiones el hombre quiere llevar el rumbo de la relación según sus coordenadas. Pero una cosa es dirigir la relación y otra es que supeditemos nuestros gustos a los de ellas, o a los de ellos. A sacrificar nuestro tiempo libre. A dejar de salir con los amigos/as si nos apetece. A mentirle de qué hicimos tal día o de qué hablábamos con aquella chica o aquel chico.

¿La clave? Hacer lo que nos apetezca en todo momento. Siempre tendemos a pensar que si hacemos cosas que desagradan a nuestra pareja hará que nos deje irremisiblemente. Pues bien, primera buena noticia, una persona no deja a su pareja que hace lo que quiere. Y cuando hablamos de hacer lo que quiere nos referimos a practicar sus hobbies o mantener otras parcelas de su vida sin tener que pensar en si ella o él estarán de acuerdo o no. Salir de fiesta si es oportuno. Mantener la forma de vestir o de peinarse aunque a ella o a él no le guste (obviamente, siempre que sea una forma higiénica y correcta de peinarse… a lo que nos referimos es a no cambiar nunca el estilo). Los ejemplos son ilimitados.

Y el objetivo es siempre el mismo: que la otra persona no controle ni cambie ningún aspecto de nuestra vida. La razón es que nada más la otra persona consiga controlarnos al 100 por cien, dejaremos de ser una persona atractiva a sus ojos. Pasaremos a ser una persona sumisa y que ha cambiado su personalidad por ella o por él… Como un perro que babea y mueve la cola cuando ve a su dueño llegar a casa. Ellas odian ese tipo de hombre y ellos prefieren una mujer plena. Recordemos que nuestra autoestima, nuestra personalidad íntegra, deben ser siempre independientes de una mujer o de un hombre. El comenzar a cambiar POR ELLA o POR ÉL no nos va a beneficiar a nosotros ni a la relación, contrariamente a lo que se suele pensar. De hecho, ¿de qué persona se enamoró ella o él? ¿De la que vestía de un modo antes de conocerse, o como ella o él ha querido que lo haga después? (por poner un ejemplo).

Así pues, mantened siempre la dignidad. Si empiezan a manifestarse los PI típicos (problemas inminentes), como los clásicos escarceos de fin de semana en los que tu pareja siempre está ocupado, el dejar de hablar de alguien del que antes hablaba a menudo, el no estar disponible al teléfono en horas a las que antes si estaba? Lo mejor es actuar con dignidad. Como si nada ocurriera, seguir con nuestra vida. Actuar con aplomo. ¿No os coge el teléfono después de un par de llamadas? ¿Entonces para qué insistir de nuevo con 5, 10 o 20 llamadas? ¡Ya sabe que llamaste! ¡Es estúpido insistir!

Del mismo modo, presentarse en la facultad o el trabajo por sorpresa, regalarle algo para que demuestre el cariño que empieza a faltar o cualquier tipo de acción forzada por provocarle atracción y que se salga de lo que realmente nos gustaría hacer, está de más. Porque, lo que deseamos es tener tranquilidad y que nuestra pareja estuviera pendiente de nosotros, ¿cierto?

Recordad: todo lo que hagáis en los momentos en que nuestra pareja está distante es igual que decir: mi personalidad no tiene el suficiente tirón, no tiene el suficiente gancho para que tú estés pendiente de mí. Por eso te compro cosas caras y te llevo a cenar a sitios de lujo. Para ocultar lo que SOY. Cualquier persona acaba odiando eso.

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Cesad en este comportamiento cuanto antes.

La falta de dignidad provoca, asimismo, que la pareja no nos valore y respete como debemos. ¿Por qué? Porque al no valorarnos nosotros, nuestra pareja tampoco lo hará. Es decir, imagina que vas al baño público de un pub nocturno. Abres la puerta y lo ves con todo el suelo ennegrecido y mojado. Hay un grifo abierto, parte de un espejo roto… Los dos urinarios están hasta arriba de escupitajos y orina. Y en el fondo, chicles, que es lo que ha provocado que se taponen. Abres la puerta del váter, mojándote la mano con el pomo (a saber de qué). Y, por supuesto, no hay papel higiénico. Tiene un rastro de mierda por encima de la taza, está también atrancado.

En este momento, ves que tus pantalones, que los sueles llevar muy bajos, tienen la pata totalmente mojada de ese agua negra y sucia que hay por todo el suelo.

Te dispones a mear… ¿Para qué atinar en la taza? No merece la pena. Al hacerlo salpica aún más. Así que lo que haces es mear lejos para no salpicarte y, obviamente, todo el pis cae fuera. Al final, sales de allí con bastante disgusto.

Bien, ahora pongamos que entras al baño de un pub. Al entrar, todo tiene espejos, suelo gris de pizarra totalmente seco. Lavabos impolutos, nada más entrar se ha encendido todo sin que tú pulses un botón. Todos los baños tienen su papel higiénico, con la punta cuidadosamente doblada. El váter, al levantarlo, huele bien. En ese escenario, tú te pones a mear y todo va dentro de la taza. Incluso es posible que se te escape alguna gota en la tapa de la taza y tú mismo la limpies.

Menudo baño, ¿eh?

Bien, pues esto es lo que ocurre cuando una persona no se quiere a sí misma. Cuando está tan sucia como ese baño que te he retratado. Llega alguien y no tiene respeto por ti. ¿Para qué va a tenerlo? No lo valora, porque la persona misma no se valora. En este caso, tú. TÚ NO TE VALORAS.

Sin embargo, si tú te quieres, si tú no te ‘ensucias’, si no permites que nadie te ensucie, nadie lo va a hacer. El prójimo, y las mujeres y hombres por supuesto, te van a respetar.

¿Cómo se ensucia un hombre o una mujer frente a su pareja en el caso que nos atañe? Pues cambiando por esa persona, diciendo que sí a las cosas que no le convencen, que le perjudican. Ser una persona que, por miedo a que su pareja le deje, va obedeciendo, de forma servil, a todas sus peticiones. A asumir que sí, que está haciendo algo mal (aunque no sea así) cuando ella o él le pone una cara larga.

Poco a poco, la pareja va comportándose de forma más negativa. Ve sucio el baño, y lo ensucia más…

No permitamos nunca ser así… Una vez más, la dignidad es muy importante. Cuidarse como persona, es la clave para que los demás deseen cuidarnos.

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