La fí­sica de las posibilidades

La fí­sica de las posibilidades
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Existe una historia real sobre la llegada de las carabelas de Cristóbal Colón a América.
Por aquellos días, el chamán de la tribu percibía algo extraño en el mar. Se acercó a la playa y vio olas que llegaban… Pero no veía nada más. No veía las carabelas.

Jamás había visto una.

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No tenía conocimiento, recuerdo o experiencia alguna en la que una gigantesca construcción de madera pudiera navegar por el mar. Era incapaz de verla. Con el tiempo, su cerebro fue recibiendo más y más realidad (más olas, ruido) pudiendo finalmente atisbarla. El resto del poblado, que aún era incapaz, fue persuadido por el chamán, al que ya conocían y en quien tenían confianza y él guió sus mentes, hasta que pudieron verlas.

¿Es esto posible? ¿Existe entonces una realidad mucho más compleja que está ahí, frente a nosotros y nuestro cerebro es incapaz de percibir?

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Los análisis tomográficos revelan que el cerebro no distingue entre realidad y recuerdos. Es decir, las zonas que se iluminan en este análisis cuando el cerebro ve una manzana, son las mismas que cuando recuerda su imagen. Además, hay que tener en cuenta que nuestro cerebro puede procesar 400.000 millones de bits. Sin embargo, únicamente procesamos 2.000 bits (clima, entorno) de TODA la ‘realidad’ que tenemos frente a nuestros ojos. Eso significa que hay más realidad existiendo constantemente, pero nosotros la filtramos de acuerdo a nuestra estructura cognoscitiva, nuestros esquemas mentales. Vemos una realidad que, desde nuestros primeros días de vida, hemos ‘aprendido’ a interpretar.
Eso explicaría por qué los bebés son incapaces de ver absolutamente nada y, con los meses, van percibiendo todo lo que les rodea, creando la estructura cerebral que otras mentes están diseñando a su alrededor.

En definitiva, hemos diseñado la realidad como nos han obligado a que la diseñemos.

Pero realmente… ¿existe otra realidad?
Nuestro mundo está formado por átomos, al fin y al cabo materia vacía. Esa materia vacía está rodeada de una capa de electrones que aparece y desaparece, igual que el propio átomo. Por tanto, todas las estructuras atómicas aparecen y desaparecen. Esto crea la idea de la gran pregunta: ¿hacia donde va toda esa materia?

Nuestra física explicaría algo así como que ‘va a otra dimensión’, ya que no entendemos conceptos como la infinitud del Universo o la inexistencia del tiempo. Sin embargo, la física cuántica explica que la materia existe en todas sus posibilidades. Esto es, hasta que no existe una realidad física, llamémosla observador (puede ser una persona, una piedra o una llama de fuego) que impacta con esta realidad, la estructura cuántica no toma forma.

¿Significa eso que la realidad está propiciada por el observador?
Sí. Y, de hecho, toma forma por el observador. Hasta que éste no ‘decide’ cuál es la forma que debe tomar, la realidad se manifiesta en múltiples posibilidades. Estamos ante la llamada física de las posibilidades.

Por ello, no debemos ver las cosas que nos rodean como ‘cosas’ que se rigen bajo unas leyes de física determinista sobre las que no podemos actuar. Las debemos ver como posibilidades.
Diariamente vemos sillas, mesas, coches, edificios y todo es materia que se manifiesta de acuerdo a cómo el filtro mental que hemos desarrollado está interpretando. Sin embargo, tenemos el poder de ELEGIR las posibilidades de la materia que nos rodea. De elegir su estado.

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Nuestra realidad cotidiana nos dice que al soltar un objeto cae al suelo.
La realidad cuántica, sin embargo, demuestra que las partículas que lo forman se hallan multiplicadas en todas sus existencias posibles: flotar, no existir, existir por partida doble, triple, múltiple, estar a millones de kilómetros de distancia, tener otro índice de reflexión lumínica… TODAS las posibilidades de la materia, existiendo simultáneamente. A esto se le llama ‘superposición cuántica’, que no son más que franjas potenciales de realidad.
Y es el observador el que decide en qué franja debe estar la materia, cómo debe manifestarse.

Por tanto, esta materia toma forma en tanto en cuanto el observador impacta con ella.

Puesto que la materia ‘cambia’ su estado cuando un observador (una realidad física) ‘decide’ cómo interpretarla, eso significa que todo lo que forma este mundo está capacitado para cambiar la realidad. Todas las cosas, animales, personas, etc., crean cambios en la realidad. Eso significa que todos formamos parte de la realidad y, por tanto, somos una misma unidad. Una unidad que actúa sobre el mundo. Un mundo que, debido a nuestros años de asimilación de las estructuras, somos incapaces de interpretar de otra manera.

Esto significa que podemos actuar sobre la realidad física. Que la materia no es independiente de nosotros, sino que nuestro cerebro crea la realidad que percibimos. Y que esa realidad conecta a todas las cosas de este Universo, en constante cambio e interactuación de todas ellas.

En esta línea de pensamiento, cabe plantearse lo siguiente: si toda la realidad sucede simultáneamente (todas las posibilidades están ahí, hasta que elegimos cómo debe manifestarse), ¿por qué tenemos acceso epistémico al pasado y no al futuro? Esto es, ¿por qué sólo podemos pensar cosas que afecten a este presente y, por tanto, al futuro, en lugar de también actuar sobre el pasado?

¿Cómo conecta esta física que permite ‘crear’ la realidad sobre nuestra vida diaria?
El japonés Masaru Emoto diseñó un experimento mediante el cual, utilizando dos botes de agua destilada a los que adhirió pegatinas con diversos mensajes, comprobó cómo la estructura del agua cambiaba.
El frasco al que se le había pegado la frase ‘Chi de amor’ desarrolló bellas estructuras microscópicas.
El frasco al que se le había pegado la frase ‘Me das asco, te mataré’, cambió sus estructuras por otras más caóticas, llenas de desorden.

Este experimento, que cualquier persona puede hacer en su casa, demuestra algo preocupante. Si esto se le puede hacer al agua… ¿en qué medida afectarán estos mensajes al ser humano, compuesto en un 90 por ciento del líquido elemento?

Las conductas por las que nos regimos y actuamos en esta realidad está basada en aprendizajes. Y estos a su vez tienen su origen en desarrollos emocionales provocados por péptidos, módulos proteicos creados por el hipotálamo, un órgano que se encuentra junto al cerebro.

¿Qué hacen estos péptidos?

Los hay para todas las actitudes: la depresión, el amor, la agresividad, la gula… Una vez pensamos algo (recordemos que la realidad está en el cerebro, ya que la creamos con nuestros pensamientos, ejemplo de la manzana) esos péptidos viajan por el torrente sanguíneo bombardeando, literalmente, a las células. Éstas tienen receptores que acogen al péptido generado por el hipotálamo, desencadenándose en la célula una transformación. Así, si hemos sufrido un episodio traumático, el hipotálamo genera péptidos que predisponen a un estado anímico decaído. Entonces, se bombardean las células con dichos péptidos y la actividad de la célula cambia, variando el estado y la actividad de la célula .

A la larga, estas células desarrollarán más y más receptores de estos péptidos. Esto quiere decir que, cada vez que haya una lluvia de péptidos, la célula los atrapará enseguida a través de todos sus receptores, cada vez más numerosos. El problema es que las células hijas poseerán los mismos receptores que la madre. Y la historia continuará: células ‘adictas’ a estos péptidos. Una lluvia de ellos será asimilada al instante, con lo que seguirá reproduciéndose en el cuerpo este tipo de célula, tan negativa. Y, por tanto, de ese estado emocional.

El problema es que estos receptores celulares que también sirven para absorber nutrientes y fluidos, comienzan a utilizarse únicamente para provocar cambios en la célula. Para reproducir emociones. Esto hace que las células no se nutran correctamente y, a la larga, envejezcan prematuramente.

Y eso hace que nos preguntemos: ¿es más importante lo que comemos o lo que pensamos?

Por ello, el Universo conocido se basa en una realidad que transformamos por nuestras emociones. Emociones que nos hacen más tristes, más felices, más agresivos, más sexuales. Estas emociones siguen interpretando la realidad cuántica en ese estado cuando, realmente, podría tomar la apariencia que deseáramos, ya que todas las posibilidades están ahí, esperando que un observador las elija.

Si esto es así, llega la gran conclusión: creando buenos pensamientos, crearemos nuevas realidades que otros percibirán, permanecerán para futuras generaciones y todos se basarán en esa realidad, mejorándola a su vez. Y, entonces, evolucionaremos.

Neo, al final de Matrix, percibe el mundo tal y como es: un entorno programado por máquinas. Como bien le dice Morfeo:

– Neo: Quieres decir… que cuando esté preparado… ¿podré esquivar las balas?
– Morfeo: No… lo que intento decirte es que cuando estés preparado… no te hará falta.

De hecho, Neo puede PARAR las balas. ¿Por qué? Porque Neo veía la realidad cuántica de su mundo. En esta realidad existían múltiples posibilidades y llega a ser consciente de que no está obligado a ceñirse a la naturaleza física de las balas (hierro, calor, gravedad). Percibe que la clave es la elección.
Y él escoge que esas balas no puedan tocarle. Escoge una franja potencial de realidad. Y las para frente a sí mismo.
Su cerebro ha despertado, se ha iluminado. Es capaz de percibir la materia tal y como verdaderamente existe: a expensas del observador.

Por tanto, si toda tu realidad se basa en una secuencia emocional provocada por una percepción de la realidad aprendida y, por tanto, modificable, dicha realidad puede ser cambiada a través de nuevos pensamientos. Nuevos pensamientos positivos que hagan que nuestro hipotálamo segregue péptidos que no dañen nuestras células y que, poco a poco, su desarrollo sea distinto. Esto hará que cambie nuestra actitud y, posteriormente, la percepción de la realidad, la que formamos entre todos: no hay que olvidar que un observador puede conseguir modificarla para que otro observador viva dicha realidad.
Generar una realidad positiva es la clave.

La clave para tener éxito, para amar, para ser más felices. ¿Qué tipo de emociones negativas hacen que desarrollemos una realidad frustrante para los demás? Las emociones de ira, rechazo, miedo, celos, dolor, sufrimiento, duda, odio, violencia… (somos un 90 por ciento de agua…), todas esas emociones convierten a nuestras células en dependientes de la misma sustancia química. Evitemos esos pensamientos cuando fracasamos en el trabajo, cuando somos abandonados por alguien. Porque una emoción que no puede controlarse, es una emoción a la que somos adictos. Y así, la realidad negativa que generaremos con nuestras mentes las percibirán otros y nunca seremos capaces de observar la gran Realidad que hay ahí fuera.

¿Queremos evolucionar? Cambiemos nuestros pensamientos.

Este nuevo paradigma existencial es el que marcará la Nueva Era.
Es el modelo de pensamiento que descubrirá la Verdad y nos hará llegar a ella.
Una realidad en la que somos creadores, donde desarrollamos nuestras dotes de intencionalidad.

Una realidad en la que todos somos Dios.

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