La inteligencia emocional

La inteligencia emocional
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Desde las épocas más remotas de nuestra civilización, ha existido un verdadero interés por averiguar las capacidades de cada individuo. Siempre hemos buscado una forma de medir, comparar y estudiar los límites del ser humano y buscar dentro de nuestra especie los Superhombres y Supermujeres de cada tiempo.

Ya en La Antigua Grecia se crearon los primeros Juegos Olímpicos, un verdadero desafío para los hombres más dotados físicamente y que proporcionaba prestigio, gloria y poder a los vencedores.

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No nos bastó con medir las capacidades físicas y a través de estudios de múltiples psicólogos, hemos tenido acceso a formas de medir nuestra inteligencia y nuestras capacidades intelectuales. Lo que en un principio se utilizaba como curiosidad, ha pasado a ser un arma muy potente para la selección de los candidatos más capacitados en las entrevistas de trabajo.

Existen muchos tipos de inteligencia. Cada vez que nos enfrentamos a una entrevista de trabajo podéis observar que nos evalúan en razonamientos lógicos, espaciales, capacidades para resolver problemas matemáticos, capacidad verbal, capacidad de resumen… (la verdad es que muchas veces lo evalúan todo), todo esto es medible y evaluable, lo que lo convierte en algo objetivo y no subjetivo (no depende de una opinión, sino que se puede medir igual que medimos la temperatura con un termómetro). Una persona puede ser muy buena en una cosa y andar coja en otra; es decir uno puede ser muy bueno resolviendo problemas matemáticos y ser desastroso expresándose, o al contrario.

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Siendo esto así… ¿por qué hay personas que consideramos sumamente inteligentes que acaban trabajando para otras con un cociente mucho más bajo, pero que saben conectarse, influir y relacionarse mejor?

La respuesta está en las emociones y en la capacidad para entenderlas y manejarlas: la Inteligencia emocional es parte de nuestra inteligencia global, una parte a menudo negada y desdeñada, opacada por el brillo de la razón y del coeficiente Intelectual, más fácil de definir y medir. Aunque no nos guste admitirlo, en todas nuestras decisiones están implicadas nuestras emociones. Las personas que no pueden poner orden en su vida emocional libran batallas interiores que no permiten concentrarse en sus objetivos y pensar con claridad. Todos somos conscientes de nuestras acciones, pero… ¿qué ocurre con las causas que originan que tomemos esas decisiones? ¿Qué factores ocultos las promueven?

Del mismo modo que una persona puede ser un sumun de inteligencia matemática, puede fallar en otro tipo de inteligencia: LA INTELIGENCIA EMOCIONAL.

Del mismo modo que la inteligencia matemática es la capacidad de resolver problemas de índole matemático, la inteligencia emocional es la capacidad de resolver situaciones emocionales, la entereza, forma de razonar y negociar en situaciones en contra, la personalidad… (algunos frente a una situación desfavorable intentan razonar y negociar, otros se quedan congelados sin saber que hacer otros lloriquean) del mismo modo que una persona puede necesitar un profesor que le guíe para resolver un problema matemático, es posible que también necesite un guía que le ayude a salir de una situación emocional adversa (un psicólogo, un amigo, empareja2.es…). Lo malo es que esta capacidad no tratan de desarrollarla en ninguna asignatura del cole, lo enseña la vida y a base de muchos palos.

Por tanto, es necesario aprenderla cuanto antes y salir reforzado de las situaciones emocionales adversas para fortalecerse como persona y poder ser una persona íntegra y con personalidad. Habrá unos a los que les cueste más y a otros que les cueste menos, eso depende de la inteligencia emocional de cada uno.

Cuando una ex pareja nos deja, la capacidad de recomponernos sin mendigar cariño y pedir perdón lloriqueando por errores que ni siquiera hemos cometido, sería un claro medidor de nuestra inteligencia emocional, saber actuar en estos casos, o no, también son cosas que hay que aprender con experiencias igual que aprendemos a resolver problemas de matemáticas.

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La mujer, la gran favorecida
Por lo general las mujeres tienen más capacidad lingüística y a la hora de expresar sus ideas verbalmente, además tienen más capacidad para realizar tareas múltiples a la vez, mientras que a los hombres les cuesta más y tienen que realizar las tareas de forma más secuencial. Por contra, los hombres son mejores en razonamientos matemáticos, visión espacial (por eso son mejores conduciendo), y tienen mejor puntería (relacionamos mejor dos puntos). La forma de actuar del cerebro de ambos es distinta (el hombre piensa con un par de zonas del cerebro que intercambian información de forma secuencial, mientras que la mujer intercambia información en su cerebro de forma ramificada como un racimo de uvas, es decir; la información que maneja el hombre en su cerebro ‘se pone a la cola’ y en el cerebro de la mujer ‘se hace una manifa’ por todos los rincones de su cabeza).

Esto es debido a los papeles que ha desarrollado la mujer y el hombre desde los inicios: la mujer se quedaba en la cueva con las ‘tareas caverniles domésticas’ lo que hace que tuviese que estar pendiente de muchas cosas a la vez. Las grandes empresas se están dando cuenta de esto y están empezando a poner a mujeres en puestos directivos ya que, por su forma de pensar son capaces de asumir con más facilidad las múltiples secciones de una empresa y tener una idea global-conjunto de todas ellas.

Mientras, el hombre salía a cazar lo que permitió desarrollar su visión espacial, puntería… y disciplina: los niños suelen ser más tranquilos, obedientes, y más brutos también. Las niñas, por su parte, son más indisciplinadas.

Y no sólo esto… el interactuar con otras de su especie, mientras el macho salía a cazar de forma mucho más solitaria, las ha permitido desarrollar mucho más la capacidad de manejar sus emociones y las del resto de las personas que las rodean para conseguir un fin.

Las mujeres son capaces de ver donde los hombres sólo ven oscuridad en lo que se refiere a las interactuaciones entre personas; captan muy bien el significado de las miradas, de los gestos, el lenguaje corporal, la entonación con la que se dicen las frases… Son cosas que los hombres no le dan importancia en la mayoría de los casos, y a ellas les da valiosa información en determinados ámbitos. Ellas saben con mucha celeridad quien ‘anda detrás de quien’ al entrar en un grupo nuevo, mientras que el hombre centra sus objetivos en las personas que tiene enfrente, y poco más.

El aspecto negativo de la inteligencia emocional
El chantaje emocional es una práctica habitual de maltrato psicológico que denota debilidad e inseguridad en quien lo practica y servidumbre en quien lo padece. La imposición se lleva a cabo utilizando los sentimientos como arma. La negación a aceptar sus exigencias nos lo hará ver como traición a su amistad o a su cariño.

De una forma inconsciente o voluntaria, el chantaje emocional puede llegar a presionar para que se actúe, se diga o se piense de una determinada manera, aunque vaya en contra de los propios principios.

Una persona con un elevado nivel de inteligencia emocional podrá:

– Decir exactamente lo que quiere y las consecuencias a las que a las que tendrá que atenerse su pareja si no se cede a sus deseos.

– Puede amenazar con herirse.

– Puede obligar a adivinar sus deseos para, luego, dejar claro que es responsabilidad de la pareja el asegurar que lo obtenga.

– Puede ofrecer promesas maravillosas siempre que se acate su voluntad.

Evidentemente, la inteligencia emocional se consigue a través de un contacto y trabajo constante con la sociedad, evaluando los comportamientos y situaciones que nos depara la vida, y evitar caer en chantajes emocionales o cualquier otra práctica negativa de la inteligencia emocional que nos procure un control absoluto de nuestra pareja.

En la práctica totalidad de las veces, el chantajista emocional provisto de una escrupulosa inteligencia emocional, someterá a la pareja a su voluntad, y todo por DEBILIDAD, por lo que es necesario saber que siempre que estemos sometiendo a una persona no estamos imponiendo nuestra superioridad sino, por el contrario, nuestro sentimiento de inferioridad, lo cual nos coloca en una humillante posición y arrojará una imagen pésima como personas.

Relaciónate sin herir, ama sin controlar. La inteligencia emocional debe servir para construir una relación, no para destruir a otro con el fin de que sea o piense como tú.

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