La ruptura cuando nos dejan a nosotras: cómo actuamos

La ruptura cuando nos dejan a nosotras: cómo actuamos
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Y a veces, sois vosotros quienes nos dejáis, y entonces… la decisión viene impuesta.

Una de las peores cosas a la hora de enfrentarte a una ruptura, al menos en nuestro caso, es no saber por qué te dejan, eso te mata. Desde nuestra incansable mentalidad práctica todo tiene un por qué, las cosas son por un motivo, y en esas andamos, buscando el motivo. Porque los hombres, tampoco sois todo lo claros que deberíais, también dejáis una pequeña puerta abierta y tampoco enfrentáis de cara los motivos por los que nos dejáis. ¿Cuántas veces habéis reconocido abiertamente que hay otra mujer, o que tu novia ya no te atrae, o que te has cansado de ella o que simple y llanamente le has dejado de querer? No. Vosotros también utilizáis frases modelo como ‘lo nuestro no puede ser’ o ‘necesito más tiempo para mí’ o ‘algún día lo entenderás’. Porque decir a alguien a quien tienes aprecio ‘no te quiero’ o ‘no eres cómo imaginaba’ no es plato de gusto…. Los motivos se reconocen cuando uno está tan dolido y tan harto que en un calentón dice: ‘se acabó’ y escupe los motivos de su rabia (pongamos que has sido cuerneado o ella es una chantajista o has descubierto que su vida es una mentira). Pero cuando simple y llanamente ‘se terminó el amor de tanto usarlo’ es difícil decir ‘no te quiero y ese es el motivo’. Y eso machaca, porque cuando a uno le dejan, al menos se merece sinceridad y saber el motivo. Eso es cierto.

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Por supuesto, al enfrentarnos a cualquier ruptura, creo que deberíamos distinguir ‘el antes’.

Las rupturas m^´as duras creo que son las que no se intuyen, cuando piensas que todo va bien, que la relación funciona, que las cosas marchan… y de pronto, todo se ha ido al garete. Es tal la impotencia que sientes cuando no sabes qué ha pasado exactamente: no había discusiones, hasta ayer se supone que te quería, ¿qué ha pasado?, ¿cómo asumes de un día para otro que te han dejado de querer? No. No lo asumes. No, hasta que ha transcurrido un tiempo. Y te hundes, claro que te hundes, Y comienzas a plantearte qué ha pasado, qué has hecho mal, cómo ha ocurrido. Y buscas culpas y culpables. Es peligroso, porque sientes rabia, y lo que es peor, tu autoestima se queda tocada, y no riges bien. Tomas decisiones absurdas como intentar hablar con él, con sus amigos, con su familia o enviarle una carta o un mail que le haga recapacitar y tratas por todos los medios de reconducir la relación… ¿Cómo ha podido pasar algo así si la relación era perfecta? El intento será más o menos desesperado y durará más o menos tiempo, depende mucho de la madurez, de si te ha tocado asumir responsabilidades, de si antes te has tenido que enfrentar a otras rupturas, de si eres capaz de comprender que el amor ni se impone ni se mendiga. Creo que el problema principal de las mujeres al enfrentarnos a este tipo de rupturas es que muchas mujeres creemos en la existencia del ‘príncipe azul’ y pensamos en términos ‘del hombre perfecto’ y por eso resulta tan difícil asumir que ese hombre, que estaba hecho para ti, con quien ibas a formar una familia y tener unos hijos no te quiere. Y es que tú ya tenías montada en tu cabeza la película y organizado tu futuro, y de pronto, sin pedirte opinión, te desbaratan la vida, y te sientes arrasada.

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Cuando lo intuyes, cuando lo ves venir, cuando él ha cambiado su actitud, cuando algo no cuadra, por supuesto también duele la ruptura, pero todas esas señales, ayudan a asimilar la situación mucho más rápido y de forma menos dramática. Lo cierto es que a veces, incluso puede ocurrir que estás tan cansada de desplantes, de historias, de movidas, de riñas, de disgustos, que el fin de la relación se convierte en un alivio, y lo único que sientes es un gran desahogo. Evidentemente en esos casos ni insistimos, ni buscamos, ni intentamos reconducir nada, porque a lo mejor no fuimos capaces de tomar la decisión de romper por miedo al fracaso o a lo desconocido, pero una vez tomada es tan enorme el alivio que te sientes liberada.

Es evidente que hay distintas formas de enfrentarnos a una ruptura. Está claro que, como he dicho antes que las decisiones que tomamos después de una ruptura van a depender de la madurez, de lo dependientes que seamos, del miedo que tengamos a quedarnos ‘solas’, de nuestra capacidad para solucionar conflictos, de habernos tenido que enfrentar anteriormente a la misma situación, y ¿por qué no? de lo que nos vaya el drama. Pero, cuando hemos tenido cierto desarrollo vital, cuando a lo largo de tu vida hemos tenido que asumir responsabilidades y tomar decisiones o enfrentarte a situaciones difíciles, por mero instinto de supervivencia terminarás alejándote de tu exnovio. Podrás tardar más o menos, pero al final, sin necesidad de que nadie te lo diga, por simple instinto te das cuenta de cuál (o quién) es la fuente de tu dolor, y te alejarás de ella.

Y no es orgullo, ni prepotencia, como digo es simple instinto de supervivencia (como los animales se alejan del fuego). El alejarte no es algo que se decida a modo de táctica para superar, es más mecánico: te han dejado, sufres, verle te hace más daño, hablar con él solo sirve para mantener la absurda esperanza de volver, y un día te cansas de comerte la cabeza, te saturas del ‘monotema’ y de vivir anclada en el pasado, enganchada a alguien que no te quiere, y rompes el contacto, y cuando lo rompes es radical. Y no es cuestión de ser frías, es que cuando algo o alguien te hace daño lo lógico y normal es alejarte y al alejarte, y tomar distancia, te das cuenta de que te sientes mucho mejor, y finalmente termina por llegar la indiferencia. Compruebas que el no tener contacto con él ayuda, y compruebas que un día te levantas y ayer no le dedicaste ni un minuto de tu día, y entonces sí, lo has superado. Es precisamente cuando la mujer asume y comprende que ha sido dejada y que no va a volver cuando rompe el contacto con su exnovio, y con sus recuerdos. Las mujeres probablemente no hemos leído empareja2.es, pero os aseguro que muchas de nosotras, tras pasar un período (más o menos largo) regocijándonos en nuestro dolor, llorando y pensando lo desgraciadas que somos, tras ese período de duelo, rompes de forma absoluta el contacto con tu ex, y escondes sus fotos y sus cartas y si es preciso regalas sus regalos. Porque eres consciente de dónde está el origen de tus males, y lo que es más importante, eres constante de que eso puedes cambiarlo. Tomas las riendas de tu vida. Y eso… no tiene precio.

En los casos en los que descubrimos una infidelidad, o bien estamos tan dolidas que ni siquiera tienes ganas de volver a verlo, entonces el contacto se rompe antes, y es que las mujeres más que frías somos prácticas (y si te quieres ¿cómo no vas a cuidarte?).

Cuando una mujer se quiere y se valora, cuando maduramos y asumimos que el amor no es pasarlo mal ni historias rocambolescas de cuarta, cuando entiendes que tú no puedes imponer a nadie que te quiera y que el amor es querer y no deber… entonces resulta mucho mas fácil enfrentarse a una ruptura, y te alejas rápidamente, no por orgullo ni porque le odies por haberte dejado, si no como digo, por simple INSTINTO DE SUPERVIVENCIA, y esa es la clave.

Y tras ser dejadas, una vez que eres consciente de que realmente ha terminado y que no hay vuelta atrás, asumimos que tenemos que recomponernos y reestructurar nuestra vida, y que dependen sólo y exclusivamente de nosotras. Y de ahí vienen los cambios, de hábitos, de costumbres, de entorno y ¿por qué no? físicos y es que… ¿nunca os habéis fijado en que muchas mujeres tras un desengaño amoroso se cambian de peinado, o se cuidan más o se visten distinto?

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