La superación personal

La superación personal
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La vida es un cúmulo de experiencias, tanto buenas como malas, que van aconteciendo de forma incesante. No poseemos la capacidad de controlar todos los parámetros de nuestra vida e, inevitablemente, siempre acabamos sufriendo experiencias negativas que hubiéramos preferido evitar, tales como una ruptura. Pero si en lugar de considerar que tenemos algo en contra, elegimos aceptar, encarar y conquistar ese reto que nos presenta la vida, aprovechando la oportunidad que nos brinda de fortalecernos, estaremos avanzando en gran medida hacía el éxito.

Las adversidades
Lo queramos o no, a lo largo de la vida, siempre recibimos golpes. No existen las vidas de color de rosa donde todo es idílico, porque todos, tarde o temprano, nos damos de bruces con desengaños, fracasos, mentiras, egoísmos y frustraciones. Ante algo ineludible, no tenemos más remedio que hacerle frente y aprender a vivir con ello, de modo que el único camino para evolucionar y fortalecernos es aprender a sortear los golpes de la vida.

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Las malas experiencias son dolorosas, pero si las sabemos asumir, pueden ir haciendo crecer nuestra madurez interior. La clave es saber aprovechar esos golpes, saber sacar el valor oculto que encierran y lograr que, en lugar de desalentarnos o hundirnos, nos mejoren.

Lo único que diferencia a aquellos que se crecen frente a las adversidades de los que se hunden es la manera en que reciben y encajan los golpes. La peor manera de responder frente a un acontecimiento adverso es dejarse controlar por los instintos más básicos, tales como el odio, el resentimiento o la sed de venganza. La reflexión es nuestra mejor aliada para temperarnos, enfriar nuestra cabeza y tomar decisiones una vez liberados de todo pensamiento negativo e improductivo.

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Si no se reflexiona sobre aquello que nos angustia, o se reflexiona pero sin acierto, sin saber abordarlo bien, se pierde una excelente ocasión para madurar, e incluso se puede producir el efecto contrario. La falta de conocimiento propio, la irreflexión o el victimismo, hacen que esos golpes duelan más, llenándonos de malas experiencias sin apenas enseñarnos nada. Esto evidencia que la experiencia de la vida solo nos sirve para crecer si se sabe aprovechar, es decir, que tenemos que aprender a transformar lo negativo en positivo a través del aprendizaje, adquiriendo conocimientos que nos aporten madurez y entereza.

Aprender a fracasar
El fracaso es algo que va ligado a la limitación de la condición humana, y lo normal es que todos lo constatemos con frecuencia cada día, ya sea porque no hemos podido aprobar un examen, encontrar el trabajo que deseábamos o, en el caso que nos atañe, por dejar de ser queridos por la persona que amamos. Por eso, los que puede decirse que triunfan en la vida no es porque no fracasen nunca, o lo hagan muy pocas veces: si triunfan es porque han aprendido a superar esos pequeños y constantes fracasos que van surgiendo, se quiera o no, en la vida de toda persona normal. Los que, por el contrario, fracasan en la vida son aquellos que con cada pequeño fracaso, en vez de sacar experiencia, se van hundiendo un poco más.

Es una lástima ver a personas inteligentes venirse abajo y abandonar ante la menor adversidad porque no son capaces de ver que están desperdiciando una oportunidad única de superarse y de crecer como personas. La mayoría de los fracasos nacen de las autolimitaciones que nos imponemos nosotros mismos. De nuestra mentalidad y actitud depende que seamos capaces o no de saltar cualquier tipo de obstáculo que encontremos en el camino.

Errores los cometemos todos, pero lo que diferencia a los triunfadores de los perdedores es que los primeros sacan de ellos lecciones valiosas para el futuro, mientras que los segundos sólo obtienen amargura y pesimismo. El éxito radica en la capacidad de superar los tropiezos y de aprender de ellos.

El fracaso hace lucir ante uno mismo la propia limitación y, al mismo tiempo, nos brinda la oportunidad de superarnos, de dar lo mejor de nosotros mismos. Es así, en medio de un entorno en el que no todo nos viene dado y se nos presentan adversidades, como se va curtiendo el carácter y vamos adquiriendo fuerza y entereza.

Cada frustración, cada descalabro, cada contrariedad, cada desilusión, lleva consigo el germen de una infinidad de capacidades humanas desconocidas, sobre las que las personas valientes y decididas saben ir edificando lo mejor de sus vidas. Aprender a fracasar, transformando las experiencias negativas en valiosas lecciones para el futuro, es uno de los mayores triunfos a los que podemos aspirar.

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La prueba del dolor
La ruptura es una experiencia que, de forma inevitable, nos produce dolor, pero este no es malo en sí, ya que debemos interpretarlo como una señal de alarma que lanza nuestro cuerpo para indicarnos que no estamos bien. El dolor es una señal fisiológica que nos recuerda que no podemos mantenernos en una posición inmovilista ante un problema. Es la voz interna que nos pide a gritos que tomemos alguna medida y busquemos una respuesta que nos restablezca. Nos impulsa a recobrar el bienestar.

El dolor nos conduce a la reflexión, a preguntarnos por el sentido que tiene todo lo que sucede a nuestro alrededor. Al sentir dolor, vivimos una prueba en nuestro interior, es como un pellizco que detiene el curso normal de nuestra vida, como una pausa que nos invita a reflexionar.

El dolor nos obliga a fortalecernos y forja nuestra capacidad de sortear obstáculos incómodos. Al aumentar nuestra sensibilidad, nos hace ver la vida de un modo diferente y nos muestra un perfil más profundo de las cosas, descubriéndonos matices que desconocíamos.

Lo que nos hace felices no es la ausencia del dolor, entre otras cosas porque se trata de algo imposible, sino saber tratar con el. Por eso debemos aprender a tolerar lo malo inevitable, a eludir el dolor gratuito y a adquirir la madurez y sabiduría necesaria para vivir sin amargarse.

Reaccionar inteligentemente
Nuestra actitud en la vida es la que influencia, y en muchos casos hasta determina, el desenlace de lo que nos proponemos lograr. Por eso es importante decidir conscientemente cuál es la actitud que deseamos adoptar ante cada situación adversa que se nos presenta.

Si en lugar de interpretar la ruptura negativamente, aceptamos la realidad y la encaramos de forma valiente, daremos el primer paso para superarnos y mejorar nuestras capacidades, poniendo el primer ladrillo en la construcción de una muralla que nos protegerá el resto de nuestra vida. Está demostrado que los grandes retos conducen a grandes éxitos.

Suena sencillo, pero ¿cómo lograrlo? Es relativamente fácil, siempre y cuando consideremos una serie de aspectos de suma importancia:

1. Las emociones
Ante la pérdida es común sentirse agobiado, falto de afecto, despreciado, traicionado, y una amplia gama de otras emociones. Y son justamente nuestras emociones lo que necesitamos comenzar a trabajar cuando se nos presenta el reto de vencer la adversidad. Necesitamos ordenarlas de manera que nos permitan pensar claramente sobre la situación, y así lograr una apreciación objetiva de los hechos.

A la ruptura le sigue una etapa inicial en la que el corazón se impone a la razón y nos incapacita para actuar de forma cabal. Durante este período lo mejor es no hacer absolutamente nada de cara a recuperar a nuestra ex pareja, porque cualquier cosa que hagamos en ese sentido estará guiada por la idealización y la dependencia afectiva y nos hará comportarnos como seres carentes de dignidad y amor propio. En ese estado emocional tan delicado, los pasos que demos, paradójicamente, en lugar de avanzar nos harán retroceder y empeorarán la situación.

En este punto la clave es centrarnos única y exclusivamente en nosotros. De ese modo nos alejaremos del foco de dolor y, al mirarnos a nosotros mismos, podremos comenzar a controlar nuestras emociones. Para ello puede ser de gran ayuda realizar actividades físicas, darnos un baño relajante, escuchar música agradable, cambiar nuestro entorno o concedernos algún capricho, es decir, hacer cualquier cosa que nos ayude a relajarnos y percibir los hechos tal como son, y no como sentimos que nos amenazan.

La importancia de dar este paso es muy grande, porque si no administramos nuestras emociones, estas terminarán por manejarnos a nosotros.

2. Los Hechos
Ante una situación tan difícil como ser dejado, basarse en las palabras no sirve de nada. En esa situación, las palabras provenientes de la ex pareja no nos beneficiarán, porque tal vez estén muy distantes de sus verdaderas intenciones. Tenemos que remitirnos estrictamente a los hechos, porque, como acostumbramos a decir, las palabras se las lleva el viento.

Permanecer centrados en los hechos nos ahorrará muchos quebraderos de cabeza y nos salvará de caer en elucubraciones subjetivas, fruto de nuestros deseos, que no se corresponden con la realidad. Partimos de un único hecho irrefutable: nuestra ex pareja no quiere estar con nosotros. Esa es la realidad. La única realidad. Atengámonos a los hechos, asumámoslos con la mayor dignidad posible y huyamos de pensar cosas improductivas que acabarán volviéndose en nuestra contra.

De nada sirve atormentarnos intentando descifrar palabras codificadas en forma de tanteo. Eso solo nos conducirá a desperdiciar energías que podíamos emplear en mejorar. Perder el tiempo intentando interpretar palabras que no se acompañan de hechos es tan improductivo como beber agua de mar para calmar la sed.

Si nos mantenemos centrados en los hechos, estaremos en mejores condiciones de evaluar las situaciones que se nos presentan de manera clara y, con alta probabilidad, acabaremos vislumbrando oportunidades para madurar y fortalecernos donde antes solo veíamos adversidades.

3. Decidirse a actuar
Además de controlar las emociones y evaluar los hechos, es de vital importancia que nos decidamos a actuar con pleno convencimiento. Es obvio que tenemos que tomar medidas y llevarlas a cabo, porque quedarse paralizado o huir no contribuye en nada a solucionar el problema. Pero no podemos hacerlo de cualquier modo, sino teniendo las ideas claras y siguiendo una estrategia mental.

Al plantearnos actuar tenemos que considerar que no importa cuan pequeña pueda ser nuestra acción, porque es sabido que batalla a batalla se ganan las guerras y, en mayor o menor medida, esta contribuirá a nuestro propósito. Lo verdaderamente importante es que, cuando actuamos, comenzamos a sentir que tenemos algo de influencia sobre los hechos que acontecen, y eso nos motiva y nos impulsa hacía adelante, encarando el reto cada vez con la cabeza más alta.

Parece difícil ver una solución ante una situación que consideramos apremiante, pero recordemos que no necesitamos hacer algo grande para producir un gran cambio, porque la suma de pequeñas acciones se acabará traduciendo en una gran gesta.

4. Reflexionar
La reflexión posterior a la ruptura es un paso fundamental para aprender de la experiencia. Sin ella no podemos asentar los nuevos conocimientos de manera coherente y ordenada en nuestra cabeza. Sin importar lo inmensa que nos parezca una situación, gracias a la reflexión, siempre podemos encontrar una manera de limitar su impacto y de salir fortalecidos.

En cada adversidad yace la semilla de una equivalente ventaja, porque cada derrota supone una lección que nos muestra como obtener la victoria la próxima vez. Hasta las peores situaciones pueden tornarse ventajosas si nos preguntamos: ¿cómo puedo sacarle ventaja a esta situación?, ¿cómo puedo limitar su impacto negativo?, ¿cómo puedo reducir el tiempo que durará?

Una vez que obtengamos las respuestas, podremos actuar. Al actuar nos sentiremos confiados de poder hacer algo al respecto y, si ponemos empeño en ello, lo lograremos.

5. Los pasos
Una vez que conocemos el camino a seguir para salir de la situación, es importante tener plena consciencia de que los resultados no son inmediatos. No podemos pasar de la desesperación absoluta a la recuperación total por arte de magia. La adaptación a la nueva situación necesita ir asentándose paulatinamente con el tiempo.

Se trata de ir dando pasos, por pequeños que sean, de manera lenta pero constante y, así, paulatinamente, iremos percibiendo como cambia la situación. Más vale avanzar lento pero con paso firme y seguro que hacerlo precipitadamente sin dejar todo bien atado. Como dijo el gran poeta español Antonio Machado: ‘caminante, no hay camino, se hace camino al andar’.

Conclusión
Ante una situación que nos angustia tenemos que huir de la pasividad y adoptar una actitud activa e inteligente. Nuestra actitud es de vital importancia. A medida que cambiamos nuestra actitud, positivando una adversidad a priori negativa, podemos controlar nuestras emociones, reflexionar y evaluar los hechos para trazar un plan de acción. Llevando a cabo estos pasos, avanzamos y nos damos cuenta de que la adversidad que nos atormentaba se ha convertido en un estímulo que nos motiva hacía la superación, permitiéndonos descubrir oportunidades para crecer.

A partir de ese momento reconocemos la grandeza que reside en nosotros, ganando confianza, liberándonos del sufrimiento y recobrando el bienestar. Ese es el camino para conseguir hacer realidad nuestro objetivo, que no es otro que sentirnos bien con nosotros mismos, desprendernos de la dependencia y vivir sin miedo a enfrentarnos a las dificultades.

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