Las doce pruebas

Las doce pruebas
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Julio César, harto de la resistencia de los galos a sus pretensiones de invasión, reta al pueblo de Astérix a superar doce pruebas. Si lo consiguen, Roma será suya. Si no, su pueblo será sometido. Entonces los galos se enfrentan, con grandes dosis de ironía, humor y analogías, a pruebas que mucho tienen que ver con el ritmo de nuestra sociedad actual. Y esas doce pruebas pueden extrapolarse a circunstancias que acontecen al comienzo de una relación amorosa.

Prueba 1. Merinos, el corredor
Nada más comenzar una relación, uno puede encontrarse con dos tipos de mujer. La que quiere conocer al hombre que tiene enfrente o la que ya está haciendo cálculos con los apellidos para saber cómo se llamarán sus hijos. Respecto a este último grupo, ¿cómo debemos abordar el problema? El que causa que una mujer pretenda ir tan rápido en una relación como Merinos, el corredor griego ‘más rápido que el caballo, más veloz que el viento cuando sopla huracanado’.
Nada más comenzar la carrera, Astérix habla a su contrincante mientras huele una flor y disfruta de la naturaleza. Merinos, como una estatua, espera que se caiga el último grano de arena del reloj para correr hacia la meta. Ya en carrera, Astérix le sigue de cerca e intenta distraerle enseñándole setas o flores silvestres que ha recogido en el bosque. A cada intento de ‘distracción’, Merinos va aún más deprisa: no comprende cómo está teniendo tantos problemas para ganar la carrera. El resultado es que Merinos se estampa contra un árbol, por ir tan deprisa. Y Astérix lo lleva de la mano hasta la meta. En una relación ocurre algo parecido. Si intentamos ir más rápido que ellas sucumbiremos a una inercia muy poco positiva y bastante destructiva. ¿Qué es lo mejor? Hacer como si la relación no fuese una competición, disfrutar de la naturaleza, ‘recoger flores silvestres por el camino’ . No dejes que ella corra, no superpongas sus deseos a los tuyos. No hagas todo lo que dice, no arriesgues ni hipoteques tu futuro por sus prisas.

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Prueba 2. Kermes, el lanzador de jabalina
¿Qué busca una mujer en una relación? Busca, siempre, el príncipe azul. El hombre alto, guapo y listo (y con dinero). El que sea capaz de ser ‘más’ en todo. Así ocurre en la segunda prueba, donde aparece Kermes, el lanzador de jabalina. Algo descompensado fisiológicamente, posee un brazo capaz hacer que una jabalina cruce el continente. Obélix, debido a su fuerza, se enfrenta a este reto. Lanzamiento de Kermes: preparación, calentamiento, grito desaforado y la jabalina se pierde en el cielo, llegando a una supuesta Norteamérica poblada de apaches. Lanzamiento de Obélix, un lanzamiento sin aparente esfuerzo hace que la jabalina dé la vuelta a la tierra. ¿Es necesario ‘lanzar la jabalina’ más alto que ellas? No. Lo que hay que hacer es no demostrar demasiado entusiasmo y esfuerzo por el lanzamiento. Mantener la calma, no gritar ni lanzar más alto que ellas. Ellas quieren conseguir arrastrar a su novio a sus dominios, a su competición, a su nivel. Si nunca lo consiguen, siempre lo perseguirán. Esa es la verdadera competición.

Prueba 3. Cylindrix, el luchador
Las apariencias han sido, siempre, engañosas. Los simpáticos son la peor gente, los ‘malos’ la mejor. La gente polariza su carácter para no verse agredido por las personas que le rodean. Si la persona es débil por dentro, por fuera parecerá muy dura. Si por dentro no tiene buen humor intentará parecerlo, para evitar que la gente se vaya de su lado. Lo que vemos son fachadas, lo que cuenta es el interior.
Así, en la tercera prueba aparece Cylindrix, el luchador germano. No más alto que una papelera de oficina, este luchador hace que se confíe el más fuerte pero también el menos avispado de los dos protagonistas: Obélix. Superado por una técnica en la que el luchador aprovecha la fuerza y peso de su oponente, Obélix acaba destrozado por su propia fuerza. Cylindrix… ni un rasguño. Astérix, consciente de que no debían haberse fiado de la apariencia externa, pide a Cylindrix que le muestre el secreto de su técnica. Astérix POLARIZA su personalidad: hace que su luchador crea que es más ignorante. El germano le enseña todas las técnicas y, en unos minutos acaba venciéndole. De esto, lo que debemos sacar en claro es que debemos actuar con inteligencia en cada situación que se nos presente con nuestra pareja, para revertir lo que parece negativo en nuestro beneficio. Saber salir airoso de discusiones, actuar con indiferencia o empalizar con ella si es necesario.

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Prueba 4. Las ninfas de la laguna
Las mujeres nos atraen a través de su belleza, su olor, su sensualidad. Pero… una vez pasa el embrujo, aparecen todas las realidades de golpe. Es lo que ocurre en la cuarta prueba de Astérix: tras cruzar una misteriosa laguna, los protagonistas llegan a una isla poblada de amazonas. Ninfas de las que sólo aparecen en los sueños más eróticos. Cánticos, vino, baile, placeres… Astérix y Obélix sucumben ante estas diosas. Y, al menos a Astérix, nada puede sacarle de tal ensoñación. ¿Nada? Una de las diosas pregunta a Obélix cuál sería la mejor manera de satisfacerle. Obélix responde que con comida. La respuesta de la ninfa es que puede comer néctar de ambrosía, a lo que Obélix se opone; se ofusca y pide jabalí. La ninfa, con un airado comportamiento más de mujer de finales del siglo XX que una mitológica Venus, le hace ver que ella no va a cocinar, lavar ni planchar para él. Que se olvide de ser el niño de mamá al que ella tiene que cuidar: ella quiere tener su vida. Obélix sale disparado de la isla. Astérix permanece seducido apenas unos segundos más, hasta que su compañero de aventura le espabila con un grito.
¿Qué hubiera ocurrido si Obélix no hubiera sentido hambre? Es decir, si no hubiera hecho caso a sus necesidades reales. Que hubieran sido esclavos de las ninfas. Hubieran permanecido allí, esclavizados, estupidizados, toda su vida. Serían los más fuertes y valientes guerreros, pero el amor les habría cegado. ¿Dejarían ellas de conquistar a otros guerreros por tener a estos bajo su dominio? No. Ellas ya los tienen, pueden dedicarse a otras cosas. Esto no significa que haya que comportarse como un machista y dejar todo en manos de ellas… pero ser un perrito faldero que va tras ellas babeando, que dice a todo que sí, que las coloca en lo alto de un pedestal… ellas acabarán odiando esa actitud.

Prueba 5. Iris, el mago
Siempre se ha dicho que tras un gran hombre hay una gran mujer. O que en todas las casas quien lleva los pantalones son ellas. En la quinta prueba, Iris el hipnotizador sienta a Astérix bajo sus ojos con el fin de ‘comerle el tarro’. Se le iluminan los ojos y repite frases del tipo: ‘si… eres un jabalí, te sientes un jabalí’. La hipnosis no puede con Astérix: éste se mofa continuamente de la actitud del mago que acaba totalmente desorientado por su indiferencia. Al final, quien acaba convertido en jabalí es el propio mago. ¿Qué conclusión podemos sacar de esta prueba? La indiferencia y ese aire divertido de Astérix es una buena fórmula para actuar cuando nuestra pareja se está tomando con extrema gravedad una situación que no la tiene. ¿Hará esto que se vaya la relación al traste? En absoluto. Más bien pasará lo contrario. Mantenerse firme ante situaciones que ella toma a la tremenda es la mejor forma de salir airoso de estas situaciones.

Prueba 6. Mannekenpix, el cocinero
Cuando ha transcurrido un cierto tiempo en una relación, una mujer puede estar interesada en presentar en sociedad a su nuevo novio. Presentarle a sus padres, para ser más concretos. Esto conlleva una auténtica ‘pasada por el aro’ en todos sus niveles. A tragar con todo lo que vaya con ella: familia, situación económica, circunstancias… En la sexta prueba, Obélix se enfrenta a Mannekenpix, un cocinero que no para de sacar jugosos (y bestiales) platos de una cocina capaz de cocinar montañas de pescado, jorobas de camello e incluso elefantes. La cuestión es comerse todo lo que sale de esa cocina. Puesto que ninguno somos Obélix y nuestra máxima capacidad digestiva puede estar reducida a una fabada y un buen solomillo de buey, no es muy recomendable que ‘traguemos’ más de lo que podamos. Ganar una prueba en la que se nos atiborra no depende de nosotros, sino del cocinero. De hecho, Obélix no supera la prueba por comer una cantidad concreta o a una velocidad determinada. La gana porque el cocinero se queda sin comida en su despensa. Y, al final, Obélix pregunta por los entremeses.
Las circunstancias que pueden rodear a una relación son muchas, pero, por pura superación personal, es aconsejable saber abordarlas, tratarlas, sin tener que ‘tragar’ todo lo que sale. Conseguir que el cocinero no nos traiga más comida porque sabe que despacharemos cada problema sin saturarnos.

Prueba 7. El antro de la bestia
El miedo de un hombre a lo desconocido, a la incertidumbre, puede hacer que su pareja lo abandone. Muchas veces las mujeres nos empujan al antro de la bestia, al agujero oscuro, poniéndose ellas por detrás. Pero un hombre es, ni más ni menos, una persona. Con sus miedos, sus fobias, sus necesidades y sus anhelos. Cuando hablamos de miedo no hablamos de la séptima prueba de Astérix, donde los protagonistas se internan en una tenebrosa cueva plagada de extrañas criaturas. Estamos hablando de problemas reales: afrontar la búsqueda de un trabajo, un problema de salud, contratiempos familiares, lo que sea. El caso es que una mujer hace que sea el hombre quien primero ponga el pie en el antro de la bestia. ¿Cómo salen Astérix y Obélix de la cueva? Sencillo: preguntando a la misma bestia cuál es la salida. Enfrentarse a los problemas con entereza y decisión, como si no fuera tan importante y acuciante como parece, consigue que la bestia se consuma, literalmente.

Prueba 8. La casa de la locura
El pensamiento de una mujer es distinto al de un hombre. Es algo que viene determinado por su naturaleza: la mujer ha sido, desde siempre, más comunicativa y sensible a los estados anímicos de quienes la rodean. Necesita hablar con mucha frecuencia y expresar lo que piensa. Está en su genética. El hombre, sin embargo, sólo habla cuando es estrictamente necesario. Este comportamiento se traslada al comportamiento ante una actividad que ellas han convertido en social: ir de compras. Mirar, hablar, opinar, obtener un feedback personal de todo, en este caso de una actividad comercial.
En la octava prueba, Astérix y Obélix se vuelven literalmente locos cuando, en una especie de ministerio de consumo, los hacen dar cientos y cientos de vueltas buscando formularios de distintas nomenclaturas y clases. Al final de una búsqueda infructuosa, Astérix decide inventarse la existencia de un formulario falso con tal de confundir a los hasta entonces impasibles funcionarios. El resultado es que consigue revertir la locura, provocando la histeria colectiva. Por lo tanto… ¿qué ocurre si entramos en la dinámica de ir de compras con nuestra pareja? Con toda seguridad, acabaremos locos. No entenderemos por qué tienen que probarse todo y no comprar nada. No entenderemos por qué miran durante largos minutos escaparates, a veces sin nada qué ofrecer. No entenderemos por qué nos piden opinión sobre algo que van a comprarse y a ellas les gusta y, les digamos lo que les digamos, acaban comprándolo. ¿Cómo revertir este efecto? Sencillamente, si no hay más remedio que seguir a una mujer en sus compras, probad el curioso efecto que se consigue si, en lugar de apatía, mostráis entusiasmo. Si queréis meteros en todas las tiendas, ver todos los productos, probaros todas las ropas. Y si, aún mejor, metéis a vuestra novia en las tiendas que vosotros queréis (videojuegos, deportes, concesionarios de coches, etc).

Prueba 9. El abismo
Muchas veces hemos oído aquello de: ‘Las mujeres no saben lo que quieren’. Relacionando los problemas con los cocodrilos del fondo de abismo que deben cruzar Astérix y Obélix en la novena prueba, y el hilo invisible que cruza el abismo con la ‘inexistencia’ de lo que ellas dicen querer, cruzar el abismo de una relación por un fino hilo que, además es invisible, es casi una epopeya mitológica. Los protagonistas de la historia lo solucionan enfrentándose a los cocodrilos, haciendo que sean ellos los que cuelguen del hilo invisible. La analogía está clara: puesto que un fino hilo e invisible no parece una vía fiable que propicie la comunicación… ¿qué tal ser directo? Nosotros no somos ni adivinos, ni magos ni videntes. No somos ‘tontos’ por no saber lo que una mujer piensa. La verdad es que seríamos objeto de estudio si supiéramos qué está pensando otra persona. En definitiva, se nos tienen que comunicar las cosas.

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Prueba 10. El Venerable de la Cumbre
La cumbre es la fantasía, lo inexplorado, la incertidumbre, lo misterioso, la aventura, el riesgo. La décima prueba de Astérix constaba en enfrentarse al Venerable de la Cumbre, el cual les propondría un reto que ningún hombre había superado jamás. Al final, ese tal ‘reto’ no es más que una prueba tipo spot publicitario en la que Astérix, con los ojos vendados, tiene que saber qué toallas están lavadas con un detergente especial, sólo con tocarlas. Una parodia de los anuncios de los 70-80 que, sin embargo, tiene una analogía directa con lo que nos ocupa: tanta ascensión, tanto sufrimiento, tanta intriga, tanto misterio, tanta dilación… para que al llegar a la cumbre llegue un viejo gilipollas y pregunte ‘qué ropa es más suave y esponjosa’. El misterio es bueno para una relación… pero sepamos darle a cada cosa su justa medida y su momento oportuno.

Prueba 11. La llanura de los fantasmas
Para una mujer, un hombre que se muestra entero ante las adversidades es el hombre al que ellas desean. Muy por encima de su aspecto físico y de su capacidad económica. La actitud de un hombre lo es todo. En esta última prueba, tránsito antes de la llegada a Roma, Astérix y Obélix deben pasar la noche en la llanura de los fantasmas, un inhóspito territorio, antiguo campo de batalla donde perecieron miles de soldados de guerra. Una vez más, Astérix se muestra entero y manda callar a los fantasmas que intentar meter el miedo en el cuerpo a los dos héroes. Por supuesto, al igual que ocurre en la casa de la locura, el antro de la bestia o el tenebroso abismo, consiguen dar la vuelta a la situación. ¿Pasar miedo? No… eso no es lo que necesitamos… ¡lo que necesitamos es dormir! Ahora imaginemos que aplicamos esta entereza a la hora de abordar una ruptura. ¿Cuál es la mejor actitud a seguir? ¿Derrumbarnos y temblar de miedo o afrontar el futuro con decisión?. Nunca hay que tener miedo a los fantasmas. Si los hay en tu cabeza, impidiéndote que pienses con claridad, que te tranquilices y que veas las cosas de un modo positivo, habrá que mandarles callar. Con dos cojones.

Prueba 12. El circo de los leones
La última prueba para Astérix y Obélix es, supuestamente, la más complicada y que ningún mortal supera. Enfrentarse a gladiadores y todo tipo de bestias en el circo romano. Pero, no sólo por fuerza sino también por ingenio, los galos se pasan por la piedra la ferocidad del circo y lo convierten en un circo… pero de payasos. La gente ríe a carcajadas. Desmontan por completo el concepto de tragedia y lo convierten en humor. ÉSE ES EL INGREDIENTE NÚMERO UNO. El humor puede salvar una relación, evitar que se produzca una ruptura, conducir a dos personas a reconciliarse… Por eso siempre recomendamos buen humor e indiferencia. ¿De qué nos serviría luchar desaforadamente contra las bestias del circo? ¿De qué serviría luchar con reproches y situaciones agresivas con una persona que no nos quiere o que está a punto de separarse de nosotros? El buen humor (y no la risa, que es distinto) ante cualquier problema, permite que una persona se comporte con fuerza, dignidad y logre ser respetada. Por eso hablamos del comportamiento indiferente ante la llamada de una ex. O el alejarnos de una persona que se muestra distante, ante la cual no hay que pedir explicaciones. En definitiva, si una mujer no desea nuestra compañía… debemos reaccionar y convertir una experiencia trágica en una experiencia como cualquier otra.

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