Las rupturas: cuando nosotras decidimos dejarlo

Las rupturas: cuando nosotras decidimos dejarlo
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Una eterna discusión con mis amigas es: ¿Qué es peor, que te dejen o dejar a alguien? Las opiniones son variadas, en realidad nadie tiene una postura clara acerca de eso, incluso… ¿para qué engañarnos? puede depender del momento sentimental que estés viviendo. Lo que sí creo es que esto, de alguna manera, viene a revelar que ninguna de las dos situaciones se plantea como una ‘opción’ fácil, ni como una experiencia gratificante. Y es que… sí, nosotras también sufrimos, y nos desmoronamos cuando vemos que el proyecto por el que hemos apostado se va al garete, cuando la decisión la tomamos nosotras y cuando la decisión nos viene impuesta.

Cuando la decisión la tomamos nosotras.

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Los motivos son variables.

Supongamos una relación que ‘aparentemente’ va bien, dos personas que llevan tiempo juntos, se conocen y aparentemente coordinan y se compenetran, que se quieren, cuyos planteamientos de vida son similares y sus proyectos de futuro van en paralelo. En principio una ‘pareja modelo’, ¿cómo es posible que ‘teniéndolo todo’ una mujer tome la decisión de romper? Es más que probable que en este caso haya aparecido una tercera persona, sí, ‘el tercero en discordia’… una persona nueva, nuevas experiencias, nuevas actitudes, ilusiones renovadas, el juego de la conquista y de la seducción, una vuelta al principio…. Dato curioso, y a la vez fundamental de estas situaciones es que la mayoría de las veces ‘el tercero en discordia’ es completamente distinto al futuro exnovio. Durante un tiempo (eso ya depende de la mujer, de sus escrúpulos, de su coherencia y por qué no, de su capacidad para solucionar conflictos) la mujer solapará relaciones, comparando constantemente a ambos hombres y no sabiendo por quién decidirse. La realidad de la situación es que la relación anterior ya tenía algún problema, que si bien antes era considerado como ‘problemilla sin importancia’, con la entrada del tercero se convertirá en una situación insolucionable, y la mujer terminará decidiéndose por su nueva conquista. Respecto a esto, resulta ilustrativo el hecho de que si bien las mujeres compartimos muchas cosas, conforme avanza la relación con un hombre, como es lógico y natural (por una simple cuestión de intimidad), las mujeres dejamos de compartir determinados detalles con nuestras amigas, y es cuando esa mujer conoce a otro hombre, cuando sus amigas conocen (en un intento de la mujer de ‘justificar la infidelidad’) los problemas que realmente existían en esa relación ‘aparentemente’ ideal, y es que… ninguna mujer se siente orgullosa de ser infiel y siempre habrá o (buscará) un motivo que lo justifique.

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Ni que decir tiene que si una mujer se fija en otra persona y es infiel es porque la relación que tiene no le llena y porque de alguna manera, ha dejado de querer y de valorar al hombre que antes quería. La mayoría de las infidelidades de mujeres no son exclusivamente físicas, si no psicológicas, la mujer no suele tener una aventurilla, la mujer al ser infiel busca una nueva relación, y mejor que la anterior (sobra decirlo).

Estas rupturas si bien en principio terminan con buenas palabras y excusas varias (me siento agobiada, no me siento valorada como antes, estamos estancados), precedidas del famoso ‘necesito un tiempo para pensar’, al final concluyen como el rosario de la aurora, porque tras ese tiempo para pensar el ‘tercero en discordia’ sale a la luz como nueva pareja de la mujer, tomando el hombre que fue dejado conciencia de la infidelidad y abriéndose la caja de los truenos. No nos engañemos, son muy raros los casos en que la mujer abiertamente reconocerá que ha conocido a otra persona y que esa persona le parece mejor opción y le gusta más… pero al fin y al cabo ese es el motivo: una opción mejor.

Por supuesto, existen casos en los que una mujer que lleva tiempo con su pareja se da cuenta, sin necesidad de que aparezca nadie, de que no le quiere, de que quien antes era el hombre de su vida se ha convertido en un casi hermano, un compañero de piso, un buen amigo. Pero esto, no nos engañemos… no ocurre de la noche a la mañana, esto no nos viene de nuevas…. esto se ve venir. Es el desgaste de la relación por la rutina, por cambio o evolución incompatible en los puntos de vista y el modo de vida de cada uno, por dejadez o incluso por descuido. Y en tales casos es cuando las mujeres decimos la recurrente frase de ‘te quiero pero no estoy enamorada de ti’ o ‘eres el hombre perfecto, pero no para mí’, y repite ‘lo siento’ y de verdad lo siente….. Y a lo mejor las mujeres simplemente deberíamos decir: ‘ Fulanito, ya no te quiero como pareja’, pero supongo que eso resulta muy duro… y esas frases de manual no son más que un intento (infructuoso) de suavizar la situación y de hacer menos daño. Porque no, no nos gusta parecer crueles y frías, ni nuestra intención es hacer sufrir a nadie.

Cuando una mujer se da cuenta de que no quiere a su pareja, de que no lo desea, de que cualquier cosa le resulta más apetecible que estar con él, se siente culpable, claro, y de alguna manera, siente que está fallando a quien confía en ella y le quiere. Y se plantea si no será demasiado exigente o si no será una insatisfecha permanente, y ya….dependiendo de la madurez, del tipo de compromiso, del carácter más o menos independiente de esa mujer, y de su capacidad para ser honesta (primero con ella) y después con él…tardará más o menos tiempo en dejar la relación. Pero en el momento en que una mujer es consciente de que no quiere a su pareja, la relación estará avocada al fracaso… sin opción… y el hombre, probablemente pensará que esa mujer no ha valorado en absoluto la larga relación y los compromisos que ambos tenían, y que no tiene vergüenza, ni sentimientos. Pero lo cierto es que la mujer simplemente ha sido honesta, y ha decidido no hipotecar su felicidad por la felicidad de su pareja… y es que nadie aguanta mucho tiempo estando con otro por pena o por no causar dolor.

En estos casos, la ruptura es costosa y dolorosa… la mujer quiere ser un apoyo para su expareja pero a la vez se da cuenta de que continuando con el contacto le hace más daño. La mujer adora a ese hombre, sí, pero lo adora como amigo y no entiende por qué ha de renunciar a su amistad… y es que no es suficiente el perder a una pareja que también tiene que renunciar a su mejor amigo??? Y se empeña en mantener el contacto, porque aunque no le quiere, no quiere renunciar a alguien que ha sido parte de su vida… y por eso cuesta pasar página.

En otros casos, los motivos son simple fruto del conocimiento. Y el tiempo hace que los defectos queden al descubierto, que lo que inicialmente parecía perfecto se convierta en imperfecto y los ‘distintos puntos de vista que nos hacen crecer’ en desencuentros irreconciliables, y suma y sigue… el tiradillo es un guarro, y el cariñoso un ñoño, el gracioso un pesadito y el culto un brasas. Son casos en los que simplemente la relación no cuajó, y al ir conociéndose surgieron las divergencias y dejó de existir atracción… Y es que detrás de esa atracción inicial, de la novedad y del cortejo, probablemente no existían bases comunes y sólidas sobre las que asentar una relación. Y las mujeres, la mayoría de las veces no sabemos lo que queremos, pero tenemos muy claro lo que no queremos, y cuando vemos que no, no hay vuelta de hoja. En estos casos la relación se rompe por lo sano y de forma directa, la practicidad de la mujer le impide seguir conociendo a alguien e involucrarse sentimentalmente más en una relación que no tiene futuro, y la insistencia del otro el único efecto que produce es empacho. El sentimiento de culpabilidad dependerá de lo involucrada que esté la mujer en el momento de producirse la ruptura, de lo razonados que estén los motivos, de la gravedad de la divergencia, y sobre todo de lo segura que esté la mujer de que esa persona no es el hombre con quien quiere estar.

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Y por supuesto, y por suerte algunas veces la relación se deja simplemente porque la mujer abre los ojos. Sí, porque hay veces que tras años, o meses anulada, amargada, soportando lo insoportable, infidelidad, desprecios, mentiras y ninguneos, la mujer simplemente abre los ojos o mejora su autoestima, y tras ver que hay vida más allá de esa relación, termina con eso. Según lo manipulable que sea la mujer, se sentirá más o menos culpable, según también la dependencia que tenga a ese hombre. Y esta decisión no es fácil, y el reponerse tampoco, pero sí es posible.

Y si, a veces, al dejar una relación, no somos todo lo claras que deberíamos, ni del todo honestas, y hablamos a medias porque para que engañarnos… ¿a quién le gusta dañar a alguien que ha sido parte de su vida? y ¿quién no ha sentido alguna vez el miedo a quedarse solo o el miedo a ser un constante insatisfecho? Siempre que una mujer deja una relación considera que ha fracasado, y por eso, sufre, y por eso a veces alarga la agonía. Las mujeres somos conscientes de que el ideal es tener pareja, no por presiones sociales, hoy ya no… si no porque obviamente nuestra vida gana calidad estando en pareja… y aspiramos a ello. Lo que ha cambiado es que ahora la mujer no quiere, ni necesita estar con una pareja a cualquier precio, ya no necesitamos tener una pareja como requisito indispensable para sentirnos realizadas… Y por eso hoy elegimos, y por eso seleccionamos y por eso probablemente vuestra sensación es que exigimos más.

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