Los celos, una angustia estéril

Los celos, una angustia estéril
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En el caso de las relaciones, los celos son ese sentimiento que nos sobreviene cuando pensamos que otra persona puede llegar a disfrutar de nuestra pareja. Es decir, cuando comenzamos a tener en nuestra cabeza imágenes y pensamientos en los que nuestra pareja ofrece a otra persona algo que no nos ofrece a nosotros, al menos en ese momento: atención, gestos de cariño, conversación…en definitiva, un tiempo de dedicación del que nosotros nos creemos dueños.

Debemos darnos cuenta de que, en todo momento, estamos hablando de sensaciones propias, percepciones que nos montamos en nuestra cabeza, tal vez a partir de una base real, pero nuestras al fin y al cabo. Así, vemos que nacen, crecen y mueren en nosotros mismos. Por eso, antes de atribuir la causa de los celos a nuestra pareja, hagamos un auto análisis y seamos conscientes de que, si sentimos inseguridad, rabia o frustración, se debe a nuestra escasa capacidad de hacer frente a una situación no prevista. Independientemente de que el comportamiento de nuestro novio o novia (o marido o mujer) justifique o no esta percepción.

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Todos hemos sentido celos alguna vez, y pese a ser inevitables, podríamos llegar a dominarlos, en lugar de permitir que suceda a la inversa, ya que son un sentimiento completamente estéril de cara a la relación y a nosotros mismos. Pero es comprensible que esto sea difícil si vivimos con miedo a que esa persona nos deje. Por eso, la baja autoestima, la inseguridad, el temor a quedarnos solos, tener en mente experiencias pasadas o el pesimismo pueden agravar una situación hasta convertirse en una gran bola de nieve que no podamos controlar.

Aprender a desprendernos de un apego enfermizo y exagerado va a repercutir positivamente en nuestro ánimo y, en definitiva, en la relación con nuestra pareja.

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La mejor forma de actuar es analizar qué nos provoca celos, controlarlos y superarlos. Y, en todo caso, actuar con serenidad y cautela para no sufrir innecesariamente. Además, el alcance de los celos va más allá de quien los sufre en primera persona, porque puede también hacer sufrir a su pareja cuando no son fundados. Seguro que estamos hartos de ver ejemplos entre nuestros amigos…. De hecho, éste es uno de los principales motivos por los que la relación entre dos personas, que en principio son afines, puede ir deteriorándose hasta hacerse insostenible. Hay que tener claro que, sintiendo celos, no sólo podemos ser víctimas, sino verdugos de la relación.

Pongamos un ejemplo: Marta, una chica de 25 años, va con su novio a una fiesta, en la que conocen a mucha gente. Ambos hablan animadamente con los asistentes, cada uno por su lado, disfrutando de la noche y sin estar continuamente vigilándose el uno al otro. El novio de Marta pasa un buen rato hablando con una chica de la fiesta. Ha pasado más una hora y continúan manteniendo una conversación muy animada. Al cabo de un rato, cuando él va a la barra a pedir una copa, la chica se acerca a Marta y le dice: ‘qué simpático es tu novio, a ver si te lo voy a quitar ¿eh?’. Y Marta monta en cólera, porque se ha fijado en esa escena, porque no le gusta que su novio hable tanto tiempo con una chica y porque ese comentario roza la desfachatez (aunque lo haya dicho con tono de broma). Le dice de todo a la chica, piensa que su cabreo está más que justificado. Acto seguido le pide explicaciones a su novio, el cual, con cara de estupefacción, no comprende por qué esa actitud. Sin duda, tanto él como ella se sienten incómodos y eso va a pasar factura a la relación.

Pero imaginemos que Marta, en vez de reaccionar de esa forma, toma un camino distinto. Pongamos pause y rebobinemos la escena hasta llegar al momento en que la chica dice: ‘qué simpático es tu novio, a ver si te lo voy a quitar ¿eh?’, a lo que Marta, con una sonrisa le dice ‘sí, es un encanto de chico’. Ni siquiera le hace falta decir ‘si quiere ir contigo, todo tuyo’. ¿Por qué? La diferencia está en la seguridad que Marta tiene y demuestra. No necesita cabrearse ni demostrar (falsamente) que su novio no le importa. Es un comentario que no le altera lo más mínimo.

¿Dónde está la frontera?

Controlar los celos es algo complicado. Así mismo, tampoco es fácil calibrar hasta qué punto son o no fundados, cuando en la mayoría de los casos no lo son. La perspectiva se pierde conforme nos enajenamos y nos dejamos dominar por ellos, mientras que aumenta nuestra inseguridad y nuestro miedo al pensar que ‘la otra persona’ puede gustarle más que nosotros. Muchas veces nos decimos, sobre todo al principio, que no hay que darle importancia, que nosotros somos lo primero para nuestra pareja y que eso no tiene por qué cambiar… pero el miedo al abandono termina por ganarnos la partida.

Como siempre, debemos basarnos en los hechos para determinar si está sucediendo algo o todo se debe más a nuestra percepción que a la realidad. Observar los PIs, cambios de comportamiento, disminución del interés… traducido en hechos (no en palabras). Obviamente no nos vamos a quedar parados como tontos si está sucediendo algo ‘anormal’ en nuestra relación…pero tampoco vamos a saltar en cualquier momento en que los celos nos atenacen. Así sólo demostramos inseguridad.

Es difícil establecer una frontera entre los celos fundados y los infundados. Ante la duda debemos relajarnos, plantearnos qué es lo que nos provoca dichos celos, sincerarnos y pensar si realmente es algo que debe preocuparnos y, sobre todo, fiarnos de nuestro instinto. Atendamos al principio de que, ‘si pensamos que está sucediendo algo, no es nuestra imaginación: está sucediendo’. Pero no por eso estemos en tensión, con las uñas afiladas y esperando a saltar a la primera de cambio que sospechamos que algo ocurre. De igual modo, tampoco podemos quedarnos cruzados de brazos si se dan situaciones que no consideramos correctas. Una cosa es no mostrar celos y otra es pasar por alto cualquier cosa.

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¿Qué nos provoca celos?

Hay muchas situaciones que pueden generar una crisis de celos: conocer a un viejo amigo de tu chica que con quien ella se muestra muy cariñosa y con quien parece compartir una intimidad que a ti te niega; la llegada de una nueva chica al grupo de amigos, por el que tu chico parece sentir fascinación; un desconocido que se acerca a tu chica y que no es ‘rechazado’ con la contundencia que tú esperabas por parte ella; y , por supuesto, está el caso de la antigua novia, con la que él sigue teniendo un cierto vínculo. Aparte, casi cualquier cosa, como un viaje de trabajo, una ausencia inesperada o un plan al que uno no está invitado puede provocarte celos.

Tu pareja tiene sus amistades masculinas y femeninas, a las que aprecia, con quienes se divierte, lo que no implica que sienta atracción por alguna de esas personas. Por otro lado tú también tienes tu grupo de amigos, compañeros de trabajo, de clase… ¿no? Además, así debe ser… Porque es muy saludable para una relación que cada uno tenga su propio entorno. Pero de buenas a primeras no podemos ponernos en guardia por considerar que no debería tener amigos… ¿o es que acaso tenemos tanto miedo de que nos deje que le prohibimos que se vea con otra gente? Pues eso es lo que le estamos transmitiendo con nuestra actitud. A lo largo de su vida conocerá a muchas personas. En este sentido, el que nos deje o no, no depende de nosotros. De nosotros sólo depende comportarnos como un una persona con dignidad debe comportarse, lo cual queda perfectamente reflejado en otras lecturas.

Centrándonos en una amistad concreta, tal vez haya ocasiones en las que uno piense que esa persona se está propasando con nuestra pareja. En tal caso no podemos dejarnos llevar y arremeter contra ella, o contra nuestra pareja si no ha reaccionado como esperamos. Hablar y comentarle que ‘no te parece lógico que se den ciertas situaciones’, con calma y con seguridad en lo que estamos diciendo, va a beneficiarnos más que actuar cegados por los celos.

Pero… ¿dónde está el límite en el que los celos son indicadores de una realidad? El límite lo marcamos nosotros mismos, dependiendo de nuestra educación, nuestra permisividad, nuestra forma de ser…pero si tuviéramos que elegir una directriz general, a partir de la cual se nos puede ‘activar la alarma’, sería algo como ‘debe comportarse de forma coherente a la relación, no haciendo lo que no le gustaría que le hicieran’.

Otra persona puede estar tirándole los trastos a nuestra pareja, y ésta reaccionará con sonrisas, con gestos de agradecimiento… que a nosotros pueden enervarnos. Pero no olvidemos que a todos nos gusta sentirnos deseados y reafirmar nuestra capacidad de seducción. Conviene pensar en el valor que tiene uno mismo, en que nuestra pareja está con nosotros por una razón, y si algún día quiere dejarnos por otra persona, de acuerdo. Nosotros seguiremos con nuestra vida.

En cualquier caso, sin confianza no hay relación, y sin seguridad en uno mismo no puede haber confianza. Es conveniente pulir, antes que nada, nuestra propia autoestima, para evitar que gestos que, en principio, no tienen ninguna importancia, nos desestabilicen con demasiada facilidad.

La ex pareja sigue presente

Mención especial tiene este tipo de celos. En principio, podríamos argumentar que si nuestra pareja está con nosotros, no tendría que quedar con su ex, quien ya no pinta nada. En este caso, el ‘piensa mal y acertarás’ es la máxima que muchos utilizan para justificar sus celos… cuando lo que realmente están haciendo es encubrir su miedo.

Pensemos que el que nuestra pareja se siga viendo con su ex es una decisión suya. Es su vida, puede hacer lo que quiera y verse con quien quiera. Nosotros no podemos influir…podemos hacerle ver nuestra opinión al respecto, pero no imponer ninguna restricción. Todo lo contrario.

Mostremos una actitud de indiferencia sobre ello. ¿Quiere quedar? Bien. Nosotros haremos nuestros planes.

Pensemos en lo estúpido que es preocuparse por algo que no depende de nosotros. Si va a traicionar nuestra confianza o a engañarnos… es que, simplemente, la relación significa muy poco (o nada) para nuestra pareja. Y el problema, lejos de ser nuestro, será suyo, de su escasa capacidad de compromiso. El problema sólo será nuestro si dejamos que los celos nos carcoman, porque será nuestra propia cabeza la que nos estará haciendo sufrir, no nuestra pareja.

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