Los pagafantas

Los pagafantas
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Si acabas de llegar a empareja2.es, el pagafantas te podrá sonar divertido, ruidoso y desenfadado. Y si has visto la película quizás te gustaría saber que no es precisamente nuevo, y que el término surgió en empareja2 a comienzos de 2006. Verás que en nuestras quedadas ha habido camisetas durante estos años con el término, que hemos acuñado y descrito en multitud de ocasiones por la web y el foro.

E pagafantas es el perfil más deplorable que puede desarrollar, en principio un hombre, a la hora de estar con una mujer. Y decimos un hombre porque a empareja2.es han llegado muchas mujeres comentando que se sentían así: como pagafantas.

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¿Aún no sabes lo que es un pagafantas? Bien, ponte en la siguiente tesitura: a un hombre le gusta una chica. La ha conocido hace poco, ya sea en clase, por ser su vecina o pasando una noche tomando una copa. Siente un flechazo y quiere acercarse a ella. Y lo consigue. CONSIGUE ESTAR CON ELLA.

Digamos que ella, en principio, considera su compañía atractiva. Quiere saber de él y no sabe cómo.. así que él se vanagloria hasta límites insospechados de ese inusitado interés… Interés que le ha llevado a intercambiar los números de teléfono. Ya está, misión cumplida: él tiene la forma de quedar con ella. ¡Sí, con esa mujer indescriptiblemente maravillosa y que tanto ha idealizado durante los últimos días!

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Bien… llega el momento de quedar, a tomar un simple café. Él llega impecable: su mejor ropa, su mejor perfume, llega puntual a la cita. Y ella… bueno, ella le hace esperar. Le llama por teléfono y dice que aún no ha llegado a casa, que está despidiéndose de unos amigos. Cuando llega va vestida demasiado normal, el pelo recogido en una coleta. Él la recordaba más guapa.

Sin embargo, en esos momentos a él te parece la más guapa.

Y ahí empiezan las primeras decepciones. Decepciones que JAMÁS reconocerá. Jamás dirá que ella no parece hacerle caso. Jamás pensará que ella llega tarde a la cita porque realmente no le interesa como él quiere que ella se interese. Jamás dirá a sus amigos que ella se más bien parezca sentir lástima, en lugar de deseo por él. A su lado, toda esa expresividad y alegría que cualquier hombre desea encontrar en una mujer se ha convertido en caras largas, conversaciones preocupantes y lágrimas.

Sí, incluso lágrimas, porque la chica que nuestro protagonista comenzó a conocer hace cuatro cafés le adora… pero sólo para contarle lo mal que le va en la vida, lo mal que le va en su trabajo, lo mal que lleva su última ruptura… O SU ACTUAL RELACION. Porque de eso va todo esto. Sean fantas, cafés o cocacolas el pagafantas se convierte en el pañuelo de lágrimas de esa chica por la que suspira.

– No sé tío… todo parece irme mal…
– Esther… tú eres maravillosa… en serio, ¿no te ves?
– Ya… eso lo dices tú, y te aprecio… pero no, todo es más complicado
– ¿Pero tú eres tonta? ¿Quieres que te diga una y otra vez todo lo que eres?
– La verdad es que contigo me siento mucho mejor
– Pues yo, Esther… yo… yo voy a estar aquí, a tu lado, siempre que lo necesites
– ¿En serio?
– ¿Pero tú eres boba o qué? Eso ni se pregunta
– Eres… el mejor amigo que tengo, ¿sabes?

¡NNNNGGGGGGGG!

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Y ahí suena la primera alarma. La chica llama al chico ‘amigo’. Acabamos de entrar en terreno pantanoso. Acabamos de cruzar la línea que divide la seducción y la amistad. Porque si uno no actúa deprisa, si no se apresura en hacer bien las cosas y enlentece sus movimientos… se acabó toda seducción. Por ello desde empareja2.es hacemos siempre la misma pregunta:

¿A partir de qué café empezaste a ser su amigo?

Bien, tras esto comienza el circo laboral. El pagafantas se convierte en pagacines, pagacomidas y pagacenas. Pagacopas no. Para eso están los amigos que ella, junto con sus amigas, conocen en los pubs los fines de semana.

Pero tras esas historias de alcohol y noches vacías, el pagalotodo traga, digiere y procesa cada lamento de la chica en cuestión.

Uno de los días, la chica le pide un favor especial: Oye, ¿puedes venir a casa? No sé qué me ha pasado en el ordenador, tío… Lleva bloqueado una hora.

Y claro, allí se presenta el pagafantas, también de mecánico a domicilio. El problema es que según se presenta, ella bajaba a jugar al paddle con dos amigas a las pistas de la urbanización. Con paciencia santa, él se pone a arreglar el trasto; la ventana desde donde él arregla el PC la ve jugar el primer partido y él sonríe, enamorado.

Para rematar la faena, en el segundo partido ella y sus amigas juegan con un par de chicos, ellas les recriminan haber llegado tarde; ellos se cachondean de ellas y les dicen que no se quejen tanto o, además de perder, tendrán que pagar una cena.

Asistiendo impávido a la escena, se da cuenta que aún tiene que arreglar el PC.

Una semana, dos, tres, un mes, dos meses, cuatro meses… Y así va pasando el tiempo. Y ella, que no es de piedra, tiene, por supuesto, relaciones. Y él que hace como si fuera de piedra, TRAGA. Traga sus historias, sus lamentos e incluso da consejos para sobrellevar los males de amores.

– No sé tío… Rubén no me hace caso
– Pero, ¿qué te pasa con él?
– Pues que pasa de mí

Y entonces al pagafantas se le ilumina la bombilla… y creyendo estar en una especie de película, acelerándose su corazón y dándolo todo, aprieta la tuerca a la conversación:

– Pues… ¿sabes lo que deberías hacer?
– El qué…
– Pues…

Mirada intensa. Ella tiene los ojos vidriosos. Él acelerado. No puede casi hablar.

– ¿Qué? ¿Qué debo hacer?
– (Ahora o nunca… ¡ahora o nunca!) Pues… lo que tienes que hacer… a ver… Esther…

Silencio…

– Esther… lo que tienes que hacer es dejarte querer.

Entonces, el pagafantas suelta la artillería pesada… y dice esa frase que tan estudiada se tiene:

… pero dejarte querer por alguien que te quiera de verdad.

– Pero si nadie me quiere, tío

Y entonces… llega el momento cumbre:

– Yo te quiero.

Silencio.

Entonces ella sonríe, con un gesto a medio camino entre la complacencia y el compadecimiento.

– Ven anda, abrázame. Yo también te quiero
– Pero espera… -el pagafantas pone los brazos por medio, antes de abrazarla. Espera. Estoy enamorado de ti, y quiero salir contigo.

Silencio.

Ella ya no sonríe.

– A ver tío… joder… ¿por qué me tienen que pasar estas cosas? (primer síntoma, a ella le sienta mal que alguien que no desea le demuestre su amor). A ver… tío, no sé, yo ahora… Yo ahora no estoy para una relación.
– Bueno, pero no tienes que darme una respuesta ahora, puedes pensárteloo… y…
– No tío, en serio… Es que no se trata de tiempo, es que yo ahora sólo te haría daño, porque estoy en una etapa de mi vida que no sé lo que quiero. Bueno, no sé lo que quiero, pero sé lo que no quiero. Y lo que no quiero es una relación.

Entonces el pagafantas se pone en plan ‘machote’, como si le diera igual no recibir lo que desea:

– Bueno, bueno… no tenemos que hacer de novios, ¿eh? Basta que sigamos viéndonos, yo no voy a presionarte ni soy un psicópata.
– Bueno… oye, estoy muy cansada, quizás es eso, que no veo las cosas muy claras, mañana hablamos…
– Vale…
– ¿Te parece?
– Sí, venga, duerme bien.

Y en otro alarde de gilipollez, mientras se aleja de su lado, probablemente del portal donde le ha confesado su amor, se da la vuelta y dice en alto:

– Tía no te comas el tarro, ¡no te lo mereces!

Ella sonríe. Él también.

Pero da la vuelta y cambia el gesto. Cierra los ojos. Se odia a sí mismo. Da un puñetazo a una farola, que seguramente aún siga temblando.

Y a partir de ahí todo es cuesta abajo. Ella rehúye un poco quedar con él. Él se siente incómodo a su lado. Tras el velo de ‘amigo’ él se sentía más protegido, pero ¿ahora? Ahora ya no. Antes no importaba lo que ella pensara, era cómodo tenerla de amiga. Ahora no. Ahora todo es un problema, cada minuto a su lado es un trauma. Ella sabe que él está enamorado y él hace como que no, estropeándolo un poco más.

Incluso es tan idiota de pensar que debía haber seguido de amigo, en lugar de convertirse en un Cyrano descubierto, en un hombre que sólo ha expresado lo que siente (y en eso se ha quedado, sin hacer nada más). En un pagafantas al que se le ha terminado la historia porque tras declararse, ya no podrá seguir fantaseando JAMÁS con ese amor idílico e inalcanzable, porque ha roto por completo el juego.

Un juego que le hacía un completo infeliz, por supuesto.

Por suerte, él no volverá a caer en la misma historia con ninguna otra mujer. Por desgracia, esta chica puede alargar el pagafantismo todo lo que quiera: basta con marcar su número y resurgirá en él ese deseo, esa necesidad, esos momentos de apoyo, de amor, de pasión. Esos momentos que, seguramente, él recordará toda la vida, y ella, al cabo de un tiempo, habrá perdido en su ‘disco duro’.

¿Ella tiene la culpa de algo? No… Es lo primero que queremos pensar. ¿Y por qué? Pues porque odiamos pensar que algo ha ido mal. De hecho, si le contamos la historia a un colega y nos dice: ‘es una idiota y una calientapollas, que la den por culo’, nos sentiremos mucho mejor que si dice ‘eres un memo y tienes la autoestima podrida… la culpa la tienes tú por hacer la corte a alguien que no te corresponde… Tú tienes que querer a quien te quiera, no a quien te ilusione… baja del burro, tronco’.

Suponemos que es más fácil asumir que ella es la mala, que ella es la retorcida, y que el ego de la mujer es el principal causante de las desgracias masculinas. Sin embargo, la culpa es de ese hombre. Un hombre que TAN POCO SE QUIERE A SÍ MISMO, ques es capaz de darse poco o nada. Y tan poco se da, y tan poco piensa que se merece, que idealizar a esa chica y recibir lo mínimo de ella le parece justo. Inconscientemente pensará: ‘¿yo con ella? ¿Con Esther? ¿Con ese poderío de mujer?’ Y esa afirmación, tan destructiva, le servirá para ir de amigo, cuando lo que en realidad quiere es ser novio.

Y, nuevamente y como ocurre con muchos temas en empareja2.es, es el MIEDO lo que hace posible esta afirmación. Porque muchos pagafantas TEMEN, HUYEN, SUFREN el posible rechazo, y aunque sean infelices al lado de una mujer a la que aman… prefieren estar cerca, siendo amigos, a que ella les diga no.

No seas un pagafantas. Es un consejo de la Dirección General de Empareja2.es

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