¿Me guardo las ganas de llorar?

¿Me guardo las ganas de llorar?
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¿Te doy un consejo? ¿El mejor del mundo mundial por encima de todos los mejorcísimos consejos que puedan darte?

LLORA. En cuanto sientas aflicción, en cuanto te sientas mal, debes saber que ese sentimiento que te oprime y no te deja vivir puedes ¡Y DEBES! convertirlo en lágrimas. Puedes abandonarte un rato, sentirte derrotado, llorar, e incluso reforzar ese momento de lloro con mensajes del tipo ?por qué me pasa esto a mí”… y todo lo que quieras dolerte. Es tu momento de duelo, ¿no? Pues explótalo.

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Los seres humanos tenemos la MAGNÍFICA propiedad de convertir en acción las dos emociones básicas, la alegría y la tristeza, y somos muy poco de reír pero menos de llorar. Una verdadera pena, ciertamente.

Ese aparato secretomotor que tienes en tu lagrimal, que no irrita tus ojos (sino que los limpia), que libera endorfinas y genera alivio, esa función de llorar que la vida te ha dado es LA HERRAMIENTA MÁS MARAVILLOSA PARA MADURAR, pero algunos creen que madurarán aguantándo el dolor y REPRIMIENDO lo que sienten. ¡Error! Resulta que la forma para ser fuerte no es reprimir el llanto, sino liberarlo. Es decir, si aguantas sin llorar lo único que conseguirás es sentirte cada vez más débil, más apático, más nostálgico y con penas no resueltas, y llegará un día en el que caigas en una absoluta e inconmensurable depresión de la que te sea tan difícil salir que entonces llorarás diluvios y habrás perdido un valiosísimo tiempo de tu vida.

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Llorar es un sistema para eliminar los patrones mentales que el individuo ha creado en torno a la creación egótica. Es decir, poseer bienes materiales, relaciones, estatus socioeconómico, todo ello forma patrones mentales basados en el ego, y esos patrones chocan con la vibración que se percibe del momento presente en el que se vive: es posible que algo que posees ahora te haga feliz, pero eso no estará toda la vida contigo, o al menos no de la misma forma, y puesto que la vibración del presente es diferente a la que originó el pasado, tus patrones mentales, todos esos que contengan situaciones pasadas, vibrarán en frecuencias más bajas que colisionarán con el presente.

La única forma de eliminar esos patrones mentales egóticos es llorando. Es una forma de disfrutar el presente en su forma más pura, sin anclajes con el pasado, con esos patrones mentales que te hacen recordar vivencias que ya no existen ni volverán a darse.

Date cuenta de que ES LA PRIMERA COSA QUE HICISTE EN TU VIDA, NADA MÁS NACISTE. Lloraste. Lloraste por emociones que te inundaron y tenías que llorarlas, que DESTILARLAS, porque para poder digerir algo que se atraganta a veces es necesario darle salida en lugar de guardarlo dentro y darle vueltas, haciéndote cada vez más daño. Lo primero que hiciste con todas esas emociones fue llorarlas, y seguiste llorando a cada paso que dabas: el hambre, el frío, el calor, el hacerte pis… todo lo que te provocaba una emoción provocaba un llanto, y ese llanto te permitió madurar cosas que, hoy día, tienes totalmente asentadas y asimiladas.

Sin embargo, en algún punto del camino dejaste de llorar pensando que eso te haría más fuerte, pero estás MUY EQUIVOCAD@. Mucho. Resulta que la única manera de madurar todo eso que te hace daño no es reprimirlo, sino llorarlo, y que cada vez estés más fuerte ante situaciones que vas destilando y digiriendo poco a poco, en lugar de darte un auténtico atracón de emociones con el que te sea imposible lidiar.

Para evitar que las emociones te superen, LLORA HOY. E incluso puedes programar cuándo hacerlo: cada día, a x hora, te encierras en el baño del trabajo o de casa, si quieres puedes ponerte música que te haga venir abajo (como esas canciones de ‘A llorar a la vía’ que analizamos en empareja2 RADIO) y das rienda suelta a eso que te duele y te come por dentro. Llora hasta que dejes de tener ganas de llorar. Tras eso, el resto del día lo pasarás más tranquilo, como sedado, quizás con la pena incrustada y con alguna que otra gana de llorar… pero será más llevadero.

Ni qué decir tiene que llorar es una actividad solitaria, privada e íntima, ya que hablar a alguien de tus penas para, entonces, echarte a llorar, es buscar consuelo, ayuda, una muleta sobre la que apoyarte, y que la actitud y las palabras que puedas recibir no las generes tú, sino que te lleguen dadas, provocando dos cosas: en primer lugar, retroalimentar tu pena, ya que a una persona que contaminas con tu estado anímico te preguntará tarde o temprano por tu evolución, y eso hará que vuelvas a caer en el mismo estado en el que te encontrabas cuando te quejabas a su lado. En segundo lugar, la superación personal es PERSONAL, no puede haber alguien siempre a tu lado, dándote un hombro sobre el que llorar.

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Esto es una actividad de crecimiento TUYA. De nadie más.

¿Piensas que si lloras te haces débil? Repito: si lloras en soledad, te harás fuerte. Si lloras delante de alguien lloriquearás, y te harás débil. Tienes una herramienta preciosa, perfecta, sublime, para madurar el dolor. No confundamos llorar con lloriquear. No estoy hablando de ir contando penas, de llorar en cualquier sitio para sentirte la víctima del grupo, de ponerte canciones crea-víctimas a todas horas, arrastrando un pensamiento negativo del tipo ?no me quiere nadie, soy un despojo”. Llora, llora fuerte, con toda la intensidad y rabia que puedas y, después, sigues trabajando en ti, sigues adelante, tras haber soltado todo eso que te hace daño.

Ser fuerte, que es algo que promuevo mucho por aquí es totalmente complementario con llorar, herramienta del ser humano para madurar (y totalmente opuesto al lloriqueo y la debilidad). Sin embargo, el no llorar pero quejarse es un problema que puede hacerse más gordo de lo que piensas. ¿Has escuchado esa frase de ?el dolor es inevitable pero el sufirimiento es opcional”? Desde luego, hay cosas que pueden hacerte daño, pero si no destilas ese dolor, si lo dejas en tu interior, prepárate para que un dolor se convierta en sufrimiento, y des una y otra vez vueltas a algo que te produce dolor y que no sabes cómo desenquistar, cuando la herramienta perfecta para hacerlo son tus lágrimas, ese poderoso sistema con el que viniste al mundo y que has dejado de utilizar.

Por esta razón, llora. Llora mucho una parte del día, deja el resto para evolucionar.

Comprobarás que vas a ser más feliz.

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