Me han dicho que si me alejo, se acercará, ¡voy a hacerlo!

Me han dicho que si me alejo, se acercará, ¡voy a hacerlo!
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Tal y como dice nuestra sección Nunca Hagas, tu pareja se pone distante por algo… que desconoces.

Pero ahí está, con una actitud fría y esquiva.

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¿Que hacer?

Algunos comprueban que si ellos también se ponen distantes, su pareja se vuelca en ellos. Y si son empalagosos, se distancian. Por esto, algunas otras personas han querido hacer símiles futbolísticos con este tema, lo que resulta aún más patético ya que encorseta las relaciones como si esto fuera pegar patadas a una pelota de cuero.

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Lo cierto es que si estás pensando en que si te alejas tu pareja va a venir a ti, lo único que estás provocando es un fuerte cambio de personalidad, crearás emociones negativas que, a su vez, se transformarán en tensiones. Es decir, puedes llegar a tener incluso problemas de sueño debido al estrés que pueden producirte estar con estas “estrategias”.

Estrategias, tretas, argucias, escaramuzas o como lo queramos llamar, porque casi rozan lo cómico.

Hay muchísimas formas de mostrarse distante de una persona. Por ejemplo, no respondiendo a sus llamadas, mostrándose airado con sus comentarios, mirarla con desdén, llegar tarde a las citas… y todo ello porque “a mi colega le funciona bien con su pareja, que la tiene comiendo de la mano”.

Lo que en realidad no sabe de ese “supuesto” teatro, es que su amigo vive más su vida, su grupo de música, su entrenamiento y su pasión por la fotografía, que la vida de su pareja. La quiere, pero no se desgasta por ella. Y, entonces, esta pareja considera que una personalidad así es lo que realmente le otorga valor.

Pero no… la persona de la que hablamos cree que su amigo “actúa”, y él intenta hacer lo mismo: “voy yo también a alejarme, y así se acercará”. Y comienza con un ritual FINGIDO Y ESTÚPIDO de no responder llamadas, poner malas caras, algún mal comentario, un gesto de desprecio… Por supuesto, su pareja se siente entre ninguneada y curiosa por esa actitud. Incluso dolida en su autoestima: “¿qué le pasa ahora? Necesito que vuelva a estar como antes”. Así que, por supuesto y como haría toda persona, la persona ninguneada aumenta su forma de darle cariño, de mostrarse atenta.

Lo malo es que estos momentos en los que la persona ninguneada se vuelca, no hace que la persona que ninguna disfrute. Todo lo contrario: pasa contando los minutos para acabar con la estrategia. “Ya vuelve a estar aquí, a mi lado, me ha vuelto a abrazar, ya van tres veces hoy”, pensará el “estratega”.

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Pero… no, él sigue recio y firme, como un bloque de hielo, mientras su pareja se desvive en cariños, e incluso reproches de por qué no le hace caso.

“¡Ja ja! Le di la vuelta a la tortilla, lo he conseguido… le he dado de su propia medicina y ha vuelto”, seguirá pensando.

Y en una de estas en las que él se cree ganador de alguna competición, como si la relación con una persona fuese un combate y hubiera que quedar por encima de su pareja, quien hace tanta estrategia se relaja, intenta disipar las tensiones (que le costará dios y ayuda por hacer el memo) y, entonces, se muestra tal y como es:

DEPENDIENTE, INSEGURO Y DEMANDANDO AMOR: sólo una persona con estas características finge para atraer a otra persona.

¿Dependiente? Sí, así es. Dependiente. Porque una persona que SE INVENTA ESTRATEGIAS alejándose de su pareja sólo para que ésta se acerque, pensando que como un perrito faldero, o intentando “darle de su propia medicina”, dicha persona que inventa todo esto es una persona débil que busca amor. Y, como siempre decimos en empareja2.es, el amor no se pide, SE DA o SE RECIBE.

Por tanto, la persona dependiente muestra su verdadera cara, harta ya de fingir necesitado de ese amor sin el que no puede vivir bien, sin el que no puede concentrarse en sus estudios o rendir en el trabajo, porque necesita esa MULETA en la que apoyarse en su día a día. Sin embargo, cuando muestra su cara de NECESIDAD, de empalago, de “te amo, estaba fingiendo porque te adoro”, y aunque esto no sea dicho en voz alta, la pareja se da cuenta del teatro que estaba presenciando, y el efecto rebote es aún más poderoso. Es posible incluso que tras esto acontezca una separación, si no definitiva, sí duradera.

Comprueba esto: cuando temes perder a una persona y creas alguna estrategia para atraerla después, cuando vuelves a darle cariño, el rechazo es aún más fuerte. Así que sólo queda o bien seguir haciendo teatro de ser “el más malo” toda la vida (sin poder ser tu mismo y recibir lo que deseas de tu pareja), o bien cortar y darte cuenta que hay muchas cosas que arreglar en ti antes de estar con alguien.

En definitiva, si te muestras con una actitud distante, fría y esquiva para atraer su cariño es una gilipollez al cubo que, por lo general, se volverá contra ti en algún momento. Lo ideal es sentir que no necesitas a una persona para vivir (pero sí para salir juntos, viajar, hacer el amor, ir de compras o cenar en casa). Y al ser autodependientes, de forma real y no fingida, empezar a controlar muchos otros aspectos de tu vida. Si tu pareja se ha alejado, háblalo con ella y déjale claro que no quieres una relación así. Pero no te alejes para jugar al ratón y al gato, ni mucho menos te acerques a ella y mendigues amor, algo que es atacar a tu propio centro, a tu autoestima, y a tu dignidad como persona.

Difícil, pero no imposible.

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