La dependencia afectiva


‘Es que sin mi pareja no soy feliz’

Esta es la gran afirmación de aquellos que sufren dependencia afectiva, aquellos que hasta que no se encuentran solos, desconocían por completo que tenían una estrepitosa cojera. Tanto tiempo acostumbrados a andar con un apoyo… que fue quitarles la muleta y ahora son incapaces de andar sin ella.

Y ésa es la realidad de muchas personas que entran en empareja2.es. Sentirnos extremadamente desorientados, sin nada a qué agarrarnos. Si tenemos un problema en la oficina o con los estudios, ya no podemos coger el teléfono para llamar a la pareja. Ya no está ahí para apoyarnos.

A esto se le ha llamado dependencia afectiva.

En empareja2.es hemos conocido a muchos foristas afectados por el ninguneo al que se veían sometidos por su pareja. En esta situación, ¿qué es lo que hace una persona dependiente, que no se quiere demasiado a si misma? Comprar amor. Y lo hace mediante promesas, regalos, cenas de diseño y noches de amor en hoteles de ensueño. Fijaos en esto: es tal la humillación, el desprecio y la impotencia que siente al no conseguir la atención de su chico/a, que impulsa su imagen a través del dinero, las lágrimas y los juramentos. A través de cosas materiales y de ficciones fruto de la desesperación. Lo que no se da cuenta una persona en estas circunstancias es que esta es una forma directa y cruel de manchar aún más su imagen, demostrándole a la pareja algo así como ‘mira… no valgo nada, no me quiero nada y no sé qué hacer para estar contigo, así que te compro estas cosas caras, para que sigas a mi lado’.

¿Qué percibe la persona a la que amamos en esta actitud? Atisba la necesidad, nuestra dependencia. Y, por supuesto, no querrá más a un hombre o una mujer por los regalos que le hagan. Y si lo hace… muy poco valdrá. A fin de cuentas, si lo acepta estará con una persona por lo que ésta le pueda comprar, no por lo que pueda ser, hablar, crear, imaginar, escribir, viajar, etc, etc, etc.

Debemos ser realmente duros con nosotros mismos y alejarnos de lo que siempre nos enseñaron en las películas; los ramos de rosas no arreglan carencias de amor, y los regalos caros sólo afectan al bolsillo del comprador, no al corazón de una persona que está pasando página en su vida.

Además, el dependiente no hace nada de esto por mero altruismo, por amor, por hacer feliz a una persona. Porque si realmente amara, sin condiciones, por ESTAR REBOSANTE DE AMOR PROPIO Y PODER DAR LO QUE LE SOBRA, no pediría nada a cambio. Pero… un dependiente afectivo lo hace. Y se frustra y mina su autoestima cuando esto no sucede.

Es decir, la dependiente afectiva compra un regalo para un chico que no le corresponde. Y al no obtener respuesta… se enfada (como poco). El resultado es que únicamente mendigaba amor. Esto es como decirle a un amigo ‘hoy te invito a cenar a un restaurante buenísimo’. Y cuando la cena ha terminado decirle: ‘toma, paga tú que yo no tengo dinero’. A ver… ¿no habías dicho que invitabas tú? ¿Para qué le pasas la cuenta al amigo? Pues en la dependencia afectiva es lo mismo. Si nos sentimos rebosantes de amor, si nos queremos a nosotros mismos, daremos las cosas porque nos sobran. Pero lo que no haremos será enojarnos como niños pequeños por no sentir correspondencia. Si no tenemos dinero para invitar a cenar, no invitaremos… porque nos podemos encontrar con que la otra persona no quiera pagar. Si damos amor es porque lo tenemos. Estar vacío de él y obligar (por medio de chantaje emocional, de regalos, de insistencia y de ruegos) a otra persona a que nos dé amor, es una condición muy triste que nos rebaja y humilla.

En el caso de una mujer, ni qué decir tiene que ésta ODIA, aunque sea de forma acallada, a un hombre que mendiga amor. Que hace cosas por una mujer sólo para que ésta le corresponda. De hecho, muchos hombres se preguntan: ‘pero… si en estos últimos tiempos no he parado de hacer cosas por ella… ¿por qué me ha dejado? Es increíble, solo les gustan los cabrones’. No nos equivoquemos. Las mujeres quieren hombres que tengan tiempo para sí mismos, que tengan su vida, y que no anden desvividos por una mujer, dependiendo de ella. El depender de ellas, es el principio del fin de muchas relaciones.

Nuestra postura ante la dependencia afectiva: rechazo absoluto. La consideramos la fórmula más directa para la devaluación de la personalidad del individuo, para impedirle decidir y actuar por sí mismo. No es un problema transitorio, sino un mal crónico que reviste más gravedad de la que parece. A fin de cuentas, ser dependiente significa ser lo que los demás quieren que seamos.

Para los creadores y cientos de foristas habituales de empareja2.es, es lógico enfrentarse a problemas de dependencia afectiva. La mejor arma para combatirla puede llevar a engaño: en empareja2.es no buscamos convertir a nadie, ni hacerle más chulo, ni la más mala. Pero en muchas ocasiones, una persona que hace su vida y dedica gran parte de su tiempo a sus hobbies o a sus amigos, es un cabrón/a… (por no decir algo peor) Pero, realmente, nadie quiere una pareja dependiente, dócil y buena, sino una pareja así, más preocupada de su vida que de la vida de aquel o aquella a quien ama (ojo, decimos de su vida. Por supuesto que debe preocuparse por ella/él).

A través de las lecturas, los consejos y los casos resueltos en el foro, poco a poco vamos limando esas asperezas en la actitud de muchas personas, consiguiendo que se sientan felices al conocerse mejor a sí mismos, demostrando a la pareja que está con ellos o ellas (o a cualquier otra) que es capaz de saber conducir su propia vida y, por descontado, de tener iniciativa y fuerza para llevar una relación…

… sin depender lastimosamente de que otra persona mantenga todo en marcha.

Por lo tanto, lo que empareja2.es hace es ofrecer las herramientas para reeducarse y tener éxito en un entorno que, por unas cosas u otras, al usuario se le atragantan. Con las que no puede. Con las que se ve impedido por completo para tener éxito. Pero en las que QUIERE obtenerlo.

Para conseguirlo, este hombre o mujer deberá reeducarse, pero no actuar de forma artificial. Para ello vamos a hablar de, por ejemplo, no decirle a una chica o un chico con quien que hemos tomado un par de cafés: ‘oye, ¿te parece que empecemos a salir y ser novios? Es que me he enamorado de ti’.

De no regalar rosas, peluches y bombones en el primer mes de conocerle.

De no pensar (en el caso de ellos) que abriendo la puerta del restaurante, colgando su abrigo en la percha o llegar a su portal y no darle un beso (que a ella le apetece y a ti también), es la forma óptima de conquistarla. Que ‘respetarla’ es la clave.

Todos estos errores son los que aquí pulimos, para después dar brillo y esplendor. A nadie se le dice que vaya en contra de sus principios, que se vista de forma diferente, que salga por otros sitios, que pertenezca a algún tipo de secta de seductores, que compre algún tipo de accesorio o amuleto, que haga ejercicios de concentración especiales para atraerlos...

... lo único que queremos es que puláis ciertas cosas de vuestro comportamiento, quizá en muchos casos inexperto e infantil. Y, por supuesto, que os queráis más a vosotros mismos, relegándo a la pareja a un segundo plano. De esta forma, todos esos tequieros antes de tiempo, todos esos formalismos, todos esos ‘te abro mi corazón’ de repente desaparecen, porque eran la dependencia, la baja autoestima y otros factores los que nos empujaban a, ala, hacer de todo y cuanto podamos por ellos o ellas, sacrificando nuestro tiempo, nuestra pasta y nuestros amigos.

Daros cuenta que ser vosotros mismos y quereros por ello, es la fórmula resumen de todo este tinglado. Es la fórmula perfecta para evitar el miedo (‘ay, que me deja...’ ¡¡¡¡Y QUÉ!!!!).

Es la fórmula infalible para ser felices, en definitiva.

Vosotros escogéis.


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