No aguanto a mi compañero de piso

No aguanto a mi compañero de piso
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Hay algo importante con respecto a cómo funcionamos con el resto de la gente, dependiendo de cómo nos caiga. Y eso se basa en cómo aceptamos lo que no nos gusta de unos y de otros.

Si lo aceptamos bien, el entorno es accesible y en el que uno se desenvuelve bien.
Si no aceptas a ciertas personas, el entorno puede complicarte las cosas.

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Aquí es donde entra una de las premisas más importantes de escénicaMente, mi escuela de coach. Un concepto ligado al acting, por el cual LAS PERSONAS SON POTENCIALMENTE CUALQUIER COSA. Criminales, artistas, nobeles de la paz, asesinos en serie, vendeburras, tímidos, dicharacheros, nerviosos, impulsivos, calmados, ladrones, mentirosos, compasivos, agresivos, complacientes…

Y la lista puede alargarse con todas las cualidades de un ser humano que, y esto es lo verdaderamente importante, TODAS ELLAS ESTÁN EN CADA UNO DE NOSOTROS. Todos podemos ser cualquier cosa, y cuanto más rechaces una de ellas, más papeletas tienes para serlo.

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Como formador de actores, lo primero que le digo a una persona que desea comenzar su carrera de actorado es que puede ser absolutamente cualquier tipo de persona, independientemente de sus valores, principios, querencias y miedos, y se lo demuestro en cada sesión y a lo largo de su trabajo y desarrollo, con diferentes papeles. Papeles en los que es capaz de amedrentar, hacer llorar, mostrar indulgencia, empatía, provocar la risa, el temor… El actor, que no es más que una persona expresando sentimientos de la misma forma que lo hace una persona normal y corriente de la calle, pero trabajando única y exclusivamente en expresión, saca de dentro todos esos comportamientos que lleva consigo, y los expone a otras personas. Sacrifica su estado de ánimo, su voz, su expresión corporal, su tiempo y su energía para hacer ver a otras personas cómo se puede llegar a sufrir, positiva o negativamente, EXPRESANDO LO QUE CADA UNO LLEVA EN SU INTERIOR.

Ya sabéis que la EXPRESIÓN es mi trabajo más importante, en el cual trabajo desde 2004 y, pese a ser el pilar del conocimiento de uno mismo, queda muy alejado de lo ‘místico’ y lo intangible cuando supone enfrentarse a cosas del día a día, como un contratiempo en el trabajo, un problema de familia, o un enfrentamiento en la convivencia como dices que te ocurre ahora mismo a ti.

¿Por qué te cuento todo esto acerca de la ‘expresión’ (cosas que cuando las leéis consideráis que eso ‘no va con vosotros’, y pensáis en mejores soluciones, más ‘mundanas’ o más ‘normales’)? ¿Por qué mi trabajo en expresión sirve perfectamente para esto que te ocurre?

PORQUE NO ESTÁS ACEPTANDO QUE TÚ PUEDES SER CUALQUIER COSA, INCLUSO ACTUAR COMO TU COMPAÑERO DE PISO.

Ahí es donde está todo el problema: no estás trabajando en proyectarte en una persona que reúne cualidades que cuanto más aberrantes te parezcan, más cercanas estarán a ti.

¿Has visto la película Crash? El policía supuestamente racista salva a la chica del incendio de su coche. El otro policía, el de buen rollo, el que aceptaba demasiado bien a los negros que pululan por Los Ángeles, acaba pegándole un tiro a uno, sólo por el miedo que les tiene.

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Esto es algo que conecta con el decálogo de las emociones de mi libro, con esa premisa de ‘el reproche no es más que necesidad de afecto’. Y es que cuando alguien carga negativamente contra otra persona, sólo busca su aprobación, su cobijo, su tutela, su compañía. Y supongo que esto es lo que te ocurre a ti ahora: no aceptas esas cualidades que ves en tu compañero, que perfectamente podrían ser tuyas, y al no ponerte en su lugar (que puede ser un muy buen primer paso para dialogar), te desgastas en reproches, desaires, críticas, enfados y toda una serie de ataques que quizás para mucha gente no son más que un ‘desacuerdo’, pero para las personas más sensibilizadas con una filosofía de vida moderna, se entiende como una falta de perspectiva por tu parte, al no poder asumir que esa persona se comporta como sabe y puede, y que el rechazo no es tu única vía de salida, ya que podrías esgrimir una mayor comprensión, un ponerte en su piel y, de esa forma, abordar el problema con garantías de éxito.

No significa esto que debamos aceptar a cualquier persona independientemente de su carácter y/o cualidades, pero es MUY INTERESANTE que nos demos cuenta del proceso de rechazo DE NUESTRAS PROPIAS FALLAS. Un ejercicio muy simple es a hacer una lista con las cinco cualidades que odiamos de esa persona que no nos gusta, y hacer otra lista de cinco cualidades de esa persona que SÍ nos gusta. Cuando compares las cualidades te darás cuenta de que las cinco cosas que no te gustan son cosas que tú eres, fuiste o tienes miedo de ser y quieres alejar de ti (ERES POTENCIALMENTE CUALQUIER COSA) y las otras cinco, las cualidades positivas, son cosas que ya eres o te gustaría ser, por lo que el hecho de no serlo y buscarlo te demuestra perfectamente que puedes alcanzar cualquier estado personal y anímico NO SÓLO POSITIVO ya que tu potencial, como el de todos, es realmente asombroso.

Te invito a que normalices la situación con este ejercicio de ‘suplantación’ que te comento, y valores el problema desde un nuevo prisma. Espero que soluciones las cosas de la mejor forma posible.

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