Por qué no debes creer en los sueños

Por qué no debes creer en los sueños
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Durante un período de duelo, es posible que hayas pasado por las siguientes etapas:

Shock: la experiencia traumática de la separación puede ser tan fuerte, que una persona entre en estado de shock, sin saber reaccionar a la noticia.

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Negación de la realidad: durante unas horas e incluso uno o dos días, la persona niega la realidad que está viviendo, y tiende a pensar que todo es un mal sueño, que basta con que pasen unas horas y todo volverá a la normalidad.

Asimilación: pasadas las 48 horas iniciales, comienza el período de asimilación, que suele ser de unos quince días. Durante este tiempo, se suceden trastornos fisiológicos evidentes como falta de apetito o alteración del sueño.

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Depresión: Un agudo sentimiento de desolación se instala en el individuo. Lo más lógico es que este período abarque de ocho a doce semanas, y sea crucial para un cambio en la vida de la persona.

Tristeza: Tras la depresión quedan aún recuerdos residuales, que evocan momentos de tristeza. Suele ser un período de lágrimas de duración variable, llegando incluso a extenderse a varios años si la persona afectada no se ha enfrentado al dolor.

Odio: Mezclado con la tristeza, este episodio enfrenta al individuo al objeto de su trauma. En este caso, la persona abandonada se mostrará realmente agresivo contra la figura de su ex pareja que le abandonó. Sin embargo, lo más usual es que tras un período de odio sobrevenga un decaimiento en el estado de ánimo, ya que los sentimientos reales no son los de herir a la persona que se recuerda.

Indiferencia: realmente, el estado que se persigue. La persona ha superado todo su dolor gracias a la continua exposición a los recuerdos y su actitud positiva. Ningún pensamiento anidado a esa relación puede hacerle daño, y únicamente queda un recuerdo mudo, que no producto de afecto ni desprecio alguno.

Sin embargo, estos períodos son extremadamente flexibles y dependen en gran medida de las circunstancias genéticas, personales y sociales de la persona que vive el duelo.

Existe, no obstante, una fase durante el duelo que puede comenzar en el período de la depresión y no desaparecer hasta el de la indiferencia. Se trata de los sueños.

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Los sueños son liberaciones de pensamientos censurados durante la vigilia, que se manifiestan durante la noche. Se trata de una forma que la mente tiene de desintoxicarse, de liberarse de pensamientos negativos que durante el día bloqueamos por problemas con la exteriorización de nuestros sentimientos.

Estos bloqueos conscientes se eliminan durante la subconsciencia del sueño, apareciendo en forma de sueños, mezclados con otras imágenes mentales.

De todos modos, es necesario reseñar que los sueños son pensamientos inconscientes. Esto quiere decir que son imágenes formadas en el cerebro de la persona que sueña, y en ningún momento son imágenes evocadas por terceras personas. Si bien no es motivo de esta lectura contradecir ciertos documentos parapsicológicos, donde se pone de manifiesto la posibilidad de tener sueños premonitorios, lo únicamente cierto en la situación en la que una persona que vive un duelo sueña con su ex pareja, es que es dicha persona la que está PENSANDO DE FORMA INCONSCIENTE. Por tanto, todas las palabras que ponga en boca de su ex estarán creadas por su mente, sin ejercer control alguno sobre ello.

Muchas personas llegan al foro de empareja2.es comentando: “soñé con mi ex pareja, y era todo tan real… su voz, sus movimientos, lo que me decía”. Sin embargo, el factor subconsciente que hemos reseñado hace que no tengamos control sobre lo soñado, por lo que se obtiene una experiencia interactiva, en la que creemos ser meros participantes, no creadores. En los pensamientos conscientes, sin embargo, nos mantenemos como creadores de la escena, manteniendo lucidez y control de los personajes que se encuentran en ésta, sin que los recuerdos, miedos o fobias puedan manifestarse en ese instante y convertir un pensamiento en una pesadilla.

El hecho de que un sueño sea extremadamente real vuelve a explicarse por la subconsciencia en la que se desarrolla un sueño: los pensamientos afloran sin control, y el soñador es un espectador que recibe imágenes sin él crearlas conscientemente, lo que le expone a una gran dosis de realismo. Sin embargo, es útil pensar que todos los datos sobre la voz, los gestos y otros elementos que aparecen en un sueño se encuentran en la memoria, por lo que es perfectamente posible crear una escena hiperreal, incluso en otros estados de consciencia como la hipnosis.

Con todo esto queremos decir que los sueños no vienen de ningún sitio, sino que los creamos nosotros. No hay mensajes “externos” que provengan de la conversación de, por ejemplo, una ex pareja hablando con sus amigos sobre nosotros y, por supuesto, no deben ser tenidos en cuenta. Cierto es que el exponerse a la creación inconsciente de pensamientos, nos produce la sensación de haber vivido algo ajeno a nosotros. Debido a esto, y en pleno período de duelo, el día siguiente al sueño suele ser de abatimiento total. Incluso es posible que la persona que acaba de soñar con su ex piense en contactar para resolver esas dudas que contrajo en el sueño.

Hacer eso le situaría muy lejos de su objetivo, que es alejarse de la fuente del dolor y mantener su desaparición.

Pero, repetimos, es necesario ver el sueño como una forma de liberación, donde la mente trabaja para eliminar el trauma que ha sufrido. Esto también sucede tras episodios de gravedad como una violación o un secuestro. Soñar con ello es una buena noticia, ya que nuestra mente comienza a elaborar sus propias armas para liberarse de los efectos negativos, y comienza la etapa de recuperación.

No creamos en los sueños, pues son una forma de traicionar nuestra fortaleza y creer en luces y sonidos creados por nuestra mente, más ocupada en liberarse del problema que de agrandarlo.

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