¿Nuestras parejas nos educan en las relaciones? ¿De alguna manera nos muestran el camino a seguir?

¿Nuestras parejas nos educan en las relaciones? ¿De alguna manera nos muestran el camino a seguir?
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Existen usuarios que tras su primera ruptura, no hacen más que encontrarse el mismo perfil, una y otra vez, en otras personas con las que han ido haciendo altos en el camino, o más bien chocando. Personas con “dudas”, que comentan que lo están pasando mal por su familia, que en el trabajo no les va bien, que tienen amigos con las que discute a menudo (pero con los que sale demasiado sin saber uno ni quienes son), que andan con secretismos con el teléfono móvil y sus SMS y que, tras un tiempo de sudores, agobios y llamadas infructuosas de móvil, la relación se acaba.

Algunos piensan que estos desamores son propios del amor. Que están encantados de vivir trastabilleando entre relaciones. En empareja2 nunca hemos creído en el amor como una forma de pasarlo mal. Alguien del foro dijo: “el verdadero amor es el que no te hace sufrir”. Es posible que una persona que haya sufrido un rechazo se refugie en los desaires, los malos tragos, la obsesión y el llorar, como hacía David Summers en “sufre mamón”, para concluir tras todo ello un “pero estoy enamorado”. Obviamente, todo es fruto de la dependencia.

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Algunos de estas personas se lamentan por necesitar los polvillos semanales, otros necesitan pasearse al lado de una pareja con la cual presumir ante sus amigos y familia (“aquí está mi novia, por si no la conocíais”, “este es mi novio, empresario”), otros necesitan una estabilidad para clonar la vida de sus padres (trabajo-casa-boda- hijos-nietos-imserso), otros necesitan un apoyo para estar en el trabajo rindiendo al máximo, porque saben que hay una persona al otro lado que por la noche les apoya y les dice lo guai y lo listos que son.

Todo eso son errores, que a medio o largo plazo salen a flote y la relación casca. Tan sólo hay que preguntarse: “¿soy como realmente soy estando con mi pareja? ¿O cuido las formas, pienso en qué es lo que más le va a agradar y fantaseo (negativamente) con la idea de que, a la mínima, me la juega?”

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Los discursillos del tipo 2 sólo tienen la cura de la separación, porque una relación iniciada en base a dependencias acaba indefectiblemente mal. Algunas personas pasan un par de meses de introspección sacando de su interior desastres naturales de este tipo… y se dan cuenta que no son sus parejas, TODAS, las que son inadecuadas para ellos… sino ellos quienes tiene el problema.

Así pues, cualquier persona huye de la dependencia y encuentra una salida, que quizás sea equivocada, pero desde luego creyendo que es MEJOR OPCIÓN frente a seguir con su ex. Que sí, que luego pueden darse la hostia (¡o no!), pero en principio dejan la relación para seleccionar algo mejor. ¿Qué provoca el quedarnos solos? Que nos queramos a nosotros mismos: al quedarnos solos, o incluso volviendo a ser rechazados por buscar un parche sentimental y experimentando una soledad tras otra, hacemos lo imposible por darnos cuenta de que en esa soledad es donde alcanzamos la máxima expresión como seres humanos…

Es cierto, nos realizamos más estando solos, en lugar de enfocar energías a estar en pareja.

El caso, que si nos ponemos a evaluar este comportamiento, son las parejas las que nos inducen a mejorar como personas, a evitar las dependencias, a reafirmarnos en nosotros mismos y ser como debemos ser: personas con una buena autoestima, con fortaleza, con decisión.

Las mujeres ayudan a los hombres, y los hombres ayudan a las mujeres: entre todos aprendemos a no ser personas débiles y dependientes.

Resulta que la dinámica de otros espacios de Internet que han aparecido últimamente, se basan en crear una mera trinchera frente al dolor. Una cámara acorazada para acoger a los desvalidos y curarles las heridas.

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– ¿Quién te ha hecho esto?
– Fue esa persona de ahí
– ¿Quién? Bueno, bueno, qué mala persona, no me digas… tú no mereces a alguien así, ¡tú eres grande!
– ¿En serio? Yo… yo soy tímido… y ya no estoy a su lado…
– ¡Pero qué dices! Claro que sí, claro que eres grande, a ver todos juntos: “¡tú no mereces a esa persona!”
¡TÚ NO MERECES A ESA PERSONA!
– Joder… qué buena gente sois… sois la polla… es cierto, yo no la merezco
– ¡Por supuesto! Vuelve a repetirlo tú. Venga. Hazlo
– Emm… yo no la merezco
– ¡Mas fuerte!
– ¡Yo no la merezco! ¡Es mala persona!
– Es mala persona no, ¡es mala y te humilla!
– Es mala, ¡sólo me trajo problemas!
– Así es… bien… cálmate, veo que lo has asimilado. Sigue leyéndonos y te darás cuenta cómo tu ex te ha manipulado.
– ¡Es verdad! ¡Es impresionante! ¡No lo había visto!
– No lo habías visto porque tenías una venda en los ojos.
– ¡Cierto, tenía una venda en los ojos y no lo sabía!

Y… este usuario de la “venda en los ojos” cree que esa venda le llegó por alguna otra vía, quizás sus padres, a los que también acabará culpando. Por eso, en empareja2.es también hemos acabado con la figura de la “venda en los ojos” para pasar al “taparnos los ojos”. Porque nadie NOS coloca la venda, sino que somos nosotros, CON NUESTRAS PROPIAS MANOS quienes las ponemos delante de los ojos y no la queremos quitar.

No echemos culpa a nadie de “vendarnos” los ojos, ni de manipularnos y “sentarnos” donde quieran, ni de ponernos como benditos que nos aferramos a relaciones, como buitres, mientras las ex parejas cambian de pareja como de jersey. Tanto hombres como mujeres lo dejan para estar con otra persona, y también para pasar un tiempo de soledad. Para viajar.

Para cambiar.

Pues bien, el comportarse como hacen estas personas, en ciertos espacios de Internet, en los que se da palmaditas en la espalda al recién llegado, en la que se le habla al oído diciéndole: “las ex parejas son lo peor” y echando las culpas fuera, sin arreglar nada dentro (¡tú vales más!)…

… ¿qué queda por arreglar en la persona que llega?

Es decir, si toda la culpa es de la persona que nos deja… ¿qué mejoramos de nosotros mismos? Nada. Quiere decir que uno de esos “recién llegados” sólo verá en su ex todo tipo de maldad. Pensará que se confundió de persona. Y pensará: “ya habrá alguna buena para mí, mi hermano mayor, o mi tío o mi cuñado están con alguien que sí merece la pena”.

Y esperan… esperan… y esperan. Y manteniendo el mismo perfil, de “ya encontraré una pareja adecuada”, siguen mostrando dependencia. Y como no deben ser así, lo ocultan, se disfrazan, y entonces piensan que deben ir de chulos, que demostrar su superioridad es síntoma de fortaleza (“antes de que me pisen, piso yo”…

Y con toda esa arrogancia y esa evidente coraza, lo único que consiguen es encontrar personas que desmonten en un pispás las armaduras y se encuentren con alguien lleno de miedos que piensa que le hicieron mucho daño.

Y por ende, al descubrir lo que hay dentro, la nueva pareja empieza con los alejamientos: “no sé qué me pasa… estoy confundido/a… quizás deberíamos pasar un tiempo sin vernos, para echarnos de menos”.

El caso es que NO ARREGLAR NADA DE UNO MISMO conduce a encontrarse con el mismo tipo de persona.

Por tanto, pensar que el problema es de las personas que vamos dejando por el camino, utilizar frases de rencor, o no reconocer las culpas de uno mismo, nos va a poner SIEMPRE frente a una pareja idéntica a la anterior.

Porque cuando toda la gente falla, es uno mismo el que falla. Y cuando personas que no se conocen de nada, dejan a la misma persona con la misma excusa… ¿no será por algo?

Lo más importante de todo es, sin duda, sentir que las relaciones que fracasan nos educan, que las personas que vienen y van nos muestras nuestros fallos que debemos asumir… en lugar de culpar a otros de nuestros problemas.

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