¿Por qué parece que las mujeres van de reinas y el hombre debe ser el que haga todo?

¿Por qué parece que las mujeres van de reinas y el hombre debe ser el que haga todo?
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La filosofía de empareja2 está en contra de los comportamientos de género por condicionamiento genético. Es decir, no es la genética, los fenotipos, los causantes del comportamiento de un hombre o una mujer, sino que es la educación la causante de todo. No hay que buscar más diablos.

Hoy día se ven mujeres que jamás existieron. Mujeres liberadas, libres, que no libertinas, que hacen lo mismo que un hombre, que tienen el mismo acceso a trabajos, derechos y obligaciones que el hombre, y esto les convierte, a pesar de ciertos flecos educativos aún existentes, en una persona con una forma de pensar prácticamente idéntica a la del hombre.

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Tienes muchos ejemplos. En la televisión, por ejemplo en Telecinco, tienes a Lorena Castell. O en nuestro programa de radio, empareja2 RADIO, tienes el ejemplo perfecto en Chela Santalla. Son mujeres que no les asusta decir que se han acostado con x hombres a lo largo de su vida, sin que eso pueda derivar en una merma de una supuestamente necesaria reputación femenina, más propia de los años 50 que de comienzos del siglo XXI.

Para aclararlo, veamos el origen: ¿quién educa a las niñas? Sus madres. ¿Y quién educa a los niños? También sus madres. La forma que tiene una mujer de educar a su hija difiere de la que da su hijo. Entre ellas hay más comunicación, se muestran más facetas ocultas a simple vista, siempre en torno a la inteligencia emocional… Sin embargo, con el niño sólo hay pautas ancladas en el pasado, que se refuerzan con la educación del padre, del tipo: ‘primero las mujeres y los niños’, ‘los hombres no lloran’, ‘tu hermana es una niña, y tú eres un hombre’, y toda una serie de lavado de cerebro por el que un hombre es una especie de superhumano destinado a cuidar, proteger y ensalzar las virtudes femeninas. Mientras esto ocurre, la madre suele sobreproteger a su hijo, así que la educación suele ser contradictoria: por un lado llegan los mensajes represores del padre, por otro la falta de comunicación y la sobreprotección de la madre.

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Así, pasada la pubertad un niño no busca una mujer a la que cuidar, sino que sigue buscando a UNA MADRE QUE LE CUIDE. El rol a desempeñar por el hombre, entonces, será el de buscar a una mujer a la que proteger con el único fin de que, una vez conquistada por medio de acciones románticas que demuestren su gallardía y valor para proteger y dar cariño a la mujer, éste reclame los cuidados que su madre siempre le dio.

Es decir, ‘te muestro cómo sería capaz de protegerte, para que me protejas tú a mí’.

Cuando las primeras relaciones dejan entrever tales taras educativas, comportamientos erróneos y carencias de perspectiva a la hora de abordar una relación, el hombre suele ser abandonado por la mujer, la cual no busca una persona a la que cuidar, sino una persona que le cuide como hacía su padre con ella. Y tras enfrentarse a ese abandono, a ese duelo, a esa soledad, el hombre desarrolla lo que en empareja2 llamamos un naufragio emocional, a través del cual conocerse y no necesitar el apoyo de una mujer para reconocerse, ratificarse y alzarse, primero como persona y después como hombre.

El resto, el cómo un hombre sabe desenvolverse en una relación tras haber pasado por una ruptura, es algo que podemos ver por el foro a lo largo de miles de casos, tratados de principio a fin.

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