Profana los lugares sagrados

Profana los lugares sagrados
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Aunque no seamos conscientes, todos tenemos al menos uno, un emplazamiento especial, casi mágico. Caminamos por él y nos sobreviene una sensación agradable. Comenzamos a recordar momentos pasados, momentos felices, momentos que ahora se convierten en humo, cuando chocamos con una realidad no tan agradable: acabamos de sufrir una ruptura sentimental. Aquel lugar, que antaño tuvo un significado especial, ahora nos da miedo pisarlo porque podría provocar en nosotros una recaída en ese dolor que tanto nos amarga. Ese lugar, que, por supuesto, ocupa una parte privilegiada en nuestro bagaje sentimental, recibe el nombre de ‘lugar sagrado’.

Los lugares sagrados son todos aquellos sitios que tuvieron algún significado especial para ambos miembros de la pareja, o para alguno de ellos. Por ejemplo, porque se conocieron allí, porque acudían asiduamente a ese sitio, porque disfrutaban de lo lindo en ese lugar u ocurrió algo singular o destacable que jamás podrán olvidar. La universidad o la oficina donde se conocieron, la discoteca a la que tanto iban y en la que se dieron su primer beso, ese restaurante en el que siempre pedían lo mismo, la playa o piscina de las vacaciones, un parque con la brisa primaveral acariciándoles la cabeza, una calle repleta de comercios… la lista sería infinita, tanto como número de parejas y lugares hay en el mundo.

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Durante la relación, esos lugares son capaces de despertar sentimientos, normalmente positivos, en los miembros de la pareja, y esos sentimientos se tornan negativos y se ven acrecentados cuando se visitan estos sitios especiales tras la ruptura. Ni que decir tiene la sensación de confusión, al mezclar dos sentimientos tan contradictorios como el echar de menos a esa persona y sentir felicidad por encontrarte en ese lugar. Por supuesto, no hablemos de encontrarte a esa persona caminando por alli… de la mano de alguien… ese lugar queda completamente vedado para ti por miedo a encontrarte con algo que te va a provocar dolor.

Pero… ¿qué debemos hacer ante estas situaciones? ¿Evitar el lugar ya que estamos desaparecidos, o afrontar un cara a cara con toda naturalidad? Indudablemente, la desaparición es una actitud, y no tiene que verse truncada porque decidamos profanar un lugar sagrado, aunque sólo sea para darnos cuenta de que todo ese miedo que sentimos está exclusivamente en nuestra imaginación.

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Hablemos ahora de la profanación de estos lugares. Este acto debería realizarse no de una forma descontrolada o primitiva, como el perro que se para a olisquear en una esquina, huele que otro can ha estado allí y orina para marcar su territorio. La profanación de un lugar sagrado ha de hacerse más con la cabeza que con el corazón, ya que por el hecho de demostrar la valentía de acudir a ese sitio, donde tal vez se encuentre la ex pareja, puede suponer un batacazo emocional si la persona no está preparada para un encuentro que puede ser desagradable y doloroso.

Pero si tratamos el tema de la profanación, lo hacemos porque hay ocasiones en las que es necesario pisar ese lugar. Las posibilidades son muy variadas:

– Tengo que profanar un lugar sagrado debido a que estudio o trabajo con mi ex pareja, o lo que es peor, la mayoría de mis amigos son en común y muchas veces me veo ‘forzado’ a encontrármela.

– Estoy casi o totalmente recuperado y voy a profanar los lugares sagrados porque me veo con fuerzas.

– No estoy recuperado, no me veo con fuerzas y creo que profanar los lugares sagrados me haría mucho daño… pero tal vez es aconsejable hacerlo.

– Y así un largo etcétera de situaciones en las que los lugares sagrados están presentes.

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Bien, ¿y cual es la mejor forma de entrar en los lugares sagrados?
Pues en empareja2.es sugerimos dos actitudes que nos pueden beneficiar mucho: indiferencia y naturalidad.

Vale, pero… ¿cómo hago uso de ellas?
Antes de visitar ese sitio tan especial en el que seguramente, casi al 100%, va a estar nuestra ex pareja, hay que tranquilizarse, respirar profundamente si es necesario. ¿Esto es una exageración? No necesariamente, hay muchos casos, sobretodo cuando la ruptura es reciente, en los que cruzarse con esa persona puede suponer un trance de proporciones épicas. Por ello, no está de más ser conscientes de esto y estar preparados: la indiferencia nos va a ayudar a mantener la cabeza fría y a no volcarnos en nuestra ex pareja si nos la encontramos. Por otro lado, la naturalidad nos servirá para relajarnos, ya que no hay nada negativo en comportarnos tal y como somos delante de esa persona.

Ésta actitud afectará a todos y cada uno de los sentidos:

– Vista: ver a nuestra ex pareja es, en principio, impactante. Su silueta, su rostro, sus gestos, ¿no está mejor que nunca? ¿No parece más feliz que antes? ¿Y con quién está? Ver a nuestra ex pareja con otra persona puede provocarnos parálisis, pero debemos tranquilizarnos. Nunca esquivar ni tomar un camino distinto, aunque pensemos que es mejor que no nos vea. Saludar con la cabeza bien alta y, si no nos vemos capaces de mantener una conversación, continuar nuestro camino.

– Oído: lo que antes considerábamos una voz melosa y monótona, ahora puede parecernos un verdadero canto de sirena. Todo es pura sugestión. Por otro lado, al igual que existen lugares sagrados, también existen canciones sagradas, esos temas que escuchabas con esa persona, o los de su grupo favorito, o la que era “vuestra canción”… convendría evitarlos mientras no estemos recuperados.

– Olfato: su olor, ese que tanto nos recuerda a esa persona y que nos evoca tantas cosas, puede hacernos sentir más. El olfato es el sentido más intuitivo y directo de todos. Por eso, los olores nos recuerdan tantas cosas, aunque muchas veces ni nos demos cuenta. Caminar por un parque, estar en la playa o incluso sentir el ambiente de una calle a las siete de la tarde, puede traernos recuerdos.

– Gusto: bueno, afectar, afecta más que al gusto… al aparato de fonación, ya que nos será difícil articular palabras que vayan dirigidas a nuestra ex pareja. Los nervios, las prisas y otros malos consejeros provocan estas situaciones en las que debemos calmarnos y actuar con la mayor naturalidad posible. Y si nos sale voz entrecortada, se nos traba la lengua o alguna otra “catástrofe” bucal… ¿qué más da? Ya llegará el día en que no nos traicionen los nervios.

– Tacto: el contacto físico suele ser directo y cala rápidamente en la percepción de quién lo recibe. Una persona nota enseguida que alguien está rebasando su espacio vital. Abrazos, besos y otras formas de contacto son interpretadas por muchas personas de forma equívoca: no entienden el por qué de esas acciones si la relación se ha terminado. Ante esto, aconsejamos guardar las distancias.

Veamos un ejemplo práctico para tener más claro todo esto. Imaginemos la tan corriente situación del cumpleaños de un amigo en común nuestro y de nuestra ex pareja. Los dos hemos sido invitados para ir a cenar al restaurante al que siempre íbamos juntos y después tomar unas copas en esa discoteca que frecuentábamos en nuestra época de noviazgo. Perfecto, vamos a acudir a dos Lugares Sagrados en la misma noche, vamos a recordar miles de situaciones y para más INRI todo esto en presencia de nuestra ex pareja. Una prueba de fuego, sin duda, que nos va a asegurar que al día siguiente tengamos un bajón considerable. Pero esto podemos evitarlo en parte. Nuestra ex pareja tal vez crea que va a vernos abatidos, doloridos, ansiosos de tener cualquier contacto con ella y no se espera para nada el plan que le tenemos preparado.

Debido a que la desaparición física en estos casos es imposible, tenemos que tirar mano de la desaparición afectiva y luchar con nuestra mejor baza: la indiferencia. Tenemos que actuar como si nuestra ex pareja fuera una persona más, como si nos diese igual ella y todo lo que hace. No es aconsejable acercarnos a ella ni dirigirle palabra alguna por iniciativa nuestra, y si es ella la que lo hace, tenemos que despacharla lo más rápidamente posible con frases cada vez más severas conforme vaya aumentando su insistencia, si acaso este hecho ocurre. Pero esto ya depende de la disposición de cada uno. Si nos apetece hablar, no hay nada malo en hacerlo. Pero si pretendemos hablar para iniciar un acercamiento que vaya a más… deberíamos detenernos antes de entrar en un terreno del que seguramente saldremos escaldados. Para asegurarnos una victoria en esta situación (victoria a nivel personal, ya que ver a una ex pareja no es ninguna competición del tipo ‘mira qué bien me encuentro sin ti’), debemos tener cuidado con un aliado y enemigo: el alcohol. En una dosis justa, puede aportar una chispa de alegría y desparpajo. En dosis altas, la pérdida del autocontrol.

Analicemos ahora dos citas celebres que son muy interesantes, por estar relacionadas con el tema de los Lugares Sagrados:

– ‘La peor forma de extrañar a alguien es estar sentado a su lado y saber que nunca lo podrás tener’ Gabriel García Márquez

Realmente se pasa mal; de hecho, al día siguiente del contacto tendremos muchísimas ganas de ver a esa persona y la extrañaremos mucho más. Por eso, hay que hacer hincapié y fuerza en no caer en la tentación de iniciar un contacto absurdo que, de todas las formas, nos hará caer más en nuestro pozo de pesadumbre particular. Por otro lado, si superamos esta prueba con éxito habiendo actuado bien, aunque nos parezca que en un primer momento hemos dado pasos de cangrejo, habremos avanzado mucho en nuestra recuperación personal.

– ‘Nunca dejes de sonreír, ni siquiera cuando estés triste, porque nunca sabes quien se puede enamorar de tu sonrisa’ Gabriel García Márquez

No sonreímos para enamorar a nadie, sino para sacar fortaleza y enfrentarnos a una situación difícil. ‘Al mal tiempo buena cara’ se suele decir, y desde luego, la sonrisaterapia es algo que funciona.

– ‘Hay dos cosas que el hombre no puede ocultar: que está borracho y que está enamorado’ Antífanes

Que estamos borrachos es imposible de ocultar, por eso mejor no beber nada, mantenernos a base de refrescos o no pasarnos con el alcohol. Pero que estamos enamorados… es difícil ocultarlo. Lo mejor es acostumbrarnos y aceptar que la relación ha terminado. Es doloroso hallarnos en una situación en la que nos sentimos enamorados de una persona que sabemos que no nos quiere. Es una sensación contradictoria, extraña y no muy agradable, pero por eso requiere de esfuerzo por nuestra parte para superarla.

Profanar un Lugar Sagrado es una prueba de fuego que se debe pasar obligatoriamente para dos fines: comprobar lo recuperados que estamos y fortalecer dicha recuperación. Sin duda alguna es recomendable hacerlo, ya que aunque en un primer momento nos pueda parecer que hemos dado un paso atrás por el dolor que nos ha provocado, es algo que va a fortalecernos. Pero eso si, debemos ser capaces de mantener la indiferencia ante la ex pareja. Caer en ruegos, súplicas, intentos desesperados de volver… va a ser perjudicial para nosotros. Continuemos con nuestra recuperación, siempre, esté o no esa persona delante, nos encontremos o no en un lugar sagrado. Nosotros somos nosotros, estemos donde estemos y estemos con quién estemos, y la recuperación de nuestra autoestima e independencia es, sin duda, lo más importante en estos momentos.

Que nada derribe nuestra determinación.

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