El sexo, una cuestión de autoestima

El sexo, una cuestión de autoestima
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La autoestima, es decir, quererse a sí mismo y aceptarse es fundamental en la calidad y bienestar de todas las facetas de la vida, también lo es para la sexualidad.

El chico o la chica que somos cada uno de nosotros en la calle es la misma persona que comparte sexo con quien quiere según su orientación sexual. No se es distinto en un lugar que en otro, se es una misma y única persona. Lo que sucede fuera de la cama refleja lo que sucede en ella y viceversa.

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Esto quizá no te lo hayas llegado a contemplar nunca así, pero hacerlo ahora: pensar en cómo es el comportamiento de cada uno en su vida cotidiana, en las capacidades de autoafirmación, de pedir, de hacerse valer, de ser uno mismo… y pensar después en cómo se es en el juego amoroso y en el sexo. Ahora, hacer la prueba al revés: primero analizar cómo es el comportamiento de cada uno en la intimidad del sexo y luego de puertas para afuera.

Hay un sinfín de factores que influyen en la conquista y en el disfrute del sexo. Sin embargo, uno de los que más contribuyen en éstos terrenos es una sana autoestima. Es lógico que se pueda disfrutar más de la actividad sexual si la persona se siente segura y contenta consigo misma. El gozo es mayor si se gusta y la persona se siente atractiva y deseada. Y para eso no hay que ser modelo de pasarela.

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Todos podemos conocer a gente de físico estupendo pero con una sexualidad paupérrima. En las consultas de los sexólogos se cuentan casos como el de una chica rubia guapísima, con un tipo estupendo. Esta chica tenía serios problemas de autoestima, que se manifestaban en una percepción absolutamente distorsionada de su imagen corporal. Ella no se veía nada atractiva, era extremadamente perfeccionista y magnificaba sus pequeñas imperfecciones -su estilo de relación era temeroso e inhibido-. Era incapaz de sentirse digna de amor y su vida sexual estaba ausente, estaba demasiado ocupada en sus traumas para deleitarse siquiera con el autoerotismo.

La belleza física es algo subjetivo y efímero. Se dice que la belleza está en los ojos de quien mira y no es posible atraparla en el tiempo. No merece la pena atormentarse deseando poseer unos atributos físicos que no se tienen. Sin necesidad de obsesionarse por ello, es posible cultivar la mente al tiempo que se cuida el cuerpo -de hecho, una cosa lleva a la otra y se retroalimentan-. Al final, el sano equilibrio será el objetivo.

Hay que tener en cuenta que lo que hace a una persona atractiva y sexy es más su actitud que sus atributos físicos. Si miramos a nuestro alrededor muy probablemente veremos a personas que nos parecerán atractivas por su forma de ser, sus actitudes, su enfoque de la vida… Posiblemente, nos parecerán encantadoras aquellas con quienes sentimos una mayor afinidad o aquellas que poseen valores o cualidades que admiramos. Puede ser su sentido del humor, su entusiasmo, su forma de sonreír, aspectos relacionados con su actitud ante la vida. También pueden parecernos atractivas otras personas debido a que sobresalen del resto –por su creatividad y que se atrevan a ser diferentes puede hacerlas muy atractivas-.
Esas cualidades, que vemos en otras personas y que podemos admirar, existen en nosotros en mayor o menor medida. Es de vital importancia que aprendamos a reconocerlas y a sacar partido de ellas. Esas cualidades son más importantes que el aspecto físico y duran mucho más. Todos tenemos un potencial atractivo que hay que saber aprovechar.
Esto explicaría porque existen parejas felices en las que uno de los dos no parece tan atractivo en comparación con el otro, sin que suponga ningún desequilibrio en ellos. Alguien con alta autoestima se presenta sugerente de por sí, aunque no encaje con los prototipos de belleza de la sociedad. Se quiere y se siente seguro de sí mismo, por lo que atrae sexualmente más que otro individuo que se siente inseguro, descuidado e inferior.

Si uno piensa de sí mismo que no es lo suficientemente bueno o atractivo, estará inhibido durante la relación sexual, pues creerá que tiene poco que ofrecer, y por lo tanto tampoco se atreverá a recibir con espontaneidad a la pareja. Tener una baja autoestima sexual no es algo a lo que se llega de repente, sino que es algo que se va acumulando poco a poco desde la pubertad, especialmente cuando se empiezan a recibir los primeros mensajes sobre gustar o no a otros, y comienzan a valorarse los cambios que va experimentando el cuerpo con el desarrollo de los caracteres sexuales secundarios (mamas, vello, cambio de voz, etc..).?Llegar a ser un adulto con un autoconcepto sexual distorsionado puede boicotear la mejor de las relaciones, porque somete a la persona a un autoexamen constante, el cual no sólo nunca aprueba, sino que además va generando más y más ansiedad al sentirse en continua autobservación. ??Es bueno que cada uno conozca si tiene un verdadero problema, porque de no ser así a veces podrá sentirse rechazado. Entre los comportamientos más frecuentes que reflejan un déficit de autoestima sexual están:

. Pudor a desnudarse delante de la pareja, o a tener sexo con la luz encendida. Esto evidencia la dificultad para aceptar el propio cuerpo, y la angustia que le crea el sentirse expuesto a la aprobación de la pareja, a pesar de que ésta exprese claramente que se siente atraído.

. Desconfianza e incredulidad al recibir un elogio por parte de su pareja alabando su físico o sus artes amatorias. La respuesta predominante ante tales “piropos” es de escepticismo, aunque en ocasiones puede llegar incluso a pensar que el otro/a miente, o le ensalza para consolarle por pena.
. Ser incapaz de llevar la iniciativa o de proponer nuevos juegos sexuales por temor a tener un rechazo de la pareja, vivir con un permanente miedo a desagradar al otro. Por eso, llegan a preguntar constantemente durante la relación si lo hacen bien o le está gustando, a veces de forma tan reiterativa que el compañero/a puede llegar a molestarse, o distraerse cuando menos ante su insistencia.

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. Descartar el autoerotismo, porque no verse a sí mismo seductor, ni creerse merecedor de tiempo para estimularse. La autoexploración sexual es necesaria y requiere de un autoconcepto positivo y de motivación por conocerse y cuidarse.

. No dejar de mandarse mensajes negativos que le alejan de las sensaciones corporales placenteras, tipo: “en el fondo sé que no lo/a merezco”, “sé que no le/a voy a gustar”, “mejor ni pido, porque me voy a frustrar”.

. En el caso del chico, la disfunción sexual más habitual con la que se topará será la dificultad para mantener la erección, y en el caso de la chica la anorgasmia, porque tanto para excitarse como para llegar al clímax es necesario estar relajado y sentirse deseado. La persona con un autoconcepto negativo está demasiado concentrada en sus carencias (los cuales magnifica) como para poder disfrutar plenamente del sexo.

Una vez que se reconocen las conductas equívocas que van disminuyendo la satisfacción sexual y rebajando la propia valía, hay que actuar y ponerse manos a la obra a cuestionar muchas de las creencias erróneas que subyacen a esa baja autoestima sexual:

. Es preciso cambiar la manera que tenemos de hablarnos a nosotros mismos. Las palabras negativas que nos autodirigimos un día tras otro acaban por convertirse en poderosas autodefiniciones con las que nos hemos ido clasificando (“vaya cara”, “qué tetas más pequeñas”, “qué barriga tengo”, “qué viejo estoy”), y que repetidas habitualmente dejan su huella. Imaginemos que un amigo se dedicara cada día a regalarnos estos mensajitos; sí, efectivamente, se habría convertido en un enemigo que nos restaría energía. Pues ese es el mismo efecto que tiene en nosotros el diálogo interior negativo. De ahí que entrenarse en autoelogiarse de vez en cuando, siempre que lo dicho sea creíble y constructivo, puede contribuir a que vayamos al encuentro sexual con una disposición más positiva, y deseosos de entregar lo mejor de nosotros mismos.

. Todos sabemos que el sexo es algo cultural, se aprende. Por tanto, las prácticas sexuales se optimizarán con la experiencia; se pueden modificar, corregir y mejorar. El rol de amante no es algo fijo e irreversible, sino que está por desarrollarse, y cuando no se sabe cómo hacerlo, tal vez sea hora de formarse y asesorarse un poco más en nuestras habilidades sexuales. Bibliografía especializada, consultar a un sexólogo y hablar mucho con la pareja son los tres primeros pasos para mejorar y llegar a la cima del placer.

. Ya hemos dicho que la belleza física es algo subjetivo, y efímero, pero eso no significa que no hagamos cosas por realzar rasgos positivos, en nosotros está saber valorar lo hermoso de nuestro físico. Decir que “nuestro cuerpo es horrible” es demasiado general, siempre hay algún aspecto de nuestra estética que nos puede gustar y que podemos resaltar. La cuestión está en elegir poner la vista en aquello de lo que se carece, o en aquello que se tiene. La elección está en ti: “¿me falta, o TENGO?”; “¿quisiera ser, o SOY?”

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