Siento que tengo miedo a todo

Siento que tengo miedo a todo
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A ver… Los miedos no ‘aparecen’ de la noche a la mañana. Ya los tenías, formaban parte de ti, pero ahora LOS ESTÁS DIGIRIENDO. Y vas a tener que darte tiempo.

Sé que no es fácil por lo que estás pasando y lo sé porque yo pasé por algo parecido cuando empecé a trabajar en casa hace unos años, y dejé el estresante y ruidoso trabajo de oficina, parapetándome en mi casa sin mucho más mundo que unas paredes, una pantalla, zumo de naranja y sopa de lata en la nevera y trabajo, mucho trabajo, que postergaba de hora en hora, hasta el punto de que me daban las dos, tres de la madrugada y seguía haciendo cosas que, por falta de un horario, perdía la noción del tiempo, y los cambios que sufría, de hambre, sueño y demás, eran cojonudos.

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El caso es que, entonces, salí un día de casa, fui al buzón, saqué una carta, cerré el buzón, iba ya saliendo hacia el coche y pensé… ¿habré cerrado bien el buzón? Volví. Abrí el buzón, lo cerré. Lo abrí y lo cerré. Volví a salir. Me paré en la puerta de nuevo. ¿Y si no lo había cerrado? Pero, ¿qué cojones hacía yo con esa manía ahora de repasar el cerrar el buzón? ¿Qué coño de TOC (trastorno obsesivo compulsivo) me estaba afectando, cuando no había tenido nada tan acusado?

Me fui para el coche, arranco, salgo a comprar… y empecé a darle vueltas al buzón. Tantas que cuando llegué lo miré de lado, que casi no quería ni pararme para no abrirlo y cerrarlo como un gilipollas. Entré en casa y seguía pensando en el buzón, que tenía que asegurarme que quedara bien cerrado.

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Y, al día siguiente, seguí con el buzón. Y al día siguiente también. Y al otro, y al otro. Y tuve un par de semanitas de enganche psicológico con el tema de cerrar el buzón. Y todo ¿sabes por qué? PORQUE NO TENÍA NINGÚN OTRO ALICIENTE EN LA VIDA Y MI MENTE BUSCABA MO-VI-MIEN-TO. Mi mente se estaba rebelando, quería estresantes noches de cierre en la editorial, broncas del jefe, madrugones, problemas, llegar tarde al curro por un interminable atasco en la carretera. Quería ESTAR VIVO, o al menos estar vivo tal y como lo estuvo siempre.

Cuando PARÉ el cerebro, cuando lo puse en stand by y aflojé el ritmo, empezó a salir toda la mierda que llevaba dentro y que, supongo, todos llevamos. Imagina tu cabeza como una gran jarra de cristal donde metes agua con mucha arena y guarrería disuelta y no haces más que darle vueltas, a toda velocidad. Y, llegado un momento, sacas la cuchara con la que removías y dejas que el agua se vaya parando poco a poco… Y una vez parada, empiezas a ver cómo todos los posos van cayendo al fondo. Cómo toda la guarrería va quedando al fondo y el agua empieza a estar más y más cristalina.

Y en ese proceso estás tú ahora. Estás en ese momento en el que sientes QUE TODO ESTÁ HECHO, QUE TODO SE HA PARADO, QUE NO TIENES NADA QUE HACER. Y ves, como nunca, toda esa mierda que arrastraba el cerebro, dándole vueltas, y que te enturbiaba el pensamiento.

Pero tu arma, tu más poderosa arma, se basa en la simple indiferencia. Sí, ya lo sé, esto no es una persona dañina que debas obviar y llevar a cabo ‘la jugada que no se juega’. Pero la indiferencia hacia algo que nos daña es la actitud más loable para que no sea más que un pensamiento que, en lugar de pasar, arañar, y dañarnos, te roce suavemente, sin armar mucho escándalo, y pase de largo sin apenas verte ni mirarte.

Sin embargo, cuando llega este pensamiento tú subes la mano como si fueras un guarda, le pides el carnet, el permiso de circulación, le dices si lleva el chaleco reflectante, le haces dar unos cuantos pasos, le pides las luces de repuesto, le obligas a poner la rueda de repuesto a ver si sabe cómo, le haces el control alcoholemia… y cuando el pensamiento, que iba con su turismo al pueblo de al lado, está hasta los cojones del control, agrede al policía, a ti, y os enzarzáis en un bonito espectáculo que no tenía que haber empezado.

Tus miedos en los cambios de sentido.
Tus atragantamientos, más falsos que un duro de cartón.
La fachada que hace que los hombres no quieran ni verte.

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Todo lo que tú consideras miedo LO GENERAS TÚ. Lo paras tú, lo inspeccionas tú.

En lugar de hacer que ese pensamiento, que no es más que una turbiedad pasajera que tiene que irse al fondo, pase de largo, lo que tú haces es meter la cuchara, remover con más fruición, y por si acaso no hay suficiente mierda en el agua tú echas polvo de araña, patas de rana, veneno de culebra y otras pócimas intragables.

Eres tú la que está generando esa movida. Y eres tú la que puede pararla. Te lo dice alguien que entiende por lo que estás pasando.

Sólo tienes que comprender que los pensamientos negativos, cuando lleguen, deben pasar de puntillas. Ni los mires, ni los oigas, no los inspecciones, no los preguntes, no los anides, no les des cobijo. Deja que esa turbiedad vaya al fondo. Haz que tu mente sea, cada vez más pura, más cristalina, sin fallos, sin nada que enmascarar.

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