Sueños de un seductor

Sueños de un seductor
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En empareja2.es hemos hablado muchas veces de la imagen distorsionada que nos ofrece el cine sobre las relaciones hombre-mujer pero, como en toda regla, en el mundo del celuloide también existen películas que suponen una excepción. Un claro ejemplo de ello es la película de Woody Allen titulada “Play it again, Sam”, que se comercializó en nuestro país traducida bajo el nombre de “Sueños de un seductor”, y sobre la cual trataremos a continuación en profundidad.

La diferencia de esta comedia respecto a tantas otras, y la razón por la cual la analizamos aquí, radica en su capacidad de mostrar, de manera amena e incluso hilarante, la mayoría de principios que defendemos en esta página, desde los motivos que inducen a la ruptura hasta los errores más frecuentes que solemos cometer cuando intentamos seducir a una mujer. Además, lo hace de forma gráfica y original, extrayendo al galán Humphrey Bogart de la película “Casablanca” y convirtiéndolo en un amigo imaginario del protagonista que le aconseja como tratar a las mujeres.

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Pongámonos en situación: el protagonista (Woody Allen), es un cinéfilo que ejerce de crítico en una revista y que es abandonado por su mujer tras un breve matrimonio de dos años. A partir de aquí, gracias a una pareja amiga que le busca citas para que supere el bache, este desplegará todas sus armas de seducción, con mayor o menor acierto, hasta descubrir algunos principios básicos a la hora de ligar.

La ruptura

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La película comienza cuando su mujer, una chica que conoció cuando trabajaba como camarera en un bar, le comunica que ha decidido dejar la relación. Ella es una persona dinámica, alegre y jovial, con ganas de comerse el mundo y harta de la vida pasiva, monótona y hastía a la que le condena el marido. Está claro que el culpable de que el matrimonio se vaya al garete es únicamente el, ya que ella es solo una mera victima de la sosa vida que mantiene el protagonista.

Por tanto, aquí vemos un ejemplo claro de ruptura ocasionada por el tedio de la rutina, capaz de apagar hasta la llama de la pasión más fervorosa. Por este motivo, en empareja2.es tenemos claro que una relación de pareja nunca debe convertirse en algo mecánico, programado y predecible, sino que debe ser lo más estimulante posible. ¿A quien le gusta repetir las mismas cosas día tras día, semana tras semana, año tras año? ¿No resulta más gratificante ir innovando y descubriendo nuevas sensaciones? ¡Sin duda!

Además, en este caso, el marido es una persona insegura, paranoica, con ansiedad y baja autoestima (clásico de Woody Allen) que se atiborra de pastillas para paliar sus síntomas. En otras palabras, es una bomba de relojería con todos los alicientes necesarios para dinamitar la relación. Y, como solemos decir: “es muy difícil que alguien nos quiera si no nos queremos a nosotros mismos”, es decir, que debemos gustarnos antes de intentar gustar a los demás.

La seducción

Si el protagonista no tenía de por si la moral suficientemente baja, con la ruptura todo se le agrava y cae en una espiral de autocompasión. Es entonces cuando Dick y Linda, un matrimonio amigo suyo, le busca citas con la intención de que encuentre a alguien que le ayude a salir del agujero. El, incapacitado por su delicado estado anímico, se niega en primera instancia, pero al final accede a intentarlo.

A partir de aquí se suceden una serie de citas en las cuales Woody Allen intenta emular a su referente en el mundo de la seducción, ni más ni menos que el mismísimo Humphrey Bogart, el cual se le aparece en sus recurrentes alucinaciones a modo de amigo imaginario y le da instrucciones para triunfar con las mujeres.

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No obstante, los fracasos se van sucediendo uno tras otro debido a la falta de confianza en si mismo, de modo que decide imitar a su alter ego, el galán de Casablanca. Su objetivo es ser tan duro y macho como el, convencido de que sus problemas de rechazo se solucionarán con una buena bofetada o con un “nena, no sigas molestándome, hay más mujeres en el mundo”.

La realidad es que la falsedad de su comportamiento, más preocupado por aparentar que de mostrarse tal cual es, sigue sin dar frutos. Este comportamiento, que en la película se parodia magistralmente, aún a día de hoy siguen adoptándolo muchos hombres, sin darse cuenta de que resultan francamente patéticos. ¿Quién no ha visto alguna vez a un chico que para ligar cambia la expresión de su cara, adopta un gesto impasible y agrava su voz como dándole mayor importancia a todo lo que dice?

Este tipo de comportamientos son precisamente los que desaconsejamos en empareja2.es, conscientes de que la artificialidad es algo falso, efímero y volátil que nada puede hacer contra la sinceridad, elegancia y espontaneidad que desprende una persona que actúa con naturalidad. Además, toda máscara termina por caerse, de modo que no es conveniente cimentar una posible relación sobre la mentira, porque cuando aflore la verdad se perderá el encanto y la relación se desplomará como un castillo de naipes.

El momento

Muchos nos hemos sorprendido al ligar en situaciones inesperadas, cuando hemos salido de casa en plan informal, desarreglados y sin la menor intención de acercarnos a una chica. ¿Por qué ocurre esto? Las causas se pueden reducir a dos aspectos fundamentales: la naturalidad y el desinterés.

Por un lado, cuando nos comportamos con naturalidad, sin intentar vender una imagen que no nos pertenece, aflora nuestra esencia. Somos nosotros mismos. Eso nos permite estar más desenvueltos, dejando que fluyan las cosas, sin ralentizar el diálogo al comedir nuestras palabras en exceso… y esto lo agradecen las mujeres.

Por otro lado está el desinterés. ¿Quién no ha sentido la sensación de que a veces liga más sin buscarlo, de forma casual, que lanzándose a machete a por todo lo que se mueve? Las mujeres tienen un sexto sentido que les permite oler la desesperación a kilómetros de distancia. Así pues, en situaciones de extrema necesidad, como cuando la ruptura es reciente, mejor olvidarse de ligar y centrarse en uno mismo. Ya llegará nuestro momento.

El protagonista de “Sueños de un seductor”, a lo largo de sus citas se percata de esto a base de llevarse calabazas. Descubre que el comportamiento artificial o fingido no da sus frutos, que hay que saber escoger el momento adecuado para intentar acercarse a las mujeres y que copiar a otros seductores, en su caso Humphrey Bogart, no se corresponde con su forma de ser y resulta ser tan histriónico como improductivo.

De hecho, solo consigue atraer a una chica cuando realmente no lo busca, cuando la trata como una simple amiga sin intención de gustarle, porque es en esa situación cuando se muestra tal cual es, con sus cosas buenas y sus cosas malas pero, al fin y al cabo, auténtico y genuino, no una copia defectuosa de su adorado ídolo personal.

El estilo

Desgraciadamente, acciones como aparentar, simular, fingir, engañar, etc. son bastante habituales cuando un hombre pretende impresionar a una chica… sin darse cuenta de que solo se está mintiendo a si mismo y que, a su vez, está mostrando una gran falta de amor propio. Esconder la verdadera personalidad denota inseguridad, dudas y debilidad.

Asimismo, copiar el estilo de otros seductores (ya sea Humphrey Bogart o uno de esos que venden libros en forma de pócima mágica e infalible para seducir a las mujeres) es un error colosal que nos acercará más al ridículo que a nuestro verdadero objetivo. Se trata de encontrar un estilo personal, nuestro sello, no de convertirnos en uno más de esos que actúan como robots y sueltan frases prefabricadas a diestro y siniestro.

Podemos aprender cosas de mucha gente, pero luego no se trata de copiar lo que nos ha gustado sin más, sino de amoldarlo y conferirle un toque de distinción genuinamente nuestro. La originalidad es esencial. Por eso, al final de la película, cuando el protagonista descubre todo esto, el galán de Casablanca le dice: “Bueno, creo que ya no vas a necesitarme más. No hay nada que pueda decirte que tú ahora ya no sepas. Muchacho, has conseguido crear un estilo propio”.

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