Tengo la presión de tener que ser un gran seductor

Tengo la presión de tener que ser un gran seductor
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Nos tiramos toda una vida aspirando a más en todos los ámbitos. Se nos insta desde pequeños a superarnos en la escuela, en el deporte, en nuestra graduación universitaria, en mejores empleos (a doblar, hijo, a doblar… cuando cambies de empleo que se doble el sueldo), en un mejor coche, en una mejor casa, en el plan de pensiones más rentable… Y, en medio de todo esto, las relaciones afectivas, que la sociedad sólo quiere entroncar con el ámbito socioeconómico en la parte de ‘matrimonio’.

La familia, la mujer, los hijos. Busca una buena pareja y anida con ella para una larga, productiva y generosa vida. Ése es el único aspecto para el cual el capitalismo te vincula a otra persona. Para que hagas familia y generes más y más dinero, y contribuyas con tu capital a la comunidad.

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Con esto quiero decir que el hecho de relacionarse afectivamente está muy relacionado con el factor competitivo. La mejor pareja, la mujer más atractiva, el hombre más poderoso. Y para esa familia poderosísima que debes formar necesitas, en tu caso, a la mujer más valiosa en todos los aspectos. Por eso se te insta a competir por ser el atractor de cuantas más féminas mejor.

Y luego elige.

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Así, nos pasamos la vida complicándonos la vida para crecer social, económica y afectivamente, convirtiendo la seducción en una competición. Comprueba cómo todo el panorama de consumo está enfocado, única y exclusivamente, a que tú tengas ÉXITO. Ten la mejor sonrisa, viste el mejor traje, conduce el mejor coche, que no se te caiga el pelo, llega a tiempo gracias a nuestros vuelos… Todo enfocado a que tú consigas lo mejor en el plano afectivo/sexual.

Llega un momento que, tras una intensa carrera en la que te sientes vacío porque tu éxito material no te une en absoluto a tu espíritu, dices: ‘pero qué hago yo aquí… Todo esto… ¿para qué?’

Y el llegar a esta reflexión, en la que desdeñas el espíritu competitivo y comprendes que el depredar relaciones no te va a dar felicidad, es cuando deberías darte cuenta de que no se trata de un ‘ciclo’. Sí, es posible que sigas teniendo ganas de echar dos polvos, de verte con no sé quién, de conseguir ahora una relación estable y más tarde tengas ganas de volver un poco a la soltería… pero, en el fondo, tienes esa sensación de haber llegado a un tope, de haber experimentado tanto que te das cuenta de que esa carrera por ser el mejor seductor te ha convertido en una persona centrada en muchas otras cosas, no sólo el sexo.

Porque tú, en primera instancia, eres una persona, no un seductor. Por ello, la ilusión la has perdido únicamente para seducir, no para vivir. Estás dejando de ser lo que la sociedad quiere de ti, es decir, que seas un seductor que atraigas cada vez a más y mejores mujeres.

El error es pensar que el éxito personal está vinculado con tu capacidad amatoria, cosa que no es cierta. Una vez te des cuenta de que no debes seducir para sentirte exitoso y feliz, y que haces bien en pasar de aquello que la sociedad espera de ti (cuando tú mismo no lo esperas), será el momento en el que respires más tranquilo y andes más despacio por la vida, disfrutando de las cosas tal y como son.

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