Todos buscan hacerme daño con sus palabras

Todos buscan hacerme daño con sus palabras
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No se te valora, eres una persona válida, todos los demás se equivocan. Claro.

Sigo insistiendo en lo de siempre: NUNCA TODOS SE EQUIVOCAN EXCEPTO UNO MISMO. Nunca todos critican por gusto y uno es el blanco de todas las miradas. Como el que va por la autopista y llama a la policía y dice ‘veo a coches que están yendo en sentido contrario al que yo voy’, la policía pregunta ‘¿cuántos” y él responde: ‘¿Cuántos? ¡TODOS!’. No eres tú la que va en el buen sentido y los demás están metiendo la pata.

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Ya sea por tu forma de actuar, tu forma de relacionarte, de pensar, de reflexionar, por tus miedos inherentes y proyectables hacia todo lo que tienes ante ti, el mundo se te presenta tal y como tú (no) quieres que se presente.

En un capítulo de mi libro hablo precisamente de eso: de cómo todo se transforma dependiendo de cómo pensemos. En cómo aparecen embarazadas por todos lados cuando nos preocupa el embarazo. En cómo no hacen más que pedirnos dinero en la calle cuando nos preocupan los mendigos. En cómo todos los perros nos ladran cuando tenemos miedo a los perros, en cómo nuestro coche sufre todas las averías del mundo cuando tenemos un historial impresionante de problemas en carretera, y la lista podría seguir y seguir indefinidamente, para darte cuenta de que tú, insisto y deja de tomarte mis palabras a mal como haces con todo el mundo, NO ERES EL OMBLIGO DEL UNIVERSO.

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No hay millones de constelaciones girando, durante 400.000 años, en una amplísima, vasta e inabarcable Vía Láctea, como para que todos los problemas los tengas, únicamente, tú. El Universo está muy preocupado de los trillones de millones de toneladas de piedra, hidrógeno y dióxido que hay por ahí desperdigados a lo largo de nuestra galaxia, como para que todo esté referido a ti, una ínfima y nanoscópica partícula que se encuentra en un rinconcito minúsculo del espacio donde vivimos llamado planeta Tierra.

El Universo, insisto, no te manda marrones, insultos o problemas a ti, en exclusiva. La única respuesta a la que debes llegar es que todo eso que te ocurre ESTÁ EN TI, porque cuando todo lo que hay ahí fuera es de color azul y otros dicen que ven un montón de colores y tú diles que sólo ves azul, quizás deberías comprobar si no te has puesto unas gafas que tiñen lo que ves de color azul.

Nuevamente, y es importante: si todo lo que está ante tus ojos cambia, muta y se manifiesta de una manera que, sinceramente, para muchos de los demás no existe, por ejemplo para mí, entonces la que tiene el problema eres tú.

No esperes venir aquí, explicarnos que en tu casa discutís por Andrés Pajares, por la crisis y por, no sé cuantos 750 problemas más, discutirlos todos, hacer este hilo eterno lleno de debates, darte la razón a todos ellos y, entonces, ir arreglando el problema. El problema va a seguir existiendo porque tú sigues pensando en esa ‘frecuencia modulada’ de ataque sistemático hacia ti, así que podríamos resolver discusiones que tú tengas, y yo también decirte que Andrés Pajares es un tipejo o no (lo que yo creo es que es una víctima, sin más), pero eso, el discutir de las nimiedades, de los ejemplos, de las proyecciones del problema, no resolverán en absoluto el núcleo.

Esto es como una fuente de mármol que en lugar de agua expulsa barro. Tú te dedicas a limpiar todo el barro que sale por el grifo y dejar, cada día, limpísima e inmaculadísima la fuente. Pero al día siguiente, como sigue saliendo barro, hay que volver a limpiar, una y otra vez, para hacer que el mármol vuelva a relucir. Una tarea improductiva e infructuosa, ¿no crees? Sin embargo, si haces un taladro en la fuente, cambias la cañería agujereada por la que se filtra arena, saneas el circuito, sellas y abres el grifo… resultará que el agua sale cristalina y ya no habrá nada que limpiar.

Por el grifo dejarán de salir críticas, discusiones sin rumbo, o gente señalándote con el dedo.

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Sé que es doloroso hacerse cargo de las críticas, pero empareja2 no va a darte la palmada en la espalda ni va a decirte ‘oye, llevas razón, imponte en tu casa, tú sí que vales tía, no te achantes, cómete el mundo’, cuando hay un problema de fondo que te cuesta aceptar y que es el que te trae aquí. El mismo que te tiene en una relación donde tienes sexo, únicamente, dos veces al año, con ánimo de que veas el grueso de lo que ocurre…

Entiende que es evidente que no todo está fallando. Entiende que tú seas la responsable, CON TU FORMA DE PENSAR de que todo lo que hay frente a ti sea, cuando menos, curioso, estudiable y, permíteme decírtelo, asombroso.

Si quieres seguir pensando que no es así, que tú tienes un problema muy especial, que nos encontramos ante algo científicamente extraño, que el Universo gira sólo para cargar contra ti, el mundo conspirar contra ti y, en esa misión global se te intenta mermar la autoestima y tu propio autoconcepto en cada relación, en cada reunión de amigos, en cada sobremesa familiar, si quieres pensar que tú no eres la culpable de todo lo que te ocurre, adelante. NO HABRÁS RESUELTO NADA. Si quieres puedes volver a decir que me equivoco, que no tengo razón, que tu caso es especial y llevas razón ante toda esa gente que te increpa, y fin de la historia. Mi trabajo aquí es que tú abras los ojos y ayudarte a pensar de otra forma, no luchar ni quedar por encima de ti.

Por tanto, quizás puedas considerar que, supongo que por miedos, por rechazo afectivo en tu familia debido a una rivalidad entre hermanos, o cualquier otra causa, tu cerebro sea una verdadera máquina de autocriticarte… y para que esa crítica tome forma tú lo proyectas en las personas, validas lo que dicen, le das coherencia al proceso y, voilà, ya tienes a más gente nueva, desconocida y ajena por completo a ti hablando mal de todo cuanto dices y haces.

En definitiva, hasta que no te des cuenta de que ERES TÚ EN PRIMER LUGAR QUIEN SE CRITICA, y que eso hace que proyectes el problema en boca de la gente que te rodea para darle validez, no vas a solucionar absolutamente nada. No te centres en los pormenores, en el contenido del problema, sino en el núcleo. No te fijes en el contenido del rechazo (discusiones sobre actores, por ejemplo), sino en el rechazo en sí. Lo generas todo tú y sólo tú. Aceptarlo es el primer paso para que tu vida cambie por completo.

El problema, insisto una vez más, no es el el entorno sino tu PERCEPCIÓN. Y sé que lo fácil sería leer un par de pautas para evitar ciertas situaciones o ciertas personas, pero hay algo irrefutable y objetivo que es que el sol sale igual para todos, y somos las personas las que cambiamos el mundo a nuestro antojo. Esas mismas personas que te atacan seguro que son para otras personas gente empática y valiosa, por lo que tu valoración sobre ellos SÓLO PROVIENE DE TI, y no se trata de un juicio masivo sino algo puntual que sucede SÓLO CONTIGO.

Te cuento una fábula oriental sobre esto:

Había una vez un pueblo, tranquilo y apacible, en cuya plaza se reunían los ancianos del lugar a conversar y reír todas las mañanas. Charlaban plácidamente hasta la hora de comer.

Un buen día, uno de los ancianos divisó a un forastero, alguien a quien nunca habían visto, acercarse al pueblo. Cuando llegó a la mitad de la plaza el forastero miró a los ancianos, miró a su alrededor, se acerco a uno de ellos y le dijo:

– Hola buen hombre… ¿qué lugar es este?
– Un lugar lejano para ti, por lo que deduzco
– Así es… llevo… no sé, llevo unos diez días viajando
– ¿Y por qué has viajado tantos días, forastero? -preguntó el anciano.
– Necesitaba trabajar. -El hombre hizo una mueca, miró a un lado y prosiguió- Es una lástima haber dejado a mi gente en mi tierra… Estarán preocupados por mí… pero necesito trabajar y llevar dinero a casa. Lo cierto es que echo mucho de menos a mi familia y amigos.
– ¿Por qué? -indagó el anciano.
– Porque todos ellos son gente maravillosa. Mi familia, mis hijos, mis compañeros; la gente del pueblo es encantadora.
– Entonces -afirmó el anciano asintiendo con una leve sonrisa-, has tenido suerte de llegar a un sitio que es igual a tu tierra.

El resto de ancianos y algunos lugareños también sonrieron, dando la razón esas palabras.

Al cabo de un tiempo, los ancianos se extrañaron porque otro extranjero llegaba a sus tierras. Era otro hombre distinto. Era curioso recibir otra nueva visita.
El hombre llegó hasta ellos y les dijo:

– Hola…
– Hola -respondió el anciano-, ¿vienes de lejos?
– Sí… vengo de muy lejos.
– Y… ¿por qué has viajado hasta aquí?
– Porque… bueno… mis tierras no son un buen lugar para vivir. Mi gente… tuve problemas con mi familia, llegué a tener una gran pelea con mi socio en el trabajo. La gente suele ser bastante dañina con uno en aquel lugar… Y he pasado los últimos dos años con problemas con la autoridad. Quiero irme lejos de aquel pueblo en el que todo se ha convertido en un infierno que me hace la vida imposible.
– Ya… pero… -el anciano negó con la cabeza levemente- … siento decirte, forastero, que has tenido mala suerte, ya que has llegado a un lugar en el que todo es exactamente igual que en tus tierras. Lo mejor es que sigas tu camino, porque aquí sólo encontrarás los mismos problemas.

El forastero, refunfuñando, se fue. Los lugareños, extrañados, preguntaron al anciano:

– Pero… ¿por qué le has dicho eso? Estas tierras son pacíficas, ¡y su gente muy noble!
– Lo son para vosotros, que amáis esta tierra y a su gente. Él no es así.

Sinceramente, te puedo ayudar, pero debes echar el ego a un lado y dejar de buscar culpables.

Tú eliges.

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