Trastorno autista o Síndrome de Kanner

Trastorno autista o Síndrome de Kanner
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El trastorno autista es uno de los trastornos del desarrollo que tiene un impacto fuerte sobre los niños y sus familias. Los niños con trastorno autista muestran distintas clases de impedimentos característicos:

Interacción social
Las interacciones son muy poco comunes. Los autistas muestran una falta notoria de conciencia sobre la existencia y los sentimientos de los demás. Por estas razones tratan a las personas como objetos. Ellos no buscan a adultos para que les consuelen si se sienten mal. Se ha notado que prefieren el juego solitario, ya que además no comprenden las reglas sociales. Desde pequeños, son indiferentes y poco cariñosos con sus padres.

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Comunicación
La comunicación es un factor que se presenta marcadamente en los niños autistas, es más dramático aún que la interacción social. Más de la mitad de los niños no desarrollan ningún lenguaje. Si aprenden a hablar, se presentan anomalías en el lenguaje. Su lenguaje es inusual; ya que tienden a repetir lo que se les dice o lo que escuchan. Su tono de voz es poco común, sonante monótono.

Conducta
En cuanto a su comportamiento, los autistas presentan un rango de intereses y actividades muy limitado (giran objetos, mueven los dedos, se balancean). La monotonía y la rutina son muy importantes. Hacer cambios en su conducta puede producir perturbaciones al niño autista. Es común encontrar que realicen actividades de manera repetitiva y que sus movimientos corporales sean estereotipados.

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Investigación
El autismo fue descubierto por Leo Kanner en 1943. Kanner descubrió que estas personas presentaban un patrón de comportamiento único en el cual eran incapaces de relacionarse con otras personas desde temprana edad. También notó que la mayoría de los autistas eran muy inteligentes.

En la actualidad sabemos que el autismo tiene una fuerte relación con el retraso mental global. A pesar de que la investigación inicial agrupa a todos los niños autistas juntos, éstos parecen pertenecer a por lo menos dos grupos: aquéllos con inteligencia normal o casi normal y aquéllos que tienen un nivel de retraso mental. En torno a este tema se exponen dos perspectivas: la psicológica y la biológica.

Perspectiva psicológica
Las personas autistas presentan serios deterioros en varios aspectos, siendo los más importantes: el déficit cognoscitivo, social y afectivo.
Los problemas de déficit cognoscitivo en la persona autista no parecen ser resultado de la mala memoria, sino que se derivan de las dificultades con el procesamiento cognoscitivo de un nivel más elevado y el pensamiento simbólico. Los niños autistas pueden ver y oír normalmente, pero responden a entradas sensoriales de manera distorsionada, con exceso o puede que no respondan a ninguna clase de estímulo. No obstante, las distorsiones perceptivas parecen desaparecer más con la edad, si el niño está en tratamiento.

Por otro lado, el desequilibrio del lenguaje es un síntoma universal del trastorno autista. Inversiones de “yo” y “tú”, es característico de ellos, además de la ecolalia. La ecolalia consisten en que el niño sólo haga eco o repita lo que se le diga. También tienen problemas con los aspectos sociales del lenguaje.

Tienen dificultad para iniciar conversaciones o sostenerlas. Otra señal de las dificultades cognoscitivas es la falta de desarrollo de juego simbólico (usar el palo de una escoba como un caballo o usar una caja grande simulando una casa).

En cuanto al déficit social y afectivo, se ha notado que los autistas tienen relaciones interpersonales anormales que parecen relacionarse con sus anomalías afectivas y emocionales. Aparentemente, no reconocen las señales que envían otras personas ni demuestran patrones concretos de sentimientos. Carecen de la habilidad de un niño normal para coordinar la expresión afectiva y el comportamiento. Las relaciones interpersonales anormales, que se derivan del déficit de la comprensión social, de un niño autista pueden llevar a un deterioro de la capacidad verbal.

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Perspectiva biológica
Se han hecho muchas investigaciones que han logrado descubrimientos significativos, pero todavía no se puede identificar con certeza absoluta el factor biológico determinante. Algunas hipótesis exponen que debe haber algún daño en el hemisferio izquierdo del cerebro, donde se supone se procesan el lenguaje y el material simbólico. Otros sugieren que las disfunciones de los sistemas conductuales en el tallo cerebral son provocadas por factores hereditarios. Existen evidencias de que los antecedentes familiares de un retraso en el lenguaje son mucho más comunes en las familias con un niño autista que en una familia promedio.

También se planteado la posibilidad de que los padres de los niños autistas comparten antígenos de leucocitos humanos (ALH). Los antígenos son sustancias que estimulan la producción de anticuerpos en la sangre. Los anticuerpos son proteínas de la sangre que genera el sistema inmune y protegen a la persona contra microorganismos específicos o toxinas en la sangre. Cuando los antígenos de los padres son los mismos, puede aumentar la probabilidad de que el sistema inmune de la madre ataque al feto.

Terapia
La forma frecuente de terapia que se aplica en niños con autismo severo son los programas de modificación de conducta. Estos programas han sido eficientes en el mejoramiento del lenguaje y en las habilidades de autocuidado de estos niños; de manera que aumentan las probabilidades de ajuste social.

Al iniciar el programa, es difícil obtener una respuesta concreta del niño. Una respuesta a una instrucción sencilla, como ver al instructor cuando lo pide, puede tomar de 15 a 30 minutos. Una vez que el niño obedeció la instrucción, se le pide que realice una conducta imitativa visual y gradualmente una verbal. Un programa completo requiere la dedicación de varias horas al día durante meses. Uno de los padres es capacitado para continuar estimulando al niño entre las visitas al profesional. A medida que avanza el niño, el padre es capacitado.

El tratamiento maneja muchas conductas agresivas y de autoestimulación. Estos comportamientos fueron ignorados al principio, con la intención de reducirlos. Si el ignorarlos no los reducía, se usaba un procedimiento de “tiempo fuera” que consistía en interrumpir la actividad en marcha hasta que cesaban esas conductas. Se moldearon formas aceptables de comportamiento como reemplazos. Pero si estos métodos no funcionaban, el terapeuta debía decir “no” en voz alta o daba una palmada al niño mientras continuaba la conducta inadecuada. Un tratamiento físico aversivo es altamente evitado por muchos terapeutas.

Lamentablemente, el éxito de estos programas es limitado y uno de los mayores problemas es enseñarle al niño a generalizar las respuestas aprendidas para aplicarlas en diferentes situaciones. A pesar de este hecho, los niños con este tratamiento aplicado de manera intensiva muestran mejoras significativas que les permiten ingresar a programas de preescolar y primaria regulares. Este resultado es difícil de lograr aplicando este programa de modificación conductual durante 10 horas a la semana y con niños que se sometieron a otros tratamientos. Sin embargo, los problemas con el retraso del lenguaje permanecen casi iguales.

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