Trastorno paranoide de la personalidad

Trastorno paranoide de la personalidad
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Las personas con este problema son enormemente desconfiadas, siempre piensan que los demás, incluyendo seres queridos (que cada vez son menos porque huyen despavoridos), están en su contra. Esto implica que interpreten injustificadamente ofensas, burlas, menosprecios, infidelidades, etc.: ante la duda sobre una intención ajena, un paranoide escogerá la opción más desfavorable, es decir, aquella que suponga un ataque del otro. Por ejemplo, si se le dice a una persona con este problema que lleva una camisa muy bonita, dicha persona podrá interpretar que el otro está burlándose y que en el fondo piensa que es horrorosa. Obviamente, ni el paranoide más recalcitrante lo malinterpreta todo, pero en el momento más insospechado (el entorno suele estar en tensión con estas personas porque nunca saben cuándo se va a encender la chispa), sobre todo si el estado de ánimo del sujeto es negativo, se producirá un hecho desagradable por el que el individuo saltará y su interlocutor intentará, infructuosamente, demostrar su inocencia.

Como ya hemos dicho, estas personas se van quedando solas porque los demás no soportan sus continuos reproches y su hostilidad. Su desconfianza se hace muy palpable en el terreno de las relaciones de pareja, donde destacan sus celos injustificados y completamente enfermizos. Un paranoide puede acusar a su mujer de que va a cometer una infidelidad simplemente por ponerse colonia para salir a la calle.

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Estos individuos viven en un estado de amargura y frustración constantes, del que culpan a los demás por sus continuas agresiones -siempre según su distorsionado punto de vista-. A medida que se sienten más solos, más hostiles y huraños se tornan, con lo que se produce un círculo vicioso por el que todavía reprochan más a los otros su situación y, en consecuencia, los demás se alejan en mayor medida. No sólo los paranoides están frustrados afectivamente -sobre todo, por ser ellos tan hostiles y espantar a los demás-, sino que también sienten rabia porque les gustaría destacar, despuntar mucho por encima de la gente. Esto es debido a un proceso de desapego o desvinculación afectiva fruto de sentir a los demás como enemigos: dicho de otra forma, sería como pensar que ellos no necesitan a nadie porque valen mucho más, y que además se van a vengar de los otros por haberles perjudicado tanto.

Origen
No es mucho lo que se sabe sobre el origen de este trastorno, debido a que no suelen buscar ayuda y, por tanto, no es fácil encontrar grupos a los que estudiar, pero las distintas teorías explicativas nos pueden dar una idea sobre las diversas formas como puede generarse este trastorno.

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1. Los malos tratos en la infancia y la falta de un amor coherente por parte de los padres pueden generar una desconfianza básica que se acabe extendiendo a todas las personas en general. Así, el paranoide habría aprendido en su infancia que el mundo está lleno de gente malintencionada (como sus padres) que pueden hacerle daño, y su comportamiento es un modo de prevenir el ataque o daño. Se mantiene alerta para identificar los signos de peligro y actuar con rapidez. Muchas personas con este trastorno dicen haber crecido en hogares de este tipo, pero no es fácil saber si lo que dicen es un reflejo de la realidad o es sólo su percepción de dicha realidad.

2. El número de familiares con algún tipo de enfermedad psicótica es más frecuente entre los familiares de estas personas que entre el resto de la población, de modo que puede haber algún tipo de predisposición genética. Por ejemplo, estas personas podrían heredar una tendencia a interpretar los acontecimientos y acciones de los demás como más amenazadora de lo que es en realidad. Es decir, podrían estar predispuestos a tener un estilo de pensamiento paranoide.

3. Los niños despreciado o humillados por otros niños, y cuyos padres les han enseñado que ellos son especiales y diferentes, pueden llegar a la conclusión de que los demás están celosos y desean hacerles daño por envidia.

Ideas del afectado
De un modo u otro, estas personas han desarrollado un esquema de pensamiento que se basa en los siguientes supuestos:
– Las personas son malas y tramposas
– Atacan si les das la oportunidad
– Para protegerse hay que mantenerse alerta

Estos supuesto los llevan a esperar constantemente engaños, traiciones y que los hieran, de modo que consideran necesario estar alerta. Este estilo de pensamiento los lleva a prestar más atención a aquellos aspectos que confirmen sus hipótesis mientras que no tienen en cuenta aquellos que las contradigan. Por ejemplo, Carlos creía que su jefe lo despreciaba y estaba esperando el más mínimo error para despedirlo. Cada vez que su jefe hacía algún comentario negativo sobre su trabajo, lo consideraba una prueba a favor de su hipótesis, mientras que no tenía en cuenta las veces en que su jefe hacía comentarios positivos sobre su trabajo. En vez de eso, tendía a pensar: ‘Está intentando que me confíe y baje la guardia para atacar después’. De este modo, ellos mismos logran confirmar sus falsas hipótesis y su trastorno se perpetúa. Por otro lado, la gente nunca es totalmente buena o mala. Si el paranoide se fija exclusivamente en las malas acciones de los demás, es fácil que siga pensando igual durante toda su vida. Por tanto, están en guardia y a la defensiva, saltan por cualquier cosa y son beligerantes, de modo que no suelen caer bien a los demás y provocan en ellos hostilidad y rechazo (el tipo de conducta que preveían), lo cual, a su vez, contribuye también a perpetuar su trastorno.

Por otro lado, estas personas suelen dudar de su capacidad para advertir el peligro y para manejar las situaciones dañinas de un modo adecuado. Es decir, piensan que, dada su incapacidad para controlar las conductas o acontecimientos adversos, las consecuencias de dichos acontecimientos pueden ser catastróficas. Es decir, exageran enormemente el daño que los demás pueden llegar a hacerles. Aún así, no se ven completamente ineficaces (pues de ser así desarrollarían otro trastorno, como el dependiente), sino que piensan que si se mantienen siempre vigilantes, podrán detectar los indicios y protegerse.

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Por tanto, su patrón de pensamiento podría esquematizarse de este modo: ‘Las personas son malas y es muy probable que me ataquen o intenten perjudicarme. Si lo hicieran, no me creo capaz de manejar esa situación adecuadamente y, por tanto, podrían tener consecuencias terribles, de modo que tengo que estar siempre alerta, no fiarme de nadie y mantener las distancias’. Este esquema de pensamiento es el que guía su conducta.
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El trastorno narcisista de la personalidad

El mito de Narciso
Narciso era un joven de gran belleza a quien todos admiraban. Pero él, lleno de vanidad y orgullo despreciaba y rechazaba a todos sus amantes, tanto mujeres como hombres. La ninfa Echo estaba perdidamente enamorada de él, y cuando Narciso la rechazó ella se consumió en su dolor hasta quedar transformada en una simple voz. Un muchacho a quien Narciso había despreciado del mismo modo, rezó a los dioses para pedirles que se amara a sí mismo sin descanso. La diosa Némesis escuchó sus ruegos e hizo que Narciso se parase a beber en un manantial en la cima del monte Helicon. Cuando vio su propia imagen reflejada en el agua se enamoró al instante de ella, pero no podía abrazarla porque cada vez que lo intentaba la imagen se desvanecía con el movimiento ondulante de las aguas. Incapaz de dejar de contemplarse, se quedó allí hasta que murió de hambre. Pero no fue su cuerpo lo que permaneció, ya que en su lugar apareció una flor.

Los narcisistas son personas que no aparecen demasiado por las consultas pero sí están bastante presentes en la vida pública, sobre todo en los medios de comunicación. Todos podremos pensar en artistas, cantantes, actores, intelectuales o presentadores de televisión, por ejemplo, a los que se les ha subido el ego en exceso. Una cosa es pensar que alguien despunta en algo concreto (por ejemplo, un futbolista en la práctica del fútbol) y otra muy diferente es deducir de este hecho que la persona ya es más importante que otras. Esta es al verdadera esencia del narcisismo: estar plenamente convencido de que uno mismo es más válido y superior que otras personas, incluso de la mayoría o de la totalidad. El narcisista no ve a nadie por encima de sí mismo, sin embargo ve a muchísimos por debajo, pero no ya en el terreno en el que despunte, sino como persona en general.

Son individuos con una autoestima muy consolidada, muy sólida, en contra de lo que vulgarmente se dice. Esto no les hace mejores personas, porque a nivel interpersonal su funcionamiento es penoso. Esto no tendría por qué ser así, porque alguien puede pensar que es ‘el rey del mambo’ pero no necesariamente ha de menospreciar a los demás; no obstante, lamentablemente es así. La cuestión es que el narcisista precisa considerarse en un plano superior a los otros porque no los soporta, porque se ha desvinculado afectivamente de ellos. Por esto, carecen de interés genuino por los demás, les falta empatía. Les importa bastante poco lo que les ocurra a las personas de su entorno aunque sean conocidas; sólo están preocupados por sí mismos. Los demás sirven únicamente para girar en torno a ellos, para alabarles y ratificar su grandiosidad. Por desgracia, siempre existen individuos que se dejan llevar y que cumplen a la perfección su función de ‘fans’ incondicionales, riendo las gracias del narcisista y viendo excelencias donde sólo hay normalidad.

Estas personas no se contentan con su visión autosuficiente y superior de sí mismas, sino que se desenvuelven en la vida teniendo muy claras las implicaciones de su sentimiento de importancia especial. Por ejemplo, un narcisista no se encontrará cómodo en un medio público de transporte o utilizando la sanidad pública, porque pensará que merece siempre lo mejor (ya que es un individuo de un nivel superior a los demás). Tendrá zapatos, relojes o coches de marca, de los más caros que haya, porque son los apropiados para alguien de su estatus. Su parlamento merecerá atención especial, ya que lo que dice, a veces de manera mayestática y pedante, es poco menos que elevado y de un interés tremendo. Hablará una y otra vez de sí mismo, de sus circunstancias, de su vida y su visión de las cosas, como si fuera lo único interesante en el mundo y como si los demás estuviéramos ávidos de conocer las interioridades de su persona, sin que nos importe ninguna otra cosa más. Además de eso, son individuos muy resentidos y que adoptan una actitud vengativa hacia los demás, gustándoles sobremanera hacer sentirse mal a los otros, para así ellos alimentar su ego y su superioridad. Si piensan que alguien puede competir con ellos o hacerles sombra, experimentarán inquietud e intentarán por todos los medios minusvalorar a esa persona.

Causas que generan una personalidad narcisista

Narcisismo infantil
Cierto narcisismo es normal y deseable durante el desarrollo infantil. Los niños pequeños ven cubiertas todas sus necesidades y los demás parecen estar ahí para servirlos de inmediato. Durante el proceso de construcción de su identidad, necesitan sentirse admirados y reconocidos por sus padres, necesitan sentirse valorados como seres únicos porque es así como llegan a aprender que son personas diferentes y separadas de sus padres y que, por este motivo, ellos pueden tener deseos y necesidades diferentes a las suyas. Se sienten amados por ser quienes son y no por lo que pueden hacer por los demás. Aprenden a reconocer y confiar en sus propios sentimientos porque sus padres reconocen esos sentimientos y los valoran sin tratar de imponerles los suyos. Es decir, este deseo de admiración típico de los niños, se debe a una necesidad de ser reconocido como persona única y separada de otros, sentirse importante y poder construir de este modo una identidad y una autoestima que no dependan de la aprobación de los demás sino que nazcan dentro de ellos mismos.

Niño frustrado
Cuando la necesidad de reconocimiento se ve frustrada, el niño o niña no se siente especial, desarrolla una autoestima baja y puede incluso pensar que esa necesidad de reconocimiento es algo malo o que puede hacer que los demás sientan envidia. Las reacciones ante esta situación pueden ser diversas. Puede dar lugar a una personalidad dependiente, centrada en la satisfacción de las necesidades de los demás para conseguir su aprobación o puede dar lugar a una personalidad narcisista, que infla su propio ego para compensar su falta de autoestima e inseguridad. Es decir, el narcisista busca la aprobación y admiración que nunca tuvo pero no quiere reconocer esta debilidad y la niega, construyendo un yo maravilloso y perfecto al que todo el mundo debería adorar.

Egoísmo y altruismo al mismo tiempo
Aunque resulte paradójico, cierto egoísmo, definido como la necesidad de ser comprendido y admirado sin que nos pidan nada a cambio, constituye la base del altruismo, ya que cuando nos sentimos queridos y aceptados por ser quienes somos, nos comportamos de igual modo con los demás y somos generosos. Cuando sólo nos sentimos queridos si damos algo a cambio o mendigamos su amor, aparecen la frustración, el resentimiento y la sensación de que somos explotados.

Con todo lo anterior, afirmamos que una mala o inadecuada educación puede fomentar la aparición del narcisismo en los niños. A continuación vemos unos puntos a tener en cuenta para evitarlo:

– Los niños no sólo son educados por los padres, sino también por otros familiares, amigos, profesores, etc.
– Ante el mismo comportamiento paterno los resultados pueden ser diferentes dependiendo de la personalidad de los niños y otros aspectos del ambiente.
Las características que suelen tener estos padres son las siguientes:
– Falta de empatía
– Insensibilidad a las necesidades y sentimientos del niño.
– Están centrados en sus propias necesidades.
– Son capaces de ser muy atentos y halagadores un momento y mostrarse despreciativos y desinteresados poco después.
– Envían mensajes mixtos: hacen ver al niño que es especial y excepcional y al mismo tiempo es inadecuado o deficiente.

Los verdaderos sentimientos de un narcisista: lo que esconde
Como hemos visto, debajo de ese enorme ego se esconde una persona con una autoestima muy baja, sensación de poca valía personal e inmadurez emocional.
– Esos sentimientos le parecen inaceptables y los oculta.
– En su lugar crea un ego grandioso y superior para compensar.
– Al ser este ego falso, necesita demostrar continuamente dicha superioridad a través de la aprobación y los elogios de los demás, ya que es el único modo que tiene de verla confirmada. Es como si no llegara a creerse del todo esa grandiosidad que trata de transmitir.
– Las críticas echan abajo esta frágil construcción. Por eso reaccionan ante ellas con tanta rabia: ven amenazada su valía personal. El narcisista humillado querrá destruir al causante de dicha humillación para demostrar así que no es cierto lo que dijo de él y poder recuperar sus sentimientos de valía personal.
– La falta de empatía procede de una preocupación excesiva por sí mismo y de la dificultad para reconocer a los demás como individuos separados con sus propias necesidades (inmadurez emocional).

Mejoría del narcisista
Diferentes situaciones pueden provocar una mejoría en la enfermedad:
Los logros. Las promociones, las graduaciones, los reconocimientos, etc., suponen la adquisición de competencias realistas. Conforme dichos logros y competencias aumentan, disminuyen sus sentimientos de grandiosidad y competencia no realistas.

Las relaciones personales. Lograr mantener una pareja estable suele ser de gran ayuda al narcisista. Sin embargo, no suele ser fácil para ellos encontrar a alguien. Necesitan una persona equilibrada, segura de sí misma, que los acepte tal y como son sin intentar cambiarlos y les transmita sensación de seguridad.
Las desilusiones. Se trata de experiencias que echan por tierra sus creencias de grandiosidad. Cuando Pedro, acostumbrado a sacar las mejores notas en sus estudios, se encontró en un cursillo profesional rodeado de personas con un nivel alto de inteligencia y preparación y obtuvo unas notas mediocres, no tuvo más remedio que hacer un reajuste en la percepción de sí mismo. Sin embargo, para que esto suceda, las desilusiones deben ir a la par de los logros, o de lo contrario, el fracaso sucesivo puede llevarlo incluso a agravar su narcisismo.

Tipos del Narcisista

El dependiente
Siente una gran necesidad de ser amado y jamás se siente satisfecho. Nunca recibe suficiente amor. Miedo al abandono y al rechazo. Su problema principal es que no es capaz de quererse y cuidarse a sí mismo y se centra en dar amor a los demás para así conseguir su aprobación y su cariño. Resulta asfixiante para su pareja.

El “amor perfecto”
‘Nuestro amor es único, especial, maravilloso y perfecto’. Piensa que nadie puede amar a su pareja como él o ella, que con su amor curará todas las heridas que pueda tener. Idealiza al amor y a la persona amada, a quien no ve como realmente es. El resultado es siempre una decepción. Son muy vulnerables a cualquier ofensa y arrastran heridas de anteriores relaciones. No toleran ninguna imperfección en su pareja.

El poderoso
Está enamorado del poder y lo expresa humillando o aterrorizando a sus empleados. Arrogante, desprecia a sus subordinados e ‘inferiores’. Lo único que importa es su carrera y su éxito. Su pareja suele ser una persona atractiva que exhibe como un trofeo.

El físico maravilloso
Es un tipo de narcisismo muy habitual hoy en día. Su imagen tiene una enorme importancia y su autoestima está unida a dicha imagen. Necesita gustar a todo el mundo y que todo el mundo reconozca su belleza para sentirse una persona valiosa. Obsesión por tener el cuerpo perfecto. Tiende a negar sus problemas y a centrarse en su físico, como si el hecho de lograr la perfección física fuese a solucionar todos sus males.

El furioso
Tiene estallidos de rabia frecuentes debido a su hipersensibilidad ante cualquier ofensa real o imaginada. Tiende a ver malas intenciones en las acciones de los demás. Debajo de esa rabia tiende a ocultar tristeza, vergüenza o desesperación. Incapacidad para controlar sus intensas emociones, incluida la rabia.

El estafador
Es una persona encantadora cuyos motivos son absolutamente egoístas. Pretende utilizar y explotar a los demás utilizando ese encanto personal. Le divierte engañar al amante confiado con infidelidades, fraudes, etc. y disfruta planeándolo. Su autoestima aumenta al verse capaz de hacer ese tipo de cosas. Las normas morales no se las aplica a sí mismo. Eso es para los demás y ellos se consideran por encima.

El fantasioso
Su mundo interior es muy rico y está poblado de fantasías de belleza, admiración, amor, éxito y mundos maravillosos, mientras que considera la realidad un fastidio del que querría escapar.

El mártir
Su identidad está construida alrededor del hecho de ser una víctima o un superviviente de algo terrible. Se centra en sí mismo y en su propio dolor, que nunca llega a superar y no tiene tiempo para nadie más.

El salvador
‘Sólo yo puedo ayudarte’, ‘sólo yo puedo cambiar tu vida a mejor’. Es probable que tenga un trabajo relacionado con la ayuda a los demás, al que dedica todo su tiempo porque ‘lo necesitan’. Sin embargo, siempre acaba pidiendo algo a cambio, como sexo o dinero.

Tratamiento
La psicoterapia puede ayudar a la persona afectada a relacionarse con otros en una forma más positiva y compasiva. Aprender a tratar mejor a los demás y considerarlos también importantes para su día a día, favorecerá el distanciamiento de la enfermedad.

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