Ya no se ríe como antes de mis bromas

Ya no se ríe como antes de mis bromas
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Cuando comienza una relación, la falta de confianza y el desconocimiento por la otra parte nos hace estar especialmente receptivos a cualquier novedad que nos quieran hacer vivir.

Es decir, si nos sorprende una persona, lo hace contándonos algo sobre astronomía, sobre ingenería cuántica, o contándonos un chiste. Estar enamorado de una persona provoca que admiremos cualquier cosa y que, por supuesto, un chiste multiplique por mil la sensación de ‘hay que ver, qué graciosa es mi pareja que cualquier cosa que dice me hace reír’.

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Esto puede pasarte perfectamente con tu pareja… y que deje de reírse no significa que ella se haya desenamorado. Simplemente, se ha adaptado a la rutina y un chiste o una broma tuya ya no es tan novedoso, espectacular y fantástico como antes.

Es algo que considera propio de ti.

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Pero ojo… una cosa es acostumbrarse a la rutina y que pase por alto cosas que, en compañía de amigos, para todos eres graciosísimo, y otra es que haga ASCOS a tus bromas, o sienta vergüenza de forma ajena cuando tú te muestras como eres.

Si sufres un feo por su parte, no te atores ni te preocupes. Simplemente, cuando tengáis un tiempo a solas busca el momento para hablar con tu pareja, porque seguramente a ti sus gracias, que ya te conoces de memoria, no te harán reír demasiado… pero no le vas a poner una cara hasta el suelo.

El acallado desprecio de una persona habla de un rechazo que ella no quiere confesar. Y, en ese caso, es necesario hablar las cosas.

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